lunes 01.06.2020

Falacias de la anti España y campañas desmesuradas

Las reacciones ante la utilización de la bandera en la proclamación de Sánchez ha puesto una guinda de desaguisados difícilmente superable.

En épocas de crisis e incertidumbres suelen surgir pronunciamientos, estrategias y campañas bastante exageradas. Campañas que, cuando se analizan con cierta distancia y tranquilidad, acaban resultando desmesuradas, incluso para aquellos que las promovieron en su día, en momentos de nerviosismo y precipitación.

Una de las campañas más extremistas y dislocadoras que se recuerdan en la historia de España es la que fue perpetrada en su día por los sectores más radicales de la derecha calificando a la izquierda española como la anti-España. Con el eslogan arrojadizo de “la anti-España” se intentaba meter en un mismo saco todos los posibles males, renuncias, traiciones y alevosías que podían cometerse contra el ser y sentir de España. Los “rojos” españoles fueron presentados como traidores al espíritu patrio, como instigadores de la destrucción de España, como separatistas, comecuras, vendepatrias,saqueadores de la riqueza nacional, usurpadores ilegítimos de la representatividad nacional, y un largo rosario de despropósitos y maldades. Todos los padecimientos de España, en suma, se consideraban fruto de ese carácter esencialmente negativo de la izquierda española de la época. Y, desde luego, en la “izquierda” situaban a todos los que no eran estrictamente los “suyos”.

Ni que decir tiene que con tal tipo de campañas lo que se intentaba era alentar reacciones emocionales y de odio total contra esa izquierda que no se estaba dispuesto a tolerar que continuara viva en la faz de España. Y lo de “continuar viva” no es ninguna metáfora.

Como todos sabemos, aquellos vientos trajeron terribles tempestades, problemas y retrasos para el conjunto de España. Problemas y tempestades que, precisamente, intentó –e intenta─ desterrar la actual Constitución española.

Por eso, ha causado auténtica sorpresa la campaña desmesurada desplegada por los líderes más conspicuos del PP después del estrepitoso desplome que han experimentado en las elecciones autonómicas y municipales. El intento de atribuir a Pedro Sánchez la culpabilidad de su desalojo del poder, y la pretensión de presentar al actual Secretario General del PSOE como un rojo peligroso, como un separatista y un anti patriota feroz, como propiciador de los mayores radicalismos y como culpable de que hayan sido aupados al poder unos “usurpadores” que obtuvieron en las urnas los votos de la desesperación, la indignación y la injusticia causada por las políticas del PP; todo eso en suma no deja de resultar un remedo simplón e inapropiado de algunas de las viejas inclinaciones reaccionarias de la derecha española. En suma, tales despropósitos han traído a la memoria malos recuerdos históricos; y malas, muy malas, prácticas políticas.

El hecho de que determinados sectores del PP persistan en dicha campaña de anti socialismo primario, una vez que se les ha pasado el primer calentón de la derrota electoral, no deja de resultar mucho más preocupante, ya que se trata de una vía por la que los problemas no tenderán a encauzarse y orientarse hacia soluciones razonables, sino todo lo contrario.

Ser demócrata y ser buen español ─y buen europeo─ no consiste solo en sacar pecho y elevar la barbilla cuando las cosas van bien y los vientos soplan a favor. Ser demócrata es saber perder con elegancia y dignidad y asumir que los adversarios políticos tienen derecho a formar gobiernos alternativos si tienen más escaños en los parlamentos o más votos en las urnas. Y que no por ello dejan de ser dignos de respeto y consideración.

Y como colofón de estas rabietas veraniegas, las reacciones ante la utilización de la bandera constitucional de España en el acto de proclamación de la candidatura de Pedro Sánchez a la futura Presidencia del Gobierno de España, ha puesto una guinda de desaguisados difícilmente superable. ¿Por qué se encuentran tan nerviosos algunos dirigentes del PP ante esta muestra de normalidad política constitucional por parte de Pedro Sánchez? En la mayor parte de los países de nuestro entorno tal proceder es algo totalmente habitual, que nadie sensato se atreve a cuestionar o a criticar. ¿Por qué lo han hecho ciertos personajes de la derecha en el caso de España? ¿Han visto arrumbado cualquier resto de credibilidad en su campaña de la nueva anti España? ¿No saben a qué aferrarse ahora, ni cómo arremeter contra el PSOE y contra Pedro Sánchez?

No sé si algún psiquiatra o algún experto en síndromes freudianos será capaz de encontrar una explicación plausible a tales maneras de reaccionar. Pero lo cierto es que los politólogos y los sociólogos en esta ocasión lo tenemos bastante difícil. A no ser que…

Falacias de la anti España y campañas desmesuradas