martes 15.10.2019

España ante el abismo de la deuda

Estrenamos hace unas semanas el año 2013. Y con él se cumplen cinco años de la crisis económica más importante que recuerda la Unión Europea desde su fundación. Desde entonces han cambiado mucho las cosas a todos los niveles. El inicio de una simple crisis económica que nadie anticipaba ha pasado a poner en entredicho el futuro de la Unión Europea e incluso las bases del propio sistema económico capitalista en sí.

Estrenamos hace unas semanas el año 2013. Y con él se cumplen cinco años de la crisis económica más importante que recuerda la Unión Europea desde su fundación. Desde entonces han cambiado mucho las cosas a todos los niveles. El inicio de una simple crisis económica que nadie anticipaba ha pasado a poner en entredicho el futuro de la Unión Europea e incluso las bases del propio sistema económico capitalista en sí.

Uno de los países que mejor ejemplifica esta crisis es España. Aunque sus efectos se notaron más tarde en otros países, éstos están constatando una enorme virulencia. El estallido de la crisis derivada de las hipotecas sub-prime en EEUU y los activos tóxicos supusieron un cierre del grifo del crédito por parte de las principales entidades bancarias. Esto afectó especialmente a España, cuya economía crecía a un gran ritmo aunque su modelo económico estaba demasiado expuesto a la actividad inmobiliaria. Muchas de las empresas, ligadas directa e indirectamente al ladrillo, basaban su actividad en el crédito. Sin embargo, lo que se preveía como una situación transitoria ha pasado a ser casi permanente, lo que ha acabado ahogando a muchas empresas. Se genera así un círculo vicioso en el que el cierre de empresas supone reducciones de empleo, despidos y nuevos parados (26% en 2012 según el Instituto Nacional de Estadística (INE)) que lleva a que muchos no puedan afrontar sus pagos.

La gran actividad inmobiliaria derivada del boom inmobiliario de principios de siglo generó un gran excedente de viviendas construidas. Ante la falta de acceso al crédito, la demanda de viviendas cae estrepitosamente desde 2008, lo que genera la aparición de importantes bolsas de viviendas vacías. Ante la situación de grave crisis del país muchos españoles no encuentran trabajo y, en consecuencia, acaban por no poder afrontar sus hipotecas. Esto conlleva a un fuerte incremento del número de desahucios, paradójicamente en un país con una enorme bolsa de viviendas vacías. Según estadísticas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), desde que estalló la crisis se han producido en España unos 334.080 desahucios.

Pero por encima del propio desahucio, el gran drama social que está viviendo España es el de los suicidios. A nivel internacional existen ya algunos estudios en los que se relaciona el impacto de la crisis y el número de suicidios. Para el caso de Grecia, un estudio ha concluido que entre 2009 y 2011 el número de suicidios en ese país se incrementó en un 37% (1). En España no se observa un incremento del número de suicidios, al menos hasta 2010 (2), aunque en los últimos años en los que la crisis se ha recrudecido, el INE no publica datos y desde algunos medios se acusa de una falta de información clara (3). En este contexto, la PAH cifra en aproximadamente un tercio el porcentaje de suicidios que se deben a procesos de desahucio en España.

Los respectivos gobiernos consideran a la deuda pública como la culpable de la crisis. De los llamados PIIGS (4), todos los países del grupo salvo España, presentan desde antes de la crisis unos altos índices de deuda pública. La dificultad por poder financiarla en una situación económica adversa acabó levantando suspicacias y desconfianza en los países del entorno, originándose una crisis de los mercados. En el momento en el que las agencias calificadoras y/o los mercados, a veces de forma un tanto premeditada, desacreditan la confianza de un país, se incrementan los intereses llegando hasta límites considerados como insostenibles (a partir del 7% aproximadamente). Es en este momento en que la Unión Europea ofrece una solución alternativa interviniendo en la compra de deuda a menores intereses (en torno al 4%) a través del Banco Central y otros mecanismos.

No existe un límite claro a partir del cual interviene la UE, ya que éste depende de una serie de factores complejos relacionados como el coste que va a suponer el rescate, el riesgo de un efecto contagio o el interés por parte de los países acreedores por intervenir un país para agilizar y priorizar el pago de sus deudas. Grecia fue rescatada en 2010 con una prima de riesgo de unos 1000 puntos y una deuda pública de un 140% de su PIB; Irlanda también fue rescatada ese mismo año con una prima de riesgo de unos 580 puntos y una deuda pública del 95% mientras que Portugal fue rescatada un año después, en 2011, con una prima de riesgo ligeramente superior a la irlandesa, de unos 600 puntos, y una deuda pública de un orden similar. Sin embargo, Italia aún no ha sido rescatada, a pesar de llegar a superar tasas de prima de riesgo de 649 puntos en julio de 2012 y una deuda pública de orden del 120%. Influye así un último factor sobre la decisión de rescatar a un país: el coste político. Este probablemente ha sido el motivo por el que se ha retrasado un eventual rescate a España e/o Italia, ya que en los próximos meses la canciller Ángela Merkel concurrirá a unas elecciones generales, siendo consciente de que una buena parte de su población (en torno al 54% según una encuesta del diario Der Spiegel en julio de 2012 (5)) es contraria a pagar rescates a los países del Sur. A ello se une un descrédito político hacia los gobiernos neoliberales y conservadores tanto en otros países europeos como en muchos de los länders alemanes en los que la coalición de su gobierno, formada por democristianos del CDU y liberales del FDP, ha ido perdiendo.

