sábado 14.12.2019

La obra de Rubalcaba: del Gobierno al Grupo Mixto en cuatro años

Los partidos políticos están en crisis. Esto es una obviedad viendo la desafección de la población española hacia, sobre todo, los dos grandes...

Los partidos políticos están en crisis. Esto es una obviedad viendo la desafección de la población española hacia, sobre todo, los dos grandes, PP y PSOE. Esta aversión está provocada, en parte por la crisis económica, en parte por la gestión destructiva del gobierno de Mariano Rajoy y, en parte, por la nefasta gestión de la labor de oposición del PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba. En una situación socioeconómica normal, las estrategias de austