martes. 16.07.2024

PSOE: Reconciliarse con la realidad

Como ocurre en cualquier partida de ajedrez, el movimiento de un jugador reajusta las previsiones del otro. Si en este caso deja sin defensa al rey, el jaque es previsible

Clausewitz, en el capítulo final de su obra “De la guerra”, defiende que el objetivo es siempre el sometimiento del enemigo al menor coste propio, mediante su aniquilación a través de una gran victoria. Varios siglos antes, Sunzi había enunciado uno de los principios necesarios para ganar una contienda “Resultará vencedor quien afronte un enemigo que no lo esté”.

De Rajoy se podrán hacer muchas críticas pero no ha llegado adonde está sin demostrar capacidad estratégica. Y en consecuencia, como era obvio vista la implosión del PSOE, ha elevado el precio de un posible acuerdo de investidura. Ahora reclama estabilidad, plasmada en apoyo a los Presupuestos y a otras medidas todavía no especificadas. Alguno de los nuevos dirigentes socialistas ha puesto el grito en el cielo, pero es impostado. Como ocurre en cualquier partida de ajedrez, el movimiento de un jugador reajusta las previsiones del otro. Si en este caso deja sin defensa al rey, el jaque es previsible.

El grave problema del Partido Socialista, es no haber dicho toda la verdad desde diciembre pasado. Para mitigar el propio y acusado descenso electoral, se han cargado las tintas hasta demonizar al PP todos los días y en todos los foros, lo que ha creado un caldo de cultivo emocional en electores y afiliados, muy difícil de modificar en el corto plazo. Se ha ocultado o diluido el dato fundamental: que el abultado retroceso electoral popular, es parejo al que registra el socialismo. Y que la mayoría necesaria para gobernar sólo puede articularse mediante un pacto entre fuerzas que han competido. Rajoy desistió en enero para resguardar sus fuerzas electorales evitando el desgaste. Pedro Sánchez lo intentó con Ciudadanos, logrando articular un pacto pero no pudo incorporar a Podemos por la negativa de este grupo, consciente de los escasos réditos electorales que obtendría.

Tras las elecciones de junio el escenario, aunque con una aritmética de escaños similar, era distinto en oportunidades. Lejos de reconocerlo, Pedro Sánchez, ampliamente respaldado entonces, mantuvo la misma postura, defendiendo una triple alianza que en ningún momento se materializó en acuerdos, ni tan siquiera en reuniones. En ese momento tanto Ciudadanos como Podemos leyeron los resultados de forma similar y coincidieron en la inutilidad de ese intento. Por el contrario Rajoy acudió a la investidura para situar a Sánchez ante la disyuntiva de fondo.

Y de nuevo el PSOE hurtó a los ciudadanos, también a los afiliados, el dilema esencial. Que no era Rajoy si o no, sino terceras elecciones o respeto a los resultados de junio. Atrapados así en un falso dilema, los socialistas iniciaron el camino hacia la autodestrucción, añadiendo un factor más, la lucha interna por el poder. Ésta tiene su origen en la deriva de Pedro Sánchez hacia el cesarismo o bonapartismo, tras la progresiva pérdida de confianza de los demás dirigentes, alarmados por la sucesión de derrotas electorales.

Así se llega a la cita del pasado sábado. Que ni aborda el análisis de esas derrotas, las más recientes y abultadas en Galicia y en el País Vasco, ni aborda la formación de gobierno. Se limita a derribar a su principal dirigente en medio de un caótico y poco edificante debate.

Ahora el dilema real, terceras elecciones o respeto a los resultados de junio, será resuelto por Rajoy, consciente de la extrema debilidad de su rival, de la ausencia de liderazgo creíble, y de la profunda división interna en sus filas y probablemente en su electorado.

Lo que en junio podía ser un pacto condicionado hoy solo es aceptado como rendición incondicional. Sobre ese extremo tampoco se ha sido claro ante los electores. Pacto condicionado nunca podría serlo sobre la renuncia del PP a su propio programa, sino sobre aquello en lo que podría existir un común denominador con otras fuerzas políticas: reformas institucionales, Pacto de Toledo, Cataluña, educación, compromisos con Bruselas…Pretender que el Parlamento sustituyese al Ejecutivo como dirección política, además de imposible, es poco serio.

¿Qué hacer? Como mínimo, reconciliarse con la realidad. Y hablar con claridad ante los ciudadanos, que saben lo que han votado y sus motivaciones. Defender la propia posición no está reñido con tender puentes a uno y otro lado según los temas o las circunstancias. De hecho es el contenido de la política. Si algo carece de sentido es sustituir el debate político racional por actitudes moralistas, endosando a otros males comunes a todos, como la corrupción, la politización de las instituciones o el linchamiento mediático.

Y un apunte final. En la kermesse del sábado pasado, también ardieron algunos liderazgos territoriales, que demostraron poca capacidad para manejar situaciones complejas y escaso respeto a la opinión de los electores que asistieron atónitos y en directo a uno de los más tristes episodios de la vida política reciente.

PSOE: Reconciliarse con la realidad