lunes 26.08.2019

Barcos para la libertad

Portada del diario Uruguayo "España Democrática", informando de la partida del barco Winnipeg que traía refugiados españoles a Chile en 1939. (Foto: Wikipedia)
Portada del diario Uruguayo "España Democrática", informando de la partida del barco Winnipeg que traía refugiados españoles a Chile en 1939. (Foto: Wikipedia)

“A veces me dan ganas de llorar, pero las suple el mar”
José Gorostiza.

See Watch, Open Arms, SOS Mediterráneo, Salvamento Marítimo rescatan vidas, y salvan a ratos la dignidad europea en la Mar. Cada amenaza de multa o acción judicial en su contra desvela la inhumanidad de los gobiernos.

El lamentable presente contrasta con que en 2019 se cumplen ocho décadas de los viajes del Winnipeg, Sinaia, Ipanema y Mexique. En el país de le desmemoria no se enmarca en oro la gran muestra de solidaridad y la talla humana de quienes salvaron las vidas a miles de españoles que embarcaron en los cuatro buques. Tampoco se honra el coraje de sus tripulantes.

“España no es fácil. En España hay que darse la cabeza contra los muros para entenderla y amarla”, dijo Pablo Neruda. El poeta no dudó en poner todo su empeño para que más de 2.000 personas evadieran la persecución y miseria con la partida a Chile.

La mayoría de los pasajeros del Winnipeg no cumplía con los requisitos legales. No importó. Pesaba más la precariedad como prueba que los papeles. Muchos de quienes aspiraban a subirse a bordo dormían enterrados en las playas cercanas al lugar donde el barco permanecía atracado. Carecer de foto tamaño pasaporte, o incluso de la documentación no les impidió formar parte del trayecto. Cuando el Winnipeg partió, 190.000 españoles se quedaron en los campos de concentración franceses. La desesperación de las personas sitiadas llegó hasta el punto que iniciada la Segunda Guerra Mundial y en una de las entregas de refugiados del gobierno francés a Franco, cuatro antiguos soldados del ejército republicano se lanzaron a las vías y con su muerte evitaron que todo un convoy fuera deportado.

Hace ochenta años los gobiernos chilenos y mexicanos no cedieron a las presiones de los sectores derechistas, hostiles a la llegada de los barcos de la libertad, y contrarios a los deseos de su pueblo

Hace ochenta años los gobiernos chilenos y mexicanos no cedieron a las presiones de los sectores derechistas, hostiles a la llegada de los barcos de la libertad, y contrarios a los deseos de su pueblo. El trayecto entre Valparaíso y Santiago se multiplicó por tres en duración debido a las muestras de cariño de la ciudadanía chilena hacia los refugiados.

Más del 80 por ciento de las 5.787 personas que llegaron en 1939 al país del presidente Lázaro Cárdenas lo hicieron formando parte de la tripulación de los buques Sinaia, Ipanema, y Mexique. Al igual que en el Winnipeg degustaron la libertad perdida y la esperanza. “Mirad a lo lejos aquella quebrada línea oscura que se alza sobre el mar. Al contemplarla desde la cubierta del buque que nos lleva a otras tierras hospitalarias, al luminoso México que generosamente nos dispensa un acogimiento fraternal, al Nuevo Mundo, a donde llevamos el peso de tantas amarguras, se nos oprime el corazón”, publicó el escritor Antonio Zozaya, octogenario tripulante del Sinaia.

Durante el largo viaje se celebraron verbenas en las que se hacía referencia a los distintos puntos del barco con nombres de plazas y calles de Madrid. No había churros pero sí música popular y castiza.

La lección de los barcos de la libertad pone a España ante su espejo, y al próximo gobierno ante la oportunidad de reivindicar la memoria democrática

La mayoría de los migrantes nunca retornaron. Y quienes lo hicieron encontraron a su regreso una España que ya no existía, confrontada con la de su imaginario. Como recitó Rafael Alberti: el toro verde acostumbrado a las libres dehesas y los ríos, y al que el mar y el cielo quedaban pequeñas… pasó a alimentarse de pastos amargos y yerbas con sustancia de muertos,

El desengaño es la sensación más habitual de quienes escapan de la tiranía y vuelven al país del que huyeron. La periodista Mónica González lo narra en la crónica Muerte de la abuela universal y su nieto Francisco José. La frustración de un joven chileno que regresó tras huir de la dictadura de Pinochet se plasma cuando al volver a la casa de su niñez, el hogar le parece más pequeño, y sus amigos de la infancia están destruidos.

La lección de los barcos de la libertad pone a España ante su espejo, y al próximo gobierno ante la oportunidad de reivindicar la memoria democrática, aprender de ella, y proyectarla en la Europa de los más de 2.000 migrantes ahogados en el Mediterráneo.

Barcos para la libertad