jueves 05.12.2019

La España urgente

Portugal fue un ejemplo de cordura in extremis, y de negociación responsable. Cuando estaba a punto de gobernar la derecha, hubo un acuerdo de gobierno que ha resultado fructífero desde el punto de vista político, social y económico. Que no ha estado exento de posteriores discrepancias y tensiones -como el del sueldo de los docentes, por ejemplo-, pero que está permitiendo sacar al país del atolladero al que el fiasco financiero universal, y las políticas madrastras de la UE, le habían llevado.

España está en ese último minuto en el que un inexplicable desencuentro de la izquierda puede dar al traste con los resultados alentadores de las elecciones del 28A, y con la oportunidad de construir en cuatro años una política a favor de una España Social y Progresista.

Cierto que es incomprensible que Unidas Podemos (que por otra parte está rompiendo sus propias uniones internas en Asturias, La Rioja y Galicia) no haya entrado a debatir un proyecto de gobierno, y ni siquiera haya nombrado su equipo negociador para ello. Y que su única obsesión visible sea una variación, en muchos casos contradictoria, de propuestas exclusivamente centradas en participar en el consejo de ministros. Contradictorias, porque ha pasado de afirmar que no exigían ministerios de Estado, a considerarse devaluados cuando el candidato a la presidencia les ha ofrecido ministerios técnicos. Con el famoso remate de la calificación de “idiotez”, por la que Pablo Iglesias ha tenido que medio-disculparse.

España está en ese último minuto en el que un inexplicable desencuentro de la izquierda puede dar al traste con los resultados alentadores de las elecciones del 28A, y con la oportunidad de construir en cuatro años una política a favor de una España social y progresista

Cierto es que en determinados temas de Estado puede haber discrepancias de fondo. Pero en eso habría que haber tomado la palabra a Pablo Iglesias y hacerle firmar inmediatamente el pacto que ofreció comprometiéndose a que esas políticas de Estado las dirija -sin discrepancias- el presidente de Gobierno. Aunque su formulación no fue esa, la traducción clara y rotunda tendría que ser así.

Cierto es que el PSOE ha nombrado equipo negociador para elaborar conjuntamente un programa de gobierno y de legislatura. Y que ha ido flexibilizando su postura desde “que no entren en el consejo de ministros” hasta que tengan algunos ministerios técnicos.

Pero también es cierto que determinados asesores del candidato pueden haberle radicalizado demasiado en esa posición, y que le han llevado a pedir demasiadas veces la abstención de PP y Ciudadanos. Porque una cosa es dejar clara la voluntad de lograr la gobernabilidad y evitar elecciones, y dejar en evidencia que las derechas que se autoproclaman de centro y constitucionalistas (“dime de qué presumes y te diré de qué careces”), y otra cosa es parecer que se está mendigando algo, o que se prefiere gobernar con el apoyo de esas derechas. Algo que es radicalmente falso y que sería catastrófico.

Y también es cierto que muchos de los que -con declaraciones, manifiestos, opiniones, y otros métodos- están presionando al candidato para que no deje entrar a Podemos en el consejo de ministros, si de verdad quieren ayudar tendrían que estar mediando y ayudando a negociar las alternativas adecuadas a esa situación. Porque si no, están llevando al candidato a un callejón sin salida, y al país a unas nuevas elecciones, que son lo que menos necesitamos en estos momentos.

Aunque España no es un país de peleas de gallos (aunque “haberlas haylas”, y siempre las ha habido), no podemos terminar en ese escenario, cuando lo que nos jugamos es algo con una enorme carga política y social; y también económica. Ni podemos terminar en el escenario de que cada partido de la izquierda se convierta en un foco de sectarismo, generando una situación en la que convirtamos al contrincante en enemigo, olvidando las necesidades amplias y profundas de la población, y dejando que los verdaderos enemigos de las soluciones a esos problemas de la población campen a sus anchas en los espacios de poder que están logrando, y terminen marcando la pauta ideológica. Que es lo que las tres derechas están haciendo en Madrid y Andalucía: territorios que vienen a sumar la tercera parte de la población de España.

Urge España. La España Social y de Progreso para la que en este momento hay correlación de fuerzas para construir. Y eso es lo que tiene que pesar en este momento. Personalmente soy partidario de una opción como la portuguesa, en cuanto a acuerdo y forma de gobierno. Pero por encima de esa preferencia -por coherente que sea-, prima la España Social y de Progreso. Y si hay desconfianza sobre cierto oportunismo en diferentes ocasiones demostrado de Pablo Iglesias, casi es mejor atarle con unos acuerdos que dejen claro quién marca las políticas de Estado, y que comprometan desde dentro a Podemos en las decisiones -no siempre complacientes- que hay que tomar cuando se gobierna.

La España urgente