domingo 29.03.2020

¿Qué pedir a 2020?

Acaba 2019 un año convulso en lo político y en lo personal (la pérdida de un ser querido siempre te deja tocado).

Muchas cosas han ocurrido en nuestro país y en el mundo, demasiadas para ser analizadas todas en esta reflexión escrita con los efluvios de las fiestas navideñas. Pero sí las más relevantes que tienen que ver especialmente con el final de este ciclo anual.

Fuera, la apabullante victoria de Boris Johnson en RU abre de par en par la puerta del Brexit y por tanto un tiempo de incertidumbre en la UE. El recién aprobado Impeachmant o proceso de destitución contra otro personaje esperpéntico y peligroso como Donald Trump, es otra de las noticias relevantes de este año que agoniza.

Como agoniza el planeta, más en peligro aún después de la fracasada cumbre COP 25 2019 recientemente celebrada en Madrid, que ha demostrado que el ser humano tiene su capacidad de autodestrucción a pleno rendimiento. El futuro es así hoy mucho más negro.

Ha sido un 2019 donde los mensajes que nos manda nuestro planeta son cada vez más evidentes, aquí y allí. El cambio climático es una realidad. Hay quien teoriza que quizás hayamos cruzado ya el umbral de no retorno y solo nos quede disfrutar lo que podamos del poco tiempo que nosotros mismos nos hemos dado.

Deberíamos de pedir que en este redondo año la sociedad cambie y vaya siendo más sólida, fortaleciendo valores como la solidaridad,  generosidad, o colectividad, contagiando a  la política y los políticos ese cambio

La explosiva situación en Latinoamérica es otra de las noticias relevantes. Primero Venezuela, después Colombia, Chile, Argentina, Brasil o Bolivia están en plena ebullición y el riesgo de una erupción de consecuencias imprevisibles está ahí, cada vez más presente.

Qué decir de África, continente devastado por guerras, hambruna y enfermedades que provocan migraciones en masa hacia lugares más seguros. ¿Nos podemos extrañar de la masa de personas al límite que están en sus fronteras intentando llegar al primer mundo?

De ahí se deriva un problema agravado este año, el de la llegada de inmigrantes a Europa en busca de su propia supervivencia. Existe una contradicción entre la reacción de rechazo de una parte de los partidos políticos y por lo tanto de la ciudadanía y el reconocimiento de algunos países, el primero Alemania, que reconocen que necesitan esa mano de obra.

Este es uno de los motivos, no el único, del auge de los partidos de extrema derecha que cogen fuerza a lo largo y ancho de esa vieja Europa. Fenómeno que durante este año se ha demostrado que no era ajeno a nuestro país irrumpiendo dándonos una bofetada de realidad.

También el 2019 ha demostrado el estado líquido de la sociedad actual que impregna todo lo demás. Una política líquida llevada por políticos de la misma naturaleza, ha conseguido que durante este año que termina hayamos vivido de sobresalto en sobresalto.

Tenemos una sociedad europea en pleno cambio, para algunos analistas entre los que me encuentro a peor. Una sociedad más introvertida, egoísta, individualista e insolidaria que nos hace peores año a año.

Una sociedad que debe ser consciente de su envejecimiento y decadencia frente a la juventud y fortaleza que nos viene de fuera. Quizás deberíamos plantearnos que nuestro futuro cuando seamos mayores, algunos ya lo somos, va a depender de los cuidados que nos den los inmigrantes, que ahora queremos evitar lleguen a nuestros respectivos territorios.

El 2019 nos deja esa tarea pendiente, la de profundizar en soluciones al cuidado de nuestras personas mayores, de nuestros ancianos, que va a necesitar dedicar grandes cantidades de recursos y una mano de obra cada vez más cualificada.

Quizás la noticia más relevante en nuestro país sea, que hemos sido incapaces en estos 365 días de conseguir un gobierno definitivo. Tras dos elecciones anticipadas el panorama se ha vuelto cada vez más complejo. Es como si la ciudadanía hubiéramos puesto a prueba la valía de nuestros dirigentes, con resultados hasta hoy decepcionantes.

Esa tensión también se ha trasladado a la justicia, demostrando que otra de las tareas pendientes es su profunda reforma y resucitar con urgencia el espíritu de Montesquieu.

Lo expuesto antes es sólo un esbozo de lo que ha sucedido en nuestro planeta durante 2019 y de alguna manera lleva implícitos los deseos para el 2020 que está a punto de comenzar. Por cierto año bisiesto con todo lo que ese detalle pueda conllevar.

Utilizaré un orden de importancia de lo global a lo local y particular.

Que no nos suicidemos colectivamente, que este 2020 sea el de la reacción de la humanidad ante el peligro inminente de auto destrucción. Que seamos capaces de ir eliminando del panorama del poder, a personajes siniestros y peligrosos como Trump, Johnson, Bolsonaro, Maduro, Putin, Kim Jong-un, al Asad, o Netanyahu sustituyéndoles por dirigentes humanizados y sensatos.

También debemos pedir a este 2020 unas políticas más humanizadas en lo referente a la inmigración, una acción coordinada en los lugares de origen que evite que miles y miles de personas huyan de allí. Quizás llevando a cabo en África y Latinoamérica una especia de II Plan Marshall. Desde luego recibirles teniendo en cuenta que tienen los mismos derechos que nosotros a vivir dignamente.

Deberíamos de pedir que en este redondo año la sociedad cambie y vaya siendo más sólida, fortaleciendo valores como la solidaridad,  generosidad, o colectividad, contagiando a  la política y los políticos ese cambio.

Que los hombres, los machos, entendamos que estamos en situación de igualdad con las mujeres, que las debemos respeto, que sólo sí es sí, que nadie es de nadie y menos aún definitivamente. Que sea el año donde acabemos con el maltrato, los asesinatos, o las violaciones, individuales o en grupo.

Que frenemos el auge de la extrema derecha, seamos capaces de formar gobiernos de las izquierdas que practiquen políticas progresistas y acaben con las tensiones centro-periferia, concretamente solucionando la situación con y en Catalunya. Aplicando una justicia justa, consolidando la separación real de poderes.

Que seamos felices y hagamos felices a las demás personas, que cuidemos de los otros, empatizando con ellos, desde el respeto y la comprensión.

Demasiados deseos, demasiadas peticiones para este nuevo año que está a punto de comenzar. Pero quizás haya llegado la hora se ser ambiciosos en este aspecto, porque luego vendrá “Paco con las rebajas” y nos dará un baño de realidad.

Hoy toca soñar y recuperar lo que mi generación intentó; la utopía.

Veremos…

¿Qué pedir a 2020?