viernes 13.12.2019

Cuatro sombras sobre las acciones antiterroristas en Cataluña

Los Mossos de Esquadra son Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado y no tienen razón de ser, ni de actuar, si no se circunscriben a esa su razón de ser

En la calma que siempre debe suceder a una tormenta como la de las acciones antiterroristas de días pasados en Cataluña, vale la pena realizar algunas reflexiones sobre algunos hechos que saltaban a la vista en medio de la acción, pero que no parecía conveniente tratarlos cuando las víctimas del momento aún estaban sobre las mesas de los forenses. Pero que conviene tratarlos serenamente, por si sirven para sacar lecciones que eviten errores en el futuro que ahorren víctimas de acciones semejantes.

No pretendo entrar ni en un juicio de culpas, ni en el pulso que algunos intentan de ver quién lo hace mejor, ni de demostrar si los Mossos de Esquadra tienen la plena capacidad para ser una policía autosuficiente e independiente. Todo eso no sirve ya de nada, si no se sacan conclusiones para el futuro (hay que aplaudir la iniciativa de coordinación del juez Andréu), y si no se intenta instrumentalizar, por unos y por otros, para otro tipo de confrontaciones. Nadie debe olvidar que Mossos de Esquadra son Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado, y que no tienen razón de ser, ni de actuar, si no se circunscriben –en este terreno, y en otros, en los que en pocas semanas tendrán que retratarse- a esa su razón de ser.

Pero hay cuatro cosas (al menos) sobre las que vale la pena reflexionar. Para que recapaciten los responsables de los Mossos (su mayor Trapero, que empezó sus comparecencias con solvencia se ha ido viniendo arriba hasta el punto de no tolerar la mas mínima sugerencia), y para que razonen los responsables de la  lucha antiterrorista del Estado. Tres de ellas se produjeron el mismo día del atentado: alguna incluso diecisiete horas antes.

Inmediatamente después del atentado se aplica la llamada “operación jaula”: controles para dificultar la escapada de los autores. Y en uno de esos controles, un vehículo irrumpe, se salta el control, hiriendo incluso a una sargento del Cuerpo de los Mossos. Éstos tirotean al vehículo, pero nadie lo persiguen. Impensable de todo punto. Alguien que actúa con tal agresividad contra un control es un sospechoso de primer grado y debe ser perseguido sin ningún tipo de excusas. Es de primer curso de manual básico. De hecho, cuando solo ¡tres kilómetros! más adelante aparece el coche con un hombre muerto en su interior: durante  bastante tiempo se especula –desde instancias oficiales- si el cadáver pertenece al que escapó del control, cuando ni siquiera está en el asiento del conductor. Y habiendo muerto por arma blanca…

Muy avanzada la tarde del atentado, alguien, de pronto, tiene la ocurrencia de que la explosión de la casa de Alcanar puede estar relacionada con el acto terrorista. En todas las imágenes aparecidas –horas antes del atentado- aparece en primer plano una pila enorme de bombonas de butano. Y desde el primer momento del suceso –poco después de las 23 horas del día anterior al atentado- ha comenzado a intervenir el TEDAX de los Mossos, según se nos informa posteriormente. España (dicho sea con el permiso del conseller Joaquim Forn) está en “alerta 4” (sobre 5). Y a nadie se le ocurre manejar como una de las hipótesis la de la posible fabricación de explosivos. Cuando más de un día más tarde de dicha explosión los Mossos comienzan a remover, se producen diversas explosiones, y se confirma que había más de un centenar de bombonas de butano (¿qué habían hecho los TEDAX en todas esas horas?). Y a todo esto, con un herido en el hospital, que un par de días más tarde se revela como una importante fuente de información sobre la célula terrorista. Y a nadie se le ocurre interrogar a esa persona. De haberlo hecho, con toda certeza habría proporcionado información valiosa sobre sus compañeros y sobre las intenciones. Tal vez clave para haber evitado o paliado la acción terrorista.

