La derecha española no ha querido realmente- desligarse de la herencia y de la tradición autoritaria y antidemocrática de la dictadura franquista...

La democracia española tiene varios problemas. Uno de esos problemas atañe directamente a un problema específico de la derecha española: ha sido y es incapaz de romper sus vínculos con la dictadura franquista. La derecha española (social, política, económica, religiosa y mediática) no ha sabido - porque no ha querido realmente- desligarse de la herencia y de la tradición autoritaria y antidemocrática de la dictadura franquista.

Ello supone un déficit de nuestra “transición” y además una nueva excepción española a la evolución de los países de nuestro entorno europeo que también sufrieron dictaduras pero cuyos ámbitos conservadores se desligaron publica, expresa y activamente de sus dictaduras pretéritas.

Así, el Partido Popular, como expresión mayoritaria y “útil” de casi toda la derecha española, expresa ese problema, pues gran parte de sus bases y desde luego muchos de sus cargos públicos, cómodamente se ven reflejados en los valores más rancios del franquismo y por ende cualquier cuestionamiento, por legítimo y democrático que sea, contra la dictadura franquista, su acervo y su simbología, se percibe como un ataque a su propia memoria y a sus propias raíces.

Con ello la visceral y casposa reacción de furibundo y anacrónico anticomunismo del Portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid, señor Salvador Victoria, tratando de equiparar - ¡otra vez! - la intachable legitimidad moral, ética, política y democrática de los que defendieron la legalidad de la II República Española y mantuvieron la lucha por las libertades durante la dictadura (muchas veces y precisamente bajo la bandera comunista) con la miseria de los valores golpistas, antidemocráticos y autoritarios, es el fiel reflejo de ese problema de fondo.