viernes 27/11/20

El año de la desesperanza económica en Colombia

“El hombre debe ser esclavo de la máquina, se le debe proteger sí, que produzca lo más que pueda, que se le pague alto, pero que produzca mucho para que el rendimiento alto no se detenga: no importa su psicología no importa la resistencia de su biología, lo que es importante es que la oligarquía plutocrática gane y de el espejismo de pagar más cuando más se trabaje, aún cuando quiebre la biología y la psicología del pueblo colombiano porque la economía de los menos está por encima de la vida de los más”, Jorge Eliécer Gaitán, 1946.

La estoica población colombiana, en más de un 62 por ciento se abstuvo en el referéndum sobre el Acuerdo de Paz. Diez puntos más que en la últimas elecciones presidenciales

Ni el Nobel concedido a Juan Manuel Santos emborronó el exitososo Proceso de Paz de su mandato. Si bien el presidente de Colombia naufragó en el referéndum, en su último periodo pasará a la posteridad por haber dado el impulso definitivo al comienzo de la resolución definitiva del conflicto entre el Estado y las guerrillas.  No será en el 2017, año que se le hará cuesta arriba. No remontará su baja popularidad. Y nadie del Partido de la U podrá abrazarle si quiere salir vencedor en los comicios de 2018.

En este año de precampaña, a diferencia de 2013  las FARC-EP y el ELN se hallan próximos a tomar la decisión abandonar la lucha armada. El pueblo colombiano imagina la primera presidencia del postconflicto, y la oposición  presenta como precandidatos a los prestigiosos senadores Jorge Robledo, y  Claudia López.  Ambos, como el Polo Democrático Alternativo y la Alianza Verde, siguen atentos a la posible candidatura del exalcalde de Bogotá, Gustavo Petro; y al desembarco político de unas FARC que jueguen con las reglas de la Constitución.

Humberto de la Calle, Jefe del Equipo Negociador del Gobierno con la principal guerrilla del país, podría aspirar al reflote del Partido Liberal; y Germán Vargas Lleras buscará conquistar el trono logrado por su abuelo en los años 60.  Al vicepresidente de la República,  y futuro candidato de Cambio Radical, presumiblemente le hará competencia por el flanco de la derecha: el ex Procurador General del Estado, Alejandro Ordoñez. Célebre por ostentar el récord de alcaldes de izquierdas destituidos durante su mandato, y los oprobios realizados al colectivo LGTBI. Podría encabezar la candidatura del Partido Conservador Colombiano si no lo hiciera Marta Ramírez, también defensora de la ‘familia tradicional’. Cuestión determinante en un país en el que el Senado aprobó la celebración de un referéndum para decidir sobre la adopción de menores por parejas del mismo sexo.

Por su parte, en el Centro Democrático - resucitado por los fallos cometidos por Santos en su gestión del Proceso de Paz - Iván Zuluaga perseguirá a ser designado: el delfín de Álvaro Uribe Vélez. Si nada cambia, la fuerza política que resta importancia al asesinato de más de 80 defensores de derechos humanos en 2016 podría disputar la presidencia en la segunda vuelta.

Y antes de la abierta contienda… ¿Qué sucederá con los bolsillos de los colombianos? 

La población seguirá empobreciéndose. Ningún argumentario oficialista camufla este evitable hecho. Aunque  las previsiones de crecimiento por debajo del tres por ciento sirvan como razón principal del gobierno de Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras para justificar la reforma fiscal.  El IVA ha pasado del 16 al 19 por ciento y más del 50 por ciento de los productos de la canasta familiar se han encarecido.

Consecuencias dramáticas, cuando más de la mitad empleada en el país gana como máximo lo equivalente al salario mínimo, e invierte el 60 por ciento del jornal en transporte y alimentación. Clara López, ministra de Trabajo e intregrante del Polo Democrático Alternativo, trata de rentabilizar políticamente la subida del SMI. Con un 7 por ciento de aumento, se situará en 820.857 pesos (270 dólares) la remuneración mensual. O lo que es lo mismo: 40 veces menos que lo que reciben congresistas y senadores por legislar.  

El desempleo en Colombia no alcanza el 10 por ciento, aunque la mitad de los trabajadores tienen un trabajo informal. Por si fuera poco, la inflación superior al cinco por ciento encarece sobre todo los precios de los alquileres y los peajes.  Suben el coste de la gasolina,y hasta los precios de los documentos oficiales este 2017. Abandonar el país sale un 10 por ciento más caro: el pasaporte electrónico ordinario costará más de 163.000 pesos - 145 dólares - y el electrónico ejecutivo 253.000 -214 dólares-. 

Las medidas fruto de la reforma fiscal de Santos incrementarán la ya exagerada brecha entre ricos y pobres. Según el Dane, la desigualdad medida del país que fija el coeficiente de Gini se sitúa en 0,52 .La Cepal cree que podría llegar al 0,55.  O lo que es lo mismo: Colombia continuará ocupando el segundo o tercer lugar en los indicadores que marcan la desigualdad.

La estoica población colombiana, en más de un 62 por ciento se abstuvo en el referéndum sobre el Acuerdo de Paz. Diez puntos más que en la últimas elecciones presidenciales. Tal vez, el aterrizar las consecuencias económicas de la injustificable carestía sirvan para movilizar al electorado ausente.  Al fin y al cabo, como dijo Jorge Eliécer Gaitán: “El pueblo es superior a sus dirigentes”. Sólo falta escucharles, seducirles… Y qué voten.

El año de la desesperanza económica en Colombia