martes 26/1/21

Reflexiones filosóficas para después de la pandemia

Martha Nussbaum
Martha Nussbaum

Una primera reflexión que me planteo es meditar sobre la idea de la vida y de la muerte. Conceptos aparentemente tan antagónicos forman parte de la misma realidad. Porque generalmente nos planteamos estas reflexiones en momentos de incertidumbre?. Parece que un primer pensamiento que nos asalta es el miedo a lo desconocido, pero de forma más profunda lo que nos aterra es el miedo a la nada, a desaparecer y sobre todo a tomar conciencia de que somos seres finitos. 

Algunos círculos filosóficos apuntan que lo contrario a la vida no es morir, sino mal vivir. Morir es la consecuencia lógica de existir Para aprender a morir, es fundamental aprender a vivir.

A veces creemos que la filosofía es algo ajeno a nosotros como la formación académica lo es a algunos personajes públicos en nuestro país. Verdaderamente esto no es así. La filosofía se encarga de estudiar cualquier problema que afecta al ser humano, realiza un esfuerzo por pensar para vivir un poco mejor. La gente de a pie, al igual que los filósofos, se cuestionan preguntas sobre la realidad que les rodea, sobre como pueden mejorar esta realidad para ellos y los cercanos a ellos. 

Todos tendemos a repetir aquellas experiencias que nos han sido gratificantes, esto lo hacemos sin haber teorizado sobre ello, tal como hizo Frederich Nieztsche en su teoría del eterno retorno, en la que propone como ideal de vida aquella que desearíamos que se repitiera infinitas veces.

Para muchos de nosotros el pensamiento de que los sentidos nos engañan y la realidad es independiente de lo que nosotros pensemos es bastante común: Pues ya fue formulado en su Teoría de las Ideas por Platón 300 años a.c.

Quién de nosotros no ha pensado alguna vez sobre la dualidad alma/cuerpo?. El racionalista Descartes aportó esta dualidad del cuerpo y una sustancia espiritual que lo dirige y es la fuente de nuestra consciencia.

Muchas veces nos preguntamos si el progreso no va a tener un efecto boomerang que se vuelva contra nosotros. Ya Jean Jacob Rousseau, hace dos siglos con su Teoría del Buen Salvaje nos viene a decir que un niño no socializado completamente (el buen salvaje), seguramente se comportaría más éticamente que un adulto contaminado por las convenciones sociales.

Quien de nosotros no ha tenido el pensamiento y el paso al acto en cuanto a crítica sobre la tradición y la autoridad. Pues en los años cuarenta del siglo XX la filósofa estadounidense Martha Nussbaum, premio Príncipe de Asturias de ciencias sociales 2012, creía que la filosofía aportaba los instrumentos para esta crítica.

Todos nosotros de forma real o ideal luchamos por ser felices. André Comte-Sponville, filósofo francés, nos transmite la idea de que la filosofía ayuda a pensar sobre nuestra realidad para dejar de vivir una vida estúpida e intentar por ello ser más felices.

En una sociedad como la actual, consumista y sin tiempo aparente para pararse a pensar, podemos creer que la filosofía está en situación agónica. Todo lo contrario, la filosofía en nuestra sociedad debe ayudar a cuestionarse la realidad. Esto nos llevará a una mejor toma de decisiones no basada sólo en motivos casi exclusivamente materiales. Si no tenemos en cuenta esto caeremos en el esperpento que vivimos actualmente en la pandemia que padecemos, donde nuestros políticos, en muchas ocasiones pretenden que predominen los criterios económicos sobre los de salud pública.

Ojalá nos ocurra como al filósofo estadounidense Michael J Sandel: “me dejé seducir por la filosofía y todavía no me he recuperado…por todos los sitios donde viajo la gente debate sobre, la justicia, la igualdad, la libertad, la solidaridad, la responsabilidad, la memoria histórica…”.

Una crítica frecuente a la filosofía, es su aparente falta de utilidad práctica. Un filósofo español actual, Carlos Fernández Liria, cree que sin la filosofía la vida carecería de sentido en sí misma. Tendría sentido vivir sin cuestionarse los principios más básicos del existir?. Eso sería mantenernos en una vida inauténtica en el sentido que le dio Heidegger.

Por tanto, para concluir, afirmamos con Marina Garcés, que no se trata de si la filosofía es o no es útil, sencillamente es necesaria.

Reflexiones filosóficas para después de la pandemia