Una “capa plagada de casualidades” que trata de encubrir un cúmulo de éticas piojosas, en el que la URJC y la propia Cifuentes no pasan de ser unos piojos más en el conjunto

Tuve un profesor de latín que repetía con frecuencia un chiste malo y arcaico: “Señor, tiene usted un piojo en la capa”. “Será una casualidad”. “Señor, tiene usted otro piojo en la capa”. “Otra casualidad”… “Señor: tiene usted la capa llena de casualidades…”.

El “caso Cifuentes” está lleno de más que sospechosas casualidades. Si sólo fuera que no aparece su trabajo de fin de máster, o que se produjeron supuestos errores en sus calificaciones, no subsanadas, por cierto, de la manera legalmente adecuada, o que primero ella admite no haberse presentado en su momento, pero que creía haberse presentado más tarde, cuando una hora después el rector Ramos afirma que sí se presentó y que todo era un “error de transcripción”… Y que el mismo rector, poco después ordena una comisión de investigación porque no parece tenerlo tan claro… Y que el mismo rector termine enviando el asunto a la fiscalía, porque de pronto aparecen indicios de posibles delitos. Y que hayan exhibido un acta que terminó siendo falsa. Y que afirmen que se produjo la presentación del trabajo fin de master para acabar finalmente diciendo el rector que eso no se produjo. Y que el director del master y el rector comiencen muy bien avenidos para terminar a la greña, mientras se va revelando que el susodicho director de master dirige a su vez un chiringuito (el Instituto de Derecho Publico) desde el que se venden masters en ofertas de “dos por uno”, y que a su vez tiene concertados esos master con academias privadas extra-universitarias…

En poco menos de un mes todos hemos asistido a una exhibición de malas artes, de una nefasta gestión de lo público, de desfachatez en la defensa de lo indefendible, de chalaneo entre los actores para ver cómo sostienen sus falsedades, y en definitiva cómo mantienen sus respectivos puestos. Rematado todo ello con el broche de una presidenta de la Comunidad de Madrid afirmando en sede parlamentaria, con todo desparpajo y desvergüenza, que le prepararon un master a medida, sin asistencia a clases, sin exámenes… Y salió indemne. Y no sólo salió indemne, sino que después su partido, el PP, y ella misma, quisieron rizar el rizo haciéndola pasar por víctima de la URJC… Y generando una apoteosis final con su beatificación en la convención de Sevilla, e iniciando un cínico conato de persecución hacia quienes dieron a conocer las ilegalidades.

Una “capa plagada de casualidades” que trata de encubrir un cúmulo de éticas piojosas, en el que la URJC y la propia Cifuentes no pasan de ser unos piojos más en el conjunto. La manifestación de un caso más en un cúmulo de comportamientos reprobables en el que la creación de una universidad “pública” para colonizarla con clientelares tribus de afinidad ideológica y familiar, revela a las claras la concepción invasora y posesiva que la Derecha española tiene del bien público. Invadir, y hasta saquear, lo público, privatizar, privatizar y privatizar.

Algo que a lo largo de los años de rutina democrática se ha convertido en una plaga (no vale la pena recordar toda una extensa trama de casos de corrupción) que ha invadido la Sociedad. Hasta el punto de que también se han contagiado sectores de la Izquierda, y de que se han creado actitudes sociales de permisividad, tolerancia e indiferencia. Una especie de galbana generalizada que deja el campo libre a los aprovechados, que fomenta el escepticismo y la impotencia y que desarma a la ciudadanía.

No, no basta con una moción de censura en la Comunidad de Madrid. Claro que hay que hacerla y ganarla: el apaño de Rivera y su gente de mantener al PP en el gobierno para seguir chupándole la sangre y engordar a su costa hasta las elecciones de 2019 no es sino una muestra más de esa “ética piojosa” y contaminada. Pero además de una moción de censura, los partidos políticos que quieran de verdad sanear la situación tienen que conectar con la ciudadanía, demostrarle en la práctica que es posible una regeneración, predicando con el ejemplo, y promoviendo unos proyectos de limpieza y transparencia.

Ángel Gabilondo está proponiendo algo de ese estilo. Estaría bien que le diéramos la oportunidad de gestionarlo. Estaría bien que ni PSOE ni Podemos desviaran su propósito con cálculos partidistas. Y estaría bien que Ciudadanos demostrara por una vez que no anda en relación con el PP en la dialéctica del amo y el esclavo, y que no antepone sus expectativas electorales a los intereses públicos.

Este país –y no sólo la Comunidad de Madrid- necesita un esfuerzo público y colectivo para superar la miseria moral en la que ha desembocado.