miércoles 23.10.2019

¿Por qué no podemos estudiar catalán en todo el Estado?

El problema, como casi siempre, son los políticos. Imaginemos a la clase dirigente andaluza gestionando una lengua propia.

José Antonio Sierra plantea desde hace años una iniciativa para desactivar a los políticos cerriles: que las lenguas de España se estudien en todo el país.

El pasado lunes se lamentaba en un periódico nacional un lingüista catalán de que la afluencia masiva de turistas extranjeros en el Centro de Barcelona pusiera en franca retirada el catalán en esa parte de la ciudad.

De paso, alertaba de que la normativa lingüística –multas de inspiración franquista por no rotular en la lengua obligatoria y otras medidas– no tuviera en cuenta esta preocupante invasión de japoneses, alemanes o asturianos no catalanohablantes.

En Málaga los análisis sobre la influencia del turismo no alcanzan los niveles paranoico-aldeanos que empiezan a aparecer en la otrora cosmopolita Barcelona.

Hasta la fecha, que sepamos, nadie se ha lamentado de forma pública y en plena posesión de sus facultades mentales sobre la excesiva presencia de cruceristas italianos, franceses y británicos, en cuanto factor determinante para que en la calle Larios, a algunas horas del día, dejen de escucharse expresiones de nuestro patrimonio lingüístico como «achique de espacios», «poner en valor» o «usted no sabe quién soy yo» para dejar paso a una jerigonza ininteligible que chapurrea en la lengua de Shakespeare, Dante, Moliere y otros guiris de similar ralea.

Alguna vez el autor de estas páginas ha dado las gracias porque en Andalucía sólo contemos con una lengua y no tengamos además lo que los políticos nacionalistas han bautizado como lengua propia (desde el punto de vista lingüístico una expresión sin sentido). Y es una pena llegar a esta conclusión porque se trataría, en principio, de una inmensa suerte. Porque, ¿cómo lamentar que en tu tierra se hablen dos idiomas?

El problema, como casi siempre, son los políticos. Imaginemos a la clase dirigente andaluza gestionando una lengua propia. ¿De verdad piensan que no la utilizarían para agrandar de forma artificial las diferencias con los vecinos, para montarse un fructífero corralito a la hora de las oposiciones, para clamar a los cielos cada vez que hubiera una agresión del pérfido enemigo exterior a la lengua sagrada? ¿No terminaría alarmándose algún lingüísta andaluz por lo mucho que se habla alemán en las calles de Torre del Mar?

José Antonio Sierra, abulense residente en Málaga, lleva años planteando a los partidos políticos que en Andalucía pueda estudiarse catalán, euskera o gallego, tan lenguas de España como el castellano. Es algo que ya puso en marcha nada menos que en 1975 en Dublín, en el antecedente del Instituto Cervantes.

Qué solución más bonita. Estas lenguas dejarían de ser patrimonio exclusivo de los políticos regionales y se convertirían de facto en las lenguas de todos, que aprenderíamos a querer y valorar. Con esta iniciativa desactivamos a quienes utilizan la lengua de interesada frontera inexpugnable. Por favor, imaginen el panorama: en el Barrio Gótico de Barcelona se escucha a la gente hablar en catalán pero sobre todo en inglés, japonés y castellano mientras en Málaga los estudiantes aprenden catalán. La pesadilla de políticos cerriles y algunos lingüistas. Que se aguanten.

¿Por qué no podemos estudiar catalán en todo el Estado?