viernes 27/11/20

Vuelve la (a)normalidad

“España
es de piedra y agua
seca, caída en un barranco rojo,
agua de mina o monte,
es de tela también, a trozos
pisada por la sangre y a retazos
también por desnudos pies
de campesinos sin tierra”.
Blas de Otero.


Había un país que sufrió un terremoto en las elecciones europeas de 2014, al que le siguieron otras 13 réplicas en posteriores comicios, así como desgarros internos en las sucesivas primarias de los partidos más representativos. Fueron sustos tremendos para los protagonistas habituales del bipartidismo. Cuenta Juan Villoro que la oportunidad de no morir en un seísmo exige automáticamente hacer examen de conciencia.

Y lo hubo. Aunque el PSOE no padeció el temido ‘sorpasso’, ni la decapitación de Pedro Sánchez… El nada desdeñable destierro del presidente en funciones causó el cambio de estrategia y narrativa para el regreso triunfal del madrileño a su feudo. Unidos Podemos prestó los votos para que Sánchez sacara la moción de censura adelante, y posteriormente trató de condicionar los presupuestos sin éxito. Cientos de miles de voluntades que anteriormente confiaron en la formación morada, votaron en las urnas a los socialistas. Pero este nuevo préstamo venía con una cláusula clara: “Con Rivera no”.

Unidas Podemos, pese al retroceso, tiene la representación suficiente para dar dolores de muelas a quienes habitan en Ferraz. Por eso Pablo Iglesias daña sus nudillos llamando a las puertas del próximo Consejo de Ministros. Se quedará sin cartera. La entrada para la fiesta de la restauración del 78 tiene derecho de admisión, y el secretario de la formación morada no tiene acceso a ella.

El sucedáneo de Alianza Popular y sus socios sí tienen el pase para el cóctel de este encuentro vintage. C's ha cumplido las misiones históricas de frenar la ola morada y usar la premisa de regeneración como truco para tapar su rostro gatopardiano. La ultraderecha, antes inmersa en el eje que fortaleció José María Aznar, no ha conseguido convertir a un apuesto asalariado de partido y demás mamandurrias en el Bolsonaro ibérico. Pero apuntala el bloque, entregando la hegemonía de las fuerzas conservadoras al PP. 

Al fin y al cabo, Alianza Popular tiene su origen en el franquismo sociológico, y en este caladero pesca Pablo Casado como lo hicieron sus antecesores.

España vuelve a la senda tras la inconsciencia de las personas que acamparon en 2011 para oponerse a ser una mercancía en manos de políticos y banqueros. Pasada una década de esta estafa llamada crisis, llega la normalización de lo difícilmente digerible

España vuelve a la senda tras la inconsciencia de las personas que acamparon en 2011 para oponerse a ser una mercancía en manos de políticos y banqueros. Pasada una década de esta estafa llamada crisis, llega la normalización de lo difícilmente digerible. 

Más de 1.000 mujeres asesinadas desde 2003 no han bastado para alcanzar un consenso sobre la mejorable pero imprescindible Ley Integral de la Violencia de Género. La ultraderecha que azules y naranjas quieren normalizar, rebuzna por la sentencia de ‘La Manada’, llama “puta” a una ministra, y plantea el combate frontal contra “la ideología de género”. Lo hacen sin la censura de los pseudo liberales, ni de la formación que borró en 2013 los ordenadores de Bárcenas, los cuales podrían tener más pruebas de la financiación ilegal del PP. El partido en el que la sospecha se normaliza tanto o más que su irresponsabilidad democrática.

Tiene su lógica. Vivimos en el régimen del 78 aunque el presidente en funciones no pida ya permiso a Felipe González para tomar las decisiones que considere oportunas. Las bases socialistas exigen a Sánchez que mire a su izquierda, pero lo normal para los poderes fácticos es que C's se abstenga y el PSOE intente formar un eje con el partido de Albert Rivera al igual que en 2016.

El guión de esta película indica que Pedro Sánchez no saldrá de la Moncloa, y Pablo Iglesias no entrará en el Consejo de Ministros

El guión de esta película indica que Pedro Sánchez no saldrá de la Moncloa, y Pablo Iglesias no entrará en el Consejo de Ministros. Con carteras o sin ellas para Unidas Podemos, seguirán sin cumplirse los anhelos de la ciudadanía anormal que puso en jaque al Reino durante el último lustro.

Hoy España no puede permitirse cuestionar el juicio a seis personas por tratar de impedir junto a un centenar de personas los desahucios de las familias de Pepi, Rosi, Juani y Mayra en Argumosa, 11. La normalización en este país pasa por que manteros, o quienes son privados de libertad en los CIE se conviertan en victimarios; por el sufrimiento de 8,5 millones en exclusión social. “Es raro, muy raro, que nadie caiga en el abismo del desengaño sin haberse acercado voluntariamente a la orilla”, expresó Concepción Arenal.

El fraude fiscal le cuesta a cada contribuyente 2.000 euros anuales, el 70 por ciento de lo evadido corresponde a las grandes empresas y fortunas. Lo normal. Tanto o más como asumir contratos temporales y bajos salarios. Establecido queda que hay cola para comer los deshechos que ofrece el mercado laboral. El libro sagrado de los sacerdotes del bipartidismo recoge en su artículo 35 que el trabajo es un derecho. La ley y los mercaderes lo convierten en un privilegio.

El pueblo español tiene el rostro de Víctor Regino. Un boxeador colombiano cuya historia relató Alberto Salcedo, y quien vuelve al ring después de trece años solo para cobrar el dinero suficiente para reabrir el taller que gestiona, aunque acabe sin la mandíbula y respirando sangre.

La sociedad también tiene algunas certezas. Pedro Sánchez será presidente, y España no tendrá en varios años elecciones. Lo que sin duda favorecerá de nuevo la llegada de la impugnación: la necesaria y urgente anormalidad.

Vuelve la (a)normalidad