miércoles. 24.07.2024

¡Allez hop! ¡Titiritero, allez hop!

Noam Chomsky nos advierte que si no creemos en la libertad de expresión para la gente que despreciamos, no creemos en ella para nada.

Noam Chomsky nos advierte que si no creemos en la libertad de expresión para la gente que despreciamos, no creemos en ella para nada. En realidad, la libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír, como escribió George Orwell. Otra cosa seria oficio de panegiristas y amanuenses al dictado, que es expresión del poder nunca de la libertad.

Pongamos que hablo de Madrid, de marionetas, de carnaval y dos titiriteros encarcelados. Y es que los títeres siempre han sido truculentos y los cómicos carne de presidio en la España de orden y donde los buenos españoles nada tienen que temer.

Aseguran los titiriteros que La bruja y Don Cristóbal, que es como se llama la obra delictiva,  en ningún momento pretendía “ensalzar el terrorismo”, sino que forma parte del género teatral de los títeres de cachiporras, una rama del teatro de marionetas que se caracteriza por la irreverencia y lo políticamente incorrecto. De hecho, la obra estaría inspirada en el Retablillo de Don Cristóbal de Federico García Lorca, donde, por cierto, el protagonista acaba a garrotazos contra su mujer y la suegra.

Y es que esto del teatro, al contrario que la teatralización de la vida pública, está siempre bajo sospecha, la ficción también delinque si se parece a esa realidad que como una excrecencia difiere de esa otra realidad pensada por el poder. La razón de Estado es casi siempre muy poco razonable y lo políticamente correcto se nutre de innumerables incorrecciones. La decretada prisión incondicional y sin fianza para dos titiriteros demuestra lo sumamente peligrosos que son y el pánico que pueden generar en la sociedad con unas simples marionetas.

Se ha creado una acuosa y débil línea donde un individuo se puede convertir en un criminal por ir a una manifestación, por protagonizar cualquier tipo de protesta o por escribir lo que el poder considere inconveniente cuando ya todos pensábamos que las ideas eran incapaces de delinquir. En realidad, en España durante doscientos años, el orden público ha consistido en que el poder tome nuestro miedo en sus manos y nos lo muestre. Son malos tiempos para la lírica y para todos. Nos empobrecen para que unos pocos sean más ricos, nos dejan sin trabajo, sin techo y encima nos obligan a tener miedo. Todos somos titiriteros aunque algunos no lo sepan.

¡Allez hop! ¡Titiritero, allez hop!