miércoles 08.04.2020

Franco debe seguir siendo un muerto

Franco-en-Cuelgamuros,-1959_-Foto-de-Marc-Riboud-1Nada es más poderoso que la muerte. Y de eso saben mucho quienes defienden que no se trasladen los huesos, o lo que quede, del otrora CaudilloporlaGraciadeDios. Lo saben porque lo sufrieron en sus carnes y, sobre todo, porque no tuvieron ninguna duda en considerar que la muerte (de los otros) era la solución a la encrucijada española del siglo XX. Lo sufrieron poco en sus carnes, pero lo sufrieron. Algunos de ellos mucho. No lo olvidemos. Como la memoria siempre es selectiva, lo que recomiendo es que se acuda a los historiadores. A los que explican el pasado. A los que lo comprenden antes de explicarlo. Porque los historiadores queremos ser los nautas del mundo extinguido donde navegan el cambio y la perdurabilidad.

[Franco en Cuelgamuros, 1959. Foto de Marc Riboud]

La memoria del dictador Francisco Franco no debería disponer de un mausoleo redentor de su infamia, ni un monumento sagrado atizador de una Victoria con mayúsculas y por tanto de una derrota dolorosa. Decidir llevar a otro lugar sus restos no es una decisión infame. No lo es. Mantener que es una fechoría intentar subsanar ese error moral, esa anomalía civil, es, sin lugar a dudas, situarse moralmente del lado de quienes decidieron y asumieron y acometieron todos aquellos crímenes justificados por el miedo al desorden y al cese de los privilegios de unos pocos.

Saber sacar de Cuelgamuros el cadáver y la representación fastuosa de Franco no va a ser fácil. El pasado huele tan mal a menudo que el presente es incapaz de seguir su curso sin taparse la nariz y mirar para otro lado. Pero mirar para otro lado, hacia adelante, es incompatible con decidir convenientemente qué hitos del pasado merecen ser conmemorados y cuáles ser relegados a las páginas donde los historiadores escribimos la Historia.

Franco debe seguir siendo un muerto