Las imágenes de Cambrils son escalofriantes. Los Mossos evitaron un mal mayor, y hay que agradecérselo sinceramente. Pero la actuación posterior tiene rasgos patéticos. El video difundido sobre el tiroteo a uno de los terroristas hiere cualquier sensibilidad: un joven (por muy terrorista que sea) confuso, tambaleante, recibiendo disparo tras disparo: ¿nadie capaz de neutralizarle con un disparo eficiente en órganos no vitales?… Bien es verdad que mostrando unos falsos cinturones explosivos. Podrían haber sido verdaderos, es cierto. Pero de serlo ¿a nadie se la pasa por la cabeza que podrían haber sido activados justo al fallecer el protagonista y dejar de presionar cualquier pulsador? No se piensa en ello. A pesar de que hay entre los Mossos quien dice “basta ya”, se sigue disparando profusamente. Hasta que el joven cae. No hemos podido ver cómo fueron abatidos los otros cuatro. Pero podemos inducir un patetismo similar…

El cuarto suceso no lo hemos podido ver, pero por los datos que han proporcionado bien podemos imaginar el thriller: un hombre solo, en medio del campo, sin proximidad a terceros a quienes podría generar peligro. No lleva armas de fuego (en ningún lugar consta que así fuera), y está a no menos de quince metros de la pareja de Mossos –parece ser que con incumbencias de mantenimiento de la seguridad rural- a quienes, después de unas denuncias de detección del terrorista, se ha enviado a la misión. Parece que estaba agazapado en un viñedo. No parece que hay realizado ningún gesto de amenaza, excepto decir “Alá es grande”, y mostrar su cinturón de falsos explosivos. Es cierto: podrían haber sido reales, aunque después de lo de Cambrils, la mayor probabilidad es que fueran falsos… Y se le dispara a matar, sin considerar ninguna otra opción. Sin haber enviado al lugar otros refuerzos, tal vez mas experimentados (a 50 kilómetros de Barcelona un helicóptero llega en nada…).

Hay unas consideraciones de tipo práctico que nos dicen que una mirada más completa sobre Alcanar habría llevado a un interrogatorio al hospitalizado, que es el que más información parece haber dado posteriormente. Y nos dice que unos terroristas vivos pueden proporcionar una información muy valiosa, no solamente sobre su propia acción, sino sobre contactos, relaciones y conexiones internacionales… Por lo cual, matar sin más a los terroristas –sigo en el terreno práctico- no parece una acción de quien ha de contemplar en cada momento que la lucha antiterrorista no es solamente liquidar un hecho criminal puntual. Dentro de las mismas consideraciones prácticas, dejar marchar, sin persecución, a un coche que se salta agresivamente un control, sin perseguirle y sin poner sobre él a todo un operativo de seguimiento, parece un acto igualmente descoordinado, ineficiente y desconectado de una estrategia sólida.

Pero hay algo que va mucho más allá de las consideraciones prácticas. Y que –desgraciadamente- desborda nuestras fronteras: matar terroristas es una tónica en los últimos atentados en Europa. Tal vez se supone que es una buena anestesia para el dolor de las víctimas y para el miedo de los ciudadanos. Pero estamos hablando de vida. Aunque sea de terroristas, estamos hablando de vidas humanas. Y por ese camino es muy fácil deslizarse hasta el reconocimiento de la pena de muerte. Y en este caso, aún peor, porque se acerca incluso más a un linchamiento. Y además de vidas tenemos que estar hablando de derechos civiles: sí derechos incluso de presuntos criminales. ¿Y si el del viñedo de Subirats no hubiera sido el terrorista buscado?

Honradamente pienso que el trabajo que se ha realizado con los atentados de Cataluña tiene muchas facetas encomiables. Pero con estas –al menos- cuatro incógnitas (he buscado un concepto no hiriente), por una parte no considero que debamos sacar pecho, y por otra, creo que hay mucho que reflexionar sobre cómo enfrentarse correctamente ante la lucha antiterrorista.

Cuatro sombras sobre las acciones antiterroristas en Cataluña