Pero el rescate europeo, a pesar de soliviantar una dura situación y otorgar solvencia al país deudor, no es la panacea. La aceptación del rescate europeo conlleva enormes exigencias en la implantación de una serie de políticas por parte de un grupo de expertos económicos ajenos al país, cuyo objetivo primordial es el ajuste contable del país, lo que acaba suponiendo una cesión de la soberanía del propio pueblo a favor de los mercados externos.

España al contrario del resto de los países del sur de Europa presentaba a principios de la crisis un endeudamiento público muy bajo. La deuda pública española ha pasado del 36,3% del PIB en 2008 a un 85-90% aproximadamente en 2012. Este último es todavía un dato provisional a falta de que el dato oficial salga publicado a mediados del mes de marzo. La escalada del volumen de deuda es continuada y cada vez más acusada, hasta el punto de que las propias previsiones son superadas con creces. La deuda pública española al cierre del 2012 superará seguramente en unos 5-10 puntos lo que había pronosticado el gobierno unos meses antes, en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2012. De esta forma, el primer año del gobierno conservador de Mariano Rajoy supone el más fuerte incremento anual de deuda en la historia del país. Y esto a pesar el año de los grandes recortes. Y las previsiones futuras son incluso peores. Según la Comisión Europea (CE), la deuda pública española pasará al 95,8% al 2013 y el 101% en 2014.

La superación del umbral del 100% del PIB es, aparte de una barrera psicológica importante, una puerta a ninguna parte. En Octubre de 2012, el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su publicación Perspectivas de la Economía Mundial, advertía que los países que superaban esa cifra no habían conseguido revertir la tendencia, cayendo así en un profundo estancamiento económico (6). El mismo estudio cita así dos únicas excepciones en dos contextos históricos puntuales: Grecia en los años 1990, tras la entrada en la CEE y la llegada de los fondos de cohesión, y Canadá en los años 1930, un país alejado de la guerra en un contexto histórico pre-bélico (7).

El origen de la escalada del volumen de la deuda pública española está en la propia burbuja inmobiliaria vivida por el país desde principios de la década pasada y en el hecho de que muchas administraciones públicas se habían acostumbrado durante los años buenos a recibir grandes ingresos en sus cuentas. De esta forma se permitieron el lujo de incrementar exponencialmente su volumen de gastos sin considerar que la situación económica era extraordinaria. Y nada más lejos. El hecho de no aprovechar este ciclo económico favorable para apuntalar las bases de un sistema productivo más estable y sostenible fue la clave desde donde se generó, como un efecto bola de nieve, el estado de crisis actual.

Al incremento descontrolado de la deuda pública española inducen los grandes déficits públicos y la contracción de la economía que lleva a una caída del Producto Interior Bruto (PIB) y a un aumento del número de desempleados, cuyo amparo por parte del Estado incrementa enormemente el gasto social. Pero además, en los últimos meses, los costes de la recapitalización y saneamiento de la banca y los compromisos de ayuda a los rescates de otros países agravan la situación. Todo ello incrementa el volumen de la deuda y los intereses para la refinanciación de la misma, que solo entre 2012 y 2013 crecen en un 34% aproximadamente y supondrán en torno al 30% del total de gastos contemplados en los PGE del 2013.

El descontrol de la deuda es la situación que amenaza el presente y las perspectivas económicas futuras del país. Sin embargo no es la deuda pública la culpable de la situación española, sino que es la privada. Daniel Fuentes hace un brillante análisis del problema de la deuda en uno de sus artículos (8). Imaginemos cuál fue la magnitud real la deuda privada española, cuando la relación entre la deuda pública y privada llegó a ser 1:8 al inicio de la crisis. Aunque cierto es que la influencia de la primera y la situación de bonanza vivida por el país hasta el 2008 era completamente responsable de que la deuda pública cayera a su nivel más bajo en 2007. Respecto a la deuda privada no financiera, tanto los hogares y como las empresas han sido los grandes culpables del endeudamiento español, suponiendo en términos aproximados a principios de la crisis unos niveles equivalentes a algo más del 80% y 130 del PIB respectivamente. El cierre del crédito con la llegada de la crisis ha imposibilitado el endeudarse más, produciéndose así un efecto de estabilización o apalancamiento de la deuda privada. Sin embargo, la deuda pública y la sociedad del país, a pesar de no ser la culpable de la situación, sí pagarán las consecuencias. Viene a ser algo así como lo que algunos autores han llamado socialización de las pérdidas donde el Estado, como avalista, asume parte de la deuda privada.

La descentralización del poder del Estado a las comunidades autónomas (CCAA) y la posterior transferencia de competencias durante la fase democrática correspondiente a las últimas dos décadas del siglo XX ha provocado el fuerte crecimiento del volumen de deuda de las autonomías, tanto en valores absolutos como relativos. Así, la deuda autonómica ha pasado de un 2,4% en 1985 a un 18,1% de toda la deuda pública en 2010. Es por esta razón que sobre los poderes autonómicos se concentran los principales esfuerzos para el control de su deuda.

Con la llegada de la crisis, las administraciones públicas pierden una buena parte de sus ingresos, pasando rápidamente los superávits a déficits. O lo que es lo mismo, pasan a contar con más gastos que ingresos. Las diecisiete autonomías cierran los últimos años con fuertes déficits, llegando a presentar algunas de ellas déficits superiores al 7% como el caso de Castilla-La Mancha en 2011. E incluso varias de ellas, nueve en 2012 y cuatro en lo que va de 2013, se ven obligadas a acudir a un fondo especial de rescate autonómico (9), un mecanismo implementado por el Gobierno Español para otorgar liquidez a las CCAA con más problemas de solvencia.

El empecinamiento por el control del déficit público obliga a recortar y a externalizar el mantenimiento y gestión de los servicios públicos. De esta forma se vuelve a caer en una situación paradójica en la que un representante político elegido por el pueblo para acometer la gestión de los recursos decide dejar de gestionarlos a través de procesos de “externalización” en los que cede la gestión a empresas privadas ajenas a la Administración pública. Como una buena parte del gasto se basa en políticas sociales, son dos los sectores más vulnerables en primera instancia: sanidad y educación. Una tercera alternativa son las pensiones, las cuales por el momento son intocables dado el rédito electoral que presentan. El intento por cuadrar las cifras supone un recorte masivo, sin tener en cuenta su incidencia real sobre los colectivos más damnificados.

El problema de la deuda ha pasado a ser visto por los políticos como el gran problema. Aunque como bien advierte Vicenç Navarro no son la deuda ni el déficit los principales problemas de España, sino que son la falta de crecimiento económico y el altísimo nivel de desempleo los dos factores que más lastran el futuro del país y más incertidumbre generan a los mercados (10). Todo esto en un contexto en el que las políticas europeas de austeridad han agravado la recesión, al incrementar el gasto público como consecuencia del incremento de desempleados y al debilitar la base productiva que sustenta el sistema, impidiendo un crecimiento económico que permitiera contrarrestar los efectos adversos. Es decir, en la relación deuda/PIB, las políticas europeas basadas en la austeridad, recientemente ya cuestionadas desde el propio seno del FMI (11), sólo se han preocupado en hacer más pequeño el numerador suponiendo constante el denominador y de ahí su gran error. Sin embargo la realidad no es así y solo las perspectivas de salida de la crisis para todos estos países pasan por favorecer un crecimiento que permita incrementar el peso del denominador.

Artículo publicado en Instituto Internacional de Ciencias Políticas


(1)Economou et al. (2012). Suicidality and the economic crisis in Greece. The Lancet, 380 (9839), 337-338.
(2)Sanmartín, O. (2012, 20 de marzo). El número de suicidios baja en plena crisis. El Mundo. Acceso el 27 de febrero de 2013
(3)Alerta Digital (2012, 29 de julio). Alarmante incremento del número de suicidios en España motivados por la crisis y silenciados por los medios. Acceso el 27 de febrero de 2013
(4)Acrónimo peyorativo con el que medios financieros anglosajones se refieren al grupo de países formado por Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España.
(5)Encuesta realizada por el diario alemán Der Spiegel entre el 3 y 4 de julio entrevistando a un total de 1000 personas mayores de 18 años. Acceso el 27 de febrero de 2013
(6)Fondo Monetario Internacional (2012, octubre). Perspectivas de la economía mundial. Hacer frente a los altos niveles de deuda y al lento crecimiento. Estudios económicos y financieros del FMI. Washington, DC: Fondo Monetario Internacional.
(7)Soriano, D. (2013, 29 de enero). Una deuda pública superior al 100% garantiza el estancamiento. Libremercado. Acceso el 27 de febrero de 2013
(8)Fuentes, D. (2012, 24 de septiembre). La clave es la deuda privada. El diario. Acceso el 27 de febrero de 2013
(9)Fondo de Liquidez Autonómica.
(10)Vicenc Navarro (2012, 30 de octubre). La estafa de la deuda pública. Público. Acceso el 27 de febrero de 2013 en
(11)Europa Press (2013, 4 de enero). El FMI reconoce el "error" al valorar el impacto de la austeridad en Europa. Acceso el 27 de febrero de 2013


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