domingo 31.05.2020

Las violetas imperiales de Pablo Casado

Es de juzgado de guardia la inculta intromisión de Casado en la historia. Pero, todavía, lo es más la ofensa a los pueblos latino-americanos

Pablo Casado está probando diversas recetas para, de un lado, resistir el embate de Vox y, de otro lado, impedir el adelanto de Ciudadanos en las próximas elecciones andaluzas. Pablo Casado vocifera a destajo. Son recetas de granítico retorno al pasado. Al tiempo de las violetas imperiales. “España no colonizó a América. Gibraltar español”. De vuelta a lo que hemos ido dejando atrás de una manera fatigosa. No tardará en reivindicar los Tercios de Flandes. «España y yo somos así, señora», que dijera Eduardo Marquina. El macizo de la raza. Olor a chotuno de aquella asignatura tóxica que padecimos en mis tiempos de adolescente: la Formación del Espíritu Nacional.  

No hace falta decir que esta verborrea de Casado tiene un interés no disimulado: rebañar votos en todos los sectores del microcosmos de las derechas ultras buscando hacer un pleno al catorce. Desde los que siguen cantando Montañas nevadas hasta los que gritan el «¡A por ellos, que son de regadío!».

Es de juzgado de guardia la inculta intromisión de Casado en la historia. Pero, todavía, lo es más la ofensa a los pueblos latino-americanos. Hasta la presente, nadie de su partido le ha llamado al orden. Ni nadie le ha hecho ver la convergencia entre su revisionismo histórico y las fábulas de cierta historiografía independentista.

Pero son peores los problemas que puede crear este caballero. Especialmente con Europa. Precisamente en unos momentos de tensión entre la Unión Europea a propósito del brexit, el presumible candidato a la presidencia del gobierno español se descuelga con el castizo «Gibraltar español». Por no decir con el Reino Unido. En suma, el caballerete está creando más problemas a una convulsa Europa, que sólo le faltaba esto. Éramos pocos y parió la abuela.  

Las violetas imperiales de Pablo Casado