martes. 23.07.2024

El “bunker”

En el ocaso del franquismo, Luis Ramírez, seudónimo de Luciano Rincón (1933-1993), escribía en el artículo "Morir en el búnker" -Cuadernos Ruedo Ibérico, Horizonte Español 1972 (I)-: "Todos cuantos han sobrevivido por el medro irrepetible lucharán para que no se acabe el chollo. Desde la altura del almirante (Carrero Blanco) hasta la bajura del chupatintas de la burocracia sindical, no hay que engañarse sobre la extensión y población del búnker”.

Pronosticaba el periodista la numantina resistencia que opondrían los agraciados del régimen franquista a cualquier intento de reforma que les pudiera privar de sus prebendas, y el término “bunker” se extendió para calificar a los más acérrimos defensores de la dictadura, a los partidarios de mantenerlo todo “atado y bien atado”, a los resistentes a cualquier cambio, en un tiempo y en un país en que cambiar parecía inevitable, como así lo fue.

Hoy, llegado otro momento en que el país necesita cambiar de rumbo y emprender profundas reformas, los orgullosos herederos de la dictadura se comportan como lo hicieron entonces sus predecesores en el expolio nacional, sin importarles las consecuencias internas o internacionales de su inmovilismo, pues sus intereses -los intereses creados y los intereses por crear de su partido y de sus partidarios- se colocan por delante del interés nacional, público, colectivo. 

Rajoy, fiel al modelo recibido, ha tratado de gobernar como Franco, y en buena medida lo ha conseguido, a costa de desvirtuar la función de las instituciones públicas, pero el PP le ha seguido, le ha alentado, le ha protegido, sin que se hayan oído voces discrepantes de importancia: en Génova reina la unanimidad y todo el Partido se ha cerrado en banda en torno a Rajoy, al que sigue manteniendo contra viento y marea como el candidato ideal a la presidencia del Gobierno sin admitir la más pequeña rectificación, ni hacer un gesto, por mínimo que sea, que indique la intención de respaldar con hechos las promesas de pacto y de regeneración que propalan con vacua retórica.

Pero nada hay nuevo bajo el sol de España; la oferta de Rajoy y del PP a los ciudadanos y a los demás partidos es más de lo mismo, la misma política y la misma conducta; son el búnker, un gobierno caducado pero autoinvestido de un ilegítimo poder de excepción, que no reconoce al Congreso.

No son Sánchez, ni Iglesias, ni Rivera quienes impiden formar nuevo gobierno: el tapón es Rajoy, como entonces lo era Franco, y tapón lo es también el PP, que actúa como entonces lo hacía el Movimiento Nacional, impidiendo cualquier cambio, a la vista está, con la intención de seguir utilizando el Gobierno y las instituciones del Estado, entre otros asuntos, para paliar los daños derivados de la acción de la justicia, en la treintena de casos de corrupción que se van a sustanciar en juicios públicos los próximos meses.

Y esto lo sabe Rajoy, y lo saben en el Partido Popular, pero aguantan, como en un búnker, a costa del deterioro el país.

El “bunker”