viernes 27/11/20

Los santos indecentes

Se echan a la calle porque se sienten seguros pagando médicos supuestamente privados que, a la primera de cambio, cuando vienen mal dadas, buscan el burladero de la Sanidad pública para hacerles la resonancia o para que les apliquen el tratamiento costoso que pagamos entre todos.

Se echan a la calle porque añoran los tiempos en los que a papá, o al abuelo, le traían el sueldo a casa por pasar un par de ratos a la semana por el INI, por Renfe, por los “sindicatos” verticales o por la Fiscalía de Tasa.

Se echan a la calle porque añoran, tal vez, poder acercarse a la tienda pija donde los tratan con reverencias, a probarse el modelito que casi nunca ni siquiera compran.

Se echan a la calle porque llevan cuarenta años soportando que una pandilla de desharrapados decida quién gobierna en España. Y porque, aunque voten a los “suyos”, se oponen después a que se apliquen las normas hechas como dios manda, tanto para mantener la disciplina laboral como la social.

Se echan a la calle porque les conmueve el llanto desgarrado de la pobre señora Ayuso que, en lugar de dotar de medios a la Sanidad de atención primaria con el fin de que hagan frente a la pandemia, se dedica a denostar al gobierno que intenta aplicar las mismas reglas a todos para combatir los contagios.

Se echan a la calle, desesperados de ver el luto que un ratito al día guarda la señora Ayuso, acompañada a veces por el señor Casado y por don Teodoro. Luto por esos muertos, cuya mitad fallecieron casi abandonados en residencias de mayores por las que debería velar la propia señora Ayuso cumpliendo sus competencias.

Se echan a la calle porque están hasta las narices de que esto de las libertades democráticas ampare a los desheredados que antes les llamaban “señoritos” y ahora se atreven a decir que todos somos iguales...

Y alguno habrá -no me cabe la menor duda- que, venezolano él o ella, compró la residencia porque le venía de serie con la compra de la casa...

¿Demagogia? Sí. La de quienes exhiben su desvergüenza incitando estas revueltas de pasacalle, a ver si algunos militares, que antes les animaban los pasacalles y los salones, se deciden a aplastar nuestro sistema de derechos y libertades.

Pero no caerá esa breva, porque este Estado de Derecho ha consolidado un cuerpo inmenso y responsable de servidores públicos, que están dando la talla en todos los niveles, y que no van a escuchar el canto de ganso de un puñado de piantes que se envuelve en banderas un rato cada día.

Mal que le pese a la señora Ayuso y sus intentos de convocar a la revuelta. A esa señora Ayuso autoconvertida en viuda sin difunto... O quizá con varios miles de difuntos indebidamente fallecidos en sus residencias.

Los santos indecentes