viernes 27/11/20

Memoria como patrias

El domingo pasado se produjeron señales de esperanza o simplemente de normalidad. Madres y padres pudieron salir a pasear con sus hijos bajo la mirada atenta de vigías en los balcones, con más cámaras que nunca apuntando a las calles. En España el control social del confinamiento, encuentra como aliados a matones de terraza que unas veces dan cacerolazos porque la derecha no gobierna, y en otras ocasiones expresan su malestar desde las alturas por la música que la vecindad pone tras los aplausos de las 20:00. “Estamos de luto”, grita alguno. Mueca de frustración, pena y rabia porque los suyos no gestionan el estado de alerta. 

No falta en los alegatos algún grito, de “¡Viva España!”. En los barrios donde la extrema derecha no hace tanto ruido, la actitud del provocador es similar a la de lanzar la piedra y esconder la mano. En los distritos y municipios donde la derecha extrema suma mayorías, los agitadores alimentan a los bots de Twitter. No jalean a España, sino a quienes se envuelven en la bandera para cobrar mamandurrias, esquivar la corrupción o impedir que se investigue la fortuna del rey emérito. 

Anteponer la patria de lo común a la alternativa neocon pasa por ejercitar la memoria. Tomar nota de los gestos en estos días, recordar lo que se hizo, y proyectar lo que viene… forma parte de la construcción

Los matones de balcón usan los móviles como rifles telescópicos, el 26 de abril era la fecha marcada para cazar las imágenes de las irresponsabilidades que cometieron unos pocos padres. Aquellos que golpean las cacerolas con mucha rabia y poco éxito, tienen el objetivo de cuestionar así la gestión del Gobierno. Bastan unas imágenes repetidas hasta la saciedad, con una soterrada niñofobia, para denigrar el esfuerzo colectivo de familias enteras. Con ansia esperan la llegada de principios de mayo, fecha en las que las piezas de caza serán corredores y paseantes.

Todo vale para tapar el gran ejercicio de civismo de la mayoría, muy por encima en número y calidad si se compara con el de los ‘prohúngaros’. Da lástima que algunos sectores de la población muerdan el anzuelo que lanzan los trumpistas, y extiendan sin saberlo el bulo de que las vecindades de este país se comportan en su mayoría de forma incívica. Algunos medios de comunicación tras hacer énfasis en la irresponsabilidad de padres y madres durante las salidas con sus hijos, ponen a modo de coletilla lo más relevante del domingo pasado: solo unos pocos incumplieron las normas. 

Patria es comunidad

Para Roberto Bolaño la patria era la gente amada que entraba en la memoria. Tomando sus palabras, las semillas plantadas por las generaciones anteriores resultan lo más preciado de los terruños que la población habita. 

Los derechos se consiguieron a costa de sacrificio y sangre. Por eso universalizar la sanidad significó el orgullo de la gente común que construyó la incipiente sociedad del bienestar, cuyo fin anunció Zapatero hace 10 años a instancias de la UE -o de Angela Merkel- cuando ejecutó el mayor paquete de ajustes que había conocido España hasta entonces. Su sucesor, Mariano Rajoy, puso el acelerador en el proceso de destrucción social, supervisado por la Troika, para hacer de paso bueno al denostado ZP.

Los veinteañeros del siglo XXI tuvieron que partir cuando el metro llegó a sus barrios, como dibujó la poeta Martha Asunción Alonso en los versos de Lost generation. Los pensionistas redujeron sus ingresos, aumentaron sus gastos y consumieron el tiempo en atender a hijos y nietos. Se contaron por cientos de miles las personas que perdieron sus casas, y por millones los trabajadores se quedaron sin empleo, así como quienes sufrieron que España ocupara el podio europeo en pobreza laboral.

La localización de lo global, a la que hace referencia Saskia Sassen, formó parte del paisaje de las ciudades en forma de protesta: las luchas por la vivienda digna, la queja contra la ley mordaza, la denuncia del decreto que limitaba el acceso a la sanidad a quienes se encontraban en situación irregular, y el auge del feminismo que transversalizó todas las luchas.  

El neoliberalismo se implantó en lo económico, pero no terminó de cambiar las almas. 

Por eso aprender de las patrias de Bolaño, para reconstruirlas y reiniciarlas va más allá del anhelo idealista. Ya hay algunos conatos que nos refrescan la memoria: las lecciones que dan las redes vecinales que fabrican máscaras y nutren a los bancos de alimentos; el desempeño de las profesionales de la salud y de los cuidados; las labores de quienes se la juegan en la construcción, la carretera. la alimentación y el transporte… Ello va mucho más allá de lo que haga gobierno de turno, aunque sin obviar que las opciones progresistas y de izquierdas suman mayorías en el Congreso. Lo que facilita convertir en ley lo justo, y dotar de presupuesto lo necesario.

Trump como peligrosa respuesta

La bancada de la extrema derecha, en dura competencia con la derecha extrema, propondrá como salida a la crisis sanitaria excluir a los sectores más golpeados ajenos a su idea de patria. 

No hace falta recurrir a ningún adivino, solo basta con mirar al otro lado del Atlántico. 

Más de 22 millones de estadounidenses han perdido el trabajo en menos de dos meses. Trump ya no puede presentarse ante la opinión pública como garante del pleno empleo ante las elecciones de noviembre. Excluir a los residentes legales permanentes, forma parte del paquete de medidas con el que el protagonista de The Apprentice promete que todo el empleo precario que se cree tras la crisis sea para el ciudadano estadounidense. Trump pretende convencer al electorado de salvaguardar el mercado de trabajo y evitar el colapso de la sanidad dejando afuera al extranjero. Aplicando las leyes de Jim Crow en el S.XXI. 

Pensadoras como Michelle Alexander explican que la segregación tuvo como objetivo establecer una división entre blancos pobres y afroamericanos paupérrimos. Alimentando el sentimiento de superioridad en la población blanca, se bloquean las alianzas interraciales que restan privilegios a las élites. En perpetuar dicho modelo, Trump basa su continuidad en la Casa Blanca.

Cuando el confinamiento termine, quienes marcan en España la agenda de la extrema derecha y la derecha extrema, adaptarán el mismo mensaje. Los nacionales pobres primero, porque no todo el mundo accede a un trabajo precario, o a la pobreza laboral. Alimentarán con más intensidad la lucha del penúltimo, contra el último. En definitiva, promulgarán el proyecto de la élites, sin que ondear la bandera rojigualda resulte una contradicción. 

Anteponer la patria de lo común a la alternativa neocon pasa por ejercitar la memoria. Tomar nota de los gestos en estos días, recordar lo que se hizo, y proyectar lo que viene… forma parte de la construcción. Por supuesto, hacerlo juntos, visibles, y prestando atención a todos los rostros. También a los más agrios y al sonido que sale de sus bocas por venenoso que resulte.

Superando la desazón del pasado que Ernesto Cardenal relacionaría con “días de latas vacías y colillas apagadas, risas en fotos marchitas, boletos rotos, y aserrín con el que al amanecer barrieron los bares”. Porque una vez agotada la nostalgia, tal vez ya ha llegado el tiempo de las más bellas y necesarias historias.

Memoria como patrias