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miércoles. 28.09.2022

Fútbol, casta y sociedad

El gobierno de turno agradece a los mandamases del balompié profesional que duerma las conciencias, y por eso tolera las inmensas deudas.

“Vemos partidos y escribimos de fútbol para recuperar la infancia, no la que en verdad vivimos, sino la que nos asignamos a nosotros mismos. Ser niño puede ser duro, injusto, angustioso. Recuperar mentalmente la infancia es liberador. El fútbol mejora la infancia que tuvimos, del mismo modo en que los sueños permiten que seamos diferentes”.

En las palabras de Juan Villoro recogidas en Balón dividido se reconoce cualquier hincha con conciencia. El balompié es uno de los canales que recuerdan a la niñez.  Los partidos memorables, ligas, mundiales y Eurocopas  ordenan cronológicamente nuestros éxitos, fracasos y frustraciones. Eso sí: con su correspondiente filtro para repasar también la historia reciente. Eduardo Galeano, en El fútbol a sol y sombra sintetizó los acontecimientos del orbe. Mundial a Mundial.Con la magia del escritor y la precisión del periodista que fue.  

Recordó que en 1990 asesinaron en Colombia a Bernardo Jaramillo, candidato presidencial de la izquierda; entonces las fuerzas de seguridad colombianas abatieron  al narcotraficante González Rodríguez Gacha; Chile inició el regreso a la democracia con Pinochet como senador; Fujimori derrotó a Mario Vargas Llosa;  los sandinistas perdieron las elecciones en Nicaragua; los McDonalds se instalaban en Moscú; Alemania, seguía su camino hacia la reunificación y por dicho motivo para los más suspicaces… levantó la Copa del Mundo.  Nelson Mandela, abandonó la cárcel tras 27 años de presidio  y recuperó la creencia en el ser humano hasta para los más escépticos.

En España lideraban las listas de Los 40 Principales Hombres G, Gabinete Caligari, Duncan Dhu, Olé Olé, Luz Casal, Miguel Bosé, La Unión, La Frontera,  Modestia Aparte, Los Ronaldos, Radio Futura,  La Trampa, Cómplices, el monótono Eros Ramazzotti, los Inhumanos;   y Wilfred y la Ganga con su tema tan fugaz como exitoso: Mi abuela.   Vendían  millones de discos en todo el globo Sinead O'Connor; Phil Collins; Depeche Mode; The Beach Boys; MC Hammer;  Whitney Houston; los fraudulentos Milli Vanilli, y los repelentes New Kids on the Block.

Gobernaba el PSOE por primera vez desde su aplastante victoria en 1982 sin mayoría absoluta, y  con las vistas puestas en los Juegos Olímpicos de Barcelona y la EXPO de Sevilla como tablas de salvación. Para contarlo, existían tres nuevas televisiones privadas, una de ellas, sólo visible unas horas para aquellos que no contaran con la llave mágica descodificadora,  que alejaba la maldición de Poltergeist de los hogares para visionar cine comercial, documentales, porno, fútbol y boxeo.

Y por supuesto: había derbis madrileños. Con dos presidentes adaptados a la época. El madridista Ramón Mendoza pegó el pelotazo por comerciar desde 1960 con los países del otro lado del telón de acero, sin ser espía doble como desmintió años antes de llegar a la presidencia del club más laureado del mundo. Por su parte, Jesús Gil y Gil ejemplificaba el éxito empresarial  de la España posterior a la transición, y a golpe de populismo pretendía devolver el orgullo a la parroquia rojiblanca llamando “cuatrero” a su homólogo merengue, culpando a los periodistas de la violencia en el fútbol; e insultando a la magistratura. Entre otras lindezas llegó a calificar al “Führer” como un gran hombre capaz de mentalizar a toda una nación. “Aunque no quiere decir que lo admire”, matizó.

De la junta directiva colchonera  ya formaba parte el multimillonario empresario del séptimo arte Enrique Cerezo. Florentino Pérez tras ser concejal en el Ayuntamiento de Madrid por la UCD y secretario general del Partido Reformista Democrático de Miquel Roca se  centraba en su carrera como oligarca, y comenzaba a recoger los frutos de su paso frustrado por la política.

Hace cuarto de siglo se toleraba la corrupción. Cierto que se sabía menos y el régimen del 78 gozaba de buena salud. Hoy enfermo y puesto seriamente en entredicho desde 2011, todo ha cambiado. Salvo en las hinchadas de Real Madrid y Atlético. Que continúan tirando sus dardos envenenados sólo cuando el balón no entra en el arco contrario.

A los socios madridistas no les importa que Florentino Pérez cambie el reglamento del club para perpetuarse en la presidencia; o que cobre millones de euros de las arcas públicas por infraestructuras que resultaron fracasadas.

Los abonados del Atlético de Madrid no ponen reparo por que el nombre de Cerezo aparezca en el sumario de la Trama Púnica, como no dieron importancia a que Miguel Ángel Gil Marín, Jesús Gil y Gil; y el presidente actual robasen el club a sus socios.

No hay iniciativas de la afición rojiblanca para designar personas non gratas al productor de Desde que amanece apetece así como a Granados, González y compañía.

Por supuesto la política no entra al Calderón ni al Bernabéu, salvo que se ingrese con banderas rojigualdas constitucionales o con el Águila de San Juan impreso. Sólo se valora y a ratos: la gestión deportiva y económica. Tener a dirigentes nocivos para la sociedad vinculados al club no es causa para agitar los pañuelos o pitar al palco. La grada no se sensibiliza durante los 90 minutos de encuentro ante problemáticas como los desahucios, el deterioro de lo público, o los mangoneos que afectan directamente a las decenas de miles que llenan los dos templos del fútbol madrileño todas las semanas.

Sólo la hinchada del Rayo Vallecano saca las vergüenzas a sus clubes vecinos; y acerca la calle a la grama para evitar el desahucio de una anciana o exigir justicia por el asesinato de Íñigo Cabacas.

“El fútbol dice mucho de nuestro tiempo y de lo que somos, ya sea bueno o malo”, afirmó Juan Villoro en una conferencia. El 27 ó 28 de febrero de 2016 según quien llene los palcos del Bernabéu en el  derbi madrileño… Evaluaremos. Para entonces apelaremos a la justicia poética para que el Rayo a diferencia de 1990 no inicie el camino del descenso. Seguiremos esperando a que devuelvan los clubes de fútbol los más de 700 millones que deben.  Y que “este reino de la lealtad humana ejercida al aire libre” - así se refirió Gramsci al calcio - deje de servir como narcótico.   Porque el fútbol según Enrique Cerezo es “generador de un factor social magnífico que desde septiembre a mayo sirve para tener entretenida a gran parte del país".  Es decir,  el gobierno de turno agradece a los mandamases del balompié profesional que duerma las conciencias, y por eso tolera las inmensas deudas. Tal vez resulte demasiado optimista aspirar a corregir esta indignidad antes del día del derbi y entre medias de los octavos de final de la Liga de Campeones. Tanto o más como que Uruguay pudiese ganar un Mundial en Maracaná contra Brasil. En mi caso, me aferro a Ghiggia. 

Fútbol, casta y sociedad