jueves 09.07.2020

Veinticinco años sin llegar a la Cumbre

“A quinientos años de distancia de nuestro primer encuentro, y como uno de los grandes espacios que configuran el mundo de nuestros días, estamos decididos a proyectar hacia el tercer milenio la fuerza de nuestra comunidad”. El punto 2 de la Declaración de la I Cumbre Iberoamericana, anunciaba los tiempos felices de España. Eran los años del siglo XX con mayor influencia ibérica en Hispanoamérica, y nada mejor que este evento anual como lanzadera para extender a las empresas españolas en la región.

Vista la foto de participantes cuarto de siglo después… podría adornar cualquier fiesta de Halloween. En Guadalajara se encontraron:

Carlos Salinas de Gortari. Presidente de las más oscuras sospechas. Sobre él siguen pesando el fraude electoral de 1988, y el asesinato del reformista y candidato presidencial Luis Donaldo Colosio.

Fernando Collor de Melo. Destituido por corrupción año y medio después. Hoy su historia sirve para interesadas metáforas que oculten el golpe de Estado contra Dilma Rousseff

Carlos Saúl Menem. Artífice de las más grandes privatizaciones de Argentina y las leyes de impunidad que momentáneamente tranquilizaron a quienes desaparecieron a 30.000 personas entre 1976 y 1983.

Carlos Alberto Fujimori. Homicida y corrupto probado que todavía hoy sigue en prisión y esperando el indulto.

Violeta Chamorro. Presidenta electa de Nicaragua gracias a los votos y al enorme apoyo del todopoderoso vecino del norte. Derrotó al entonces revolucionario Daniel Ortega, y aplazó los sueños de la izquierda centroamericana.

Joaquín Balaguer. Presidente de la República Dominicana, caudillo y patrocinador del terrorismo de Estado.

Superada la primera mitad del 91, el mundo asistía ante los estertores de la URSS, y las anunciadas consecuencias para Fidel Castro y Cuba. Los medios más reaccionarios de habla castellana contaban los días para “el fin de la única dictadura de América Latina”. Lo contraponían con la asistencia a Guadalajara  del presidente chileno Patricio Aylwin

México hizo de anfitrión, pero la gloria se la llevaron Felipe González Márquez; y Juan Carlos de Borbón y Borbón. Éxito al que se unieron su homónimo portugués Mario Soares y el primer ministro Aníbal Cavaco Silva.

Dos décadas y medio después sólo queda indemne Federico Mayor Zaragoza. Sin tareas de gobierno entonces, pero con grandes responsabilidades en la dirección general de la UNESCO. 

Afortunadamente para el porvenir de las cumbres, la llegada de gobiernos progresistas en el continente americano les dio otro cariz. La izquierda fue caricaturizada tras el colapso del bloque socialista en Europa hasta las llegadas de Rafael Correa, Michelle Bachelet, Evo Morales, y Hugo Chávez… Con este último, el ciudadano Juan Carlos perdió las formas, y dio paso para el momento estelar de José Luis Rodríguez Zapatero. En 2007, el último presidente del PSOE se podía permitir defender hasta a su antecesor en el cargo. 

Ocho años antes, Cuba tuvo su Cumbre en la que José María Aznar se comportó con el país anfitrión como Pedro Pablo Kucynski en Cartagena de Indias el pasado fin de semana con Venezuela. 

Pero ni Zapatero, ni Aznar recorrieron la hoja de ruta marcada por Felipe González. España no tutela América Latina. Pese a que por el camino el ex consejero de Gas Natural reforzó sus lazos de amistad con Carlos Andrés Pérez, a quien compadeció para siempre tras el Caracazo, y su destitución en 1993. Carlos Salinas de Gortari escuchó los cantos de sirena de la iniciativa de las Américas, y se adhirió al Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Carlos Slim en el hombre más rico del mundo e incluyó a González en su club de amigos. Tal vez el propósito secundario del ex presidente resultara el principal. 

El fin de Sendero Luminoso, ETA, las FARC, y el ELN no se contemplaba próximo en 1991. La 

XXV Cumbre impulsará la consecución del ansiado acuerdo de paz que termine con la guerra en Colombia. Aunque como dijo Óscar Wilde, “entre diplomáticos el arte de no decir nada ha sido elevado a la perfección”, hay declaraciones que valen tanto la pena como el recordatorio que 100 millones de jóvenes en América Latina se encuentra en situación de pobreza. Con todo, las buenas voluntades se aplazan al encuentro de 2018 en Guatemala. Con cifras similares, y menos gobiernos progresistas aquí y allá. Y ahí España pondrá su enorme grano de arena como es habitual desde Cádiz 2012.

Veinticinco años sin llegar a la Cumbre