lunes 26.08.2019

Aquí pasó lo de siempre…

“Señores guardias civiles:
aquí pasó lo de siempre.
Han muerto cuatro romanos
y cinco cartagineses".

Es el mejor resumen que podríamos encontrar para definir la sesión de constitución de las Cortes en la XII Legislatura. Lo escribió Federico García Lorca hace noventa años en su romance “La Reyerta”, del Romancero Gitano.

Y lo de siempre es que para lograr grupo parlamentario y embolsarse dos millones de euros, CDC –o como se llame- es capaz de votar la mesa del PP-Ciudadanos, y de mentir después para negarlo. Y el PP puede perder de pronto los escrúpulos contra un partido secesionista al que, por cierto, ha espiado y perseguido policialmente casi al margen de la ley. Y lo de siempre es que PNV también es capaz de mentir para ocultar su voto a la mesa del PP-Ciudadanos, no se sabe muy bien si por estar en la mesa del Senado, o por ir preparando futuras alianzas en Euskadi.

Y lo de siempre es que la política no es un juego virtual de poderes imaginarios, ni de intrigas de salón, ni de especulaciones en un departamento universitario, sino un juego de intereses muy definido, con el toma y daca perfectamente articulado, con intercambio de cromos, de regalías o de subsistencias.

Y en ese juego de intereses –lo de siempre- ha habido tres dirigentes de partidos (o coaliciones) que no lo han visto venir. En la fallida legislatura pasada, los tres tuvieron en sus manos la posibilidad de un cambio en España, la posibilidad de haber articulado unas políticas que en cualquier país democrático se conocen como de centro-izquierda. Sí: de centro. Porque entre PSOE y Podemos, más Izquierda Unida, podrían haber puesto las bases para que Ciudadanos recuperara los espacios que quedaron vacantes tras el fracaso de UCD: durante años los liberales jugaron un papel no desdeñable, por ejemplo en Alemania, participando en ocasiones de alternativas progresistas. Y a nadie se le cayeron los anillos por eso.

Pero había que rizar el rizo, y resucitar la aventura del “sorpasso”, más trasnochada que el que la fundó, y forzar unas elecciones para ello, y dar de lado durante medio año a la situación de emergencia social de la gente, que en último término es lo único que importa. Y había que jugarse todo a la carta de ser presidente a toda costa, y aceptar por adelantado el reto de ganar una victoria personal pírrica, contra barones internos y contra el “sorpasso” que se avecinaba. Y por andar distraído no se llevaron bien las negociaciones que requerían habilidad, cintura, finura y una buena dosis de serenidad.

Y así pasó lo de siempre. Y los tres se la jugaron a perder. Uno –Iglesias-, dejándose más de un millón de votos en la gatera (tal vez para sufragar un buen epitafio a un maestro cordobés…) para terminar descubriendo que aquel “gobierno de progreso” que preconizaba –y que hasta hace dos días seguía propugnando- era una mentira nada piadosa, porque no tenía pactado nada con un PNV y una CDC que a la primera de cambio volaron a buscar el alpiste que les echaba Rajoy desde su perezoso trono.

Y pasó que Rivera amagaba y no era capaz de dar. Y que perdió la oportunidad de ser algo más que el comprador de una franquicia del PP. Casi flor de un día –o de una legislatura que duró poco más de un día-, presa tal vez del miedo escénico, porque quizá no da la talla para reinventar algo parecido a la UCD. Y ahora, a pedalear de gregario, casi sin espacio propio, hecho un cadáver de sí mismo.

Y Sánchez, en el fondo del pozo, exhibiendo la derrota de su victoria pírrica sobre el “sorpasso”, pero aún sin dar señales de que ha captado el mensaje de por dónde ha de ir la regeneración del PSOE. Y de que los estilos personalistas, de “yo presidente”, primera dama y marketing de bandera, no forman parte del estilo socialista.

Y aquí pasó lo de siempre. Que es justo lo que desde la Izquierda tendríamos que estar esforzándonos en remediar.

Aquí pasó lo de siempre…