jueves 24/9/20

Pablo Casado y Puigdemont, ese agujero negro

Parece que, de momento, las aguas han vuelto a su cauce. Los ministros del PSOE y los de Unidas Podemos vuelven, por ahora, a llevarse mejor. Aunque sea en apariencia, vale la pena. Porque, pensamos, a la política española le faltan buenas apariencias. Que dure. 

1.--- Dos son los datos que le dan una connotación positiva de la realidad: uno, el acuerdo entre los partidos del gobierno para la elaboración de los Presupuestos generales del estado; dos, la decisión de Ciudadanos de entrar en la negociación de las cuentas públicas. Esa «realtà effettuale» se completa, no obstante, con un agujero negro: la gravísima posición de dos atolondrados personajes Pablo Casado y el hombre de Waterloo. Dos hombres instalados en una loquinaria posición que adquiere mayor gravedad ante los nuevos rebrotes del covid-19 y la situación económica. Extrañas derechas, cuyo lema podría ser este: si no estamos nosotros, que venga el diluvio. Por eso, por ejemplo, Pablo Casado se niega a arrimar el hombro. Este parte del agujero negro (la otra correspondería a Waterloo) genera un campo gravitatorio cuya masa le impide proponer soluciones a los problemas del país; extraño personaje que empieza a ser visto caritativamente en la Unión Europea como un cantamañanas. La otra parte del agujero es –como hemos referido— ese Puigdemont, diligente organizador de rupturas de gentes que, hasta no hace tanto tiempo, le eran fieles. 

La novedad, ahora, en el agujero negro de Waterloo no es su confrontación con España. Lo nuevo es, por este orden, lo que sigue: la lucha a degüello entre las dos fracciones políticas que hasta ahora le eran obedientes; el control férreo del entramado movimientista, léase Assemblea Nacional Catalana, los Comités de defensa de la república y aquellos corpúsculos clandestinos que sólo ellos conocen. Lo nuevo, por tanto, es la desestabilización que –queriendo la mayoría de las veces y sin querer las menos--  están creando en Cataluña. De manera que la presión contra España ya no es directa sino muy oblicua. El daño ahora que pueden hacer es el que se desprenda de los contagios del virus por el disparate de las cien manifestaciones que convoca la ANC el día 11 de setiembre. 

2.--- En todo caso, me apetece decir que, tras el nuevo abrazo del PSOE -- UP y  la reorientación crítica de Ciudadanos, los agujeros negros, no siendo inocuos, son de momento fuegos artificiales. Por lo que entiendo que se puede llegar a esta consideración: la unidad de acción del PSOE y Unidas Podemos no sólo de freno a las locuras de Casado sino, también,  que el Partido Popular baje del monte a la ciudad.  

Pablo Casado y Puigdemont, ese agujero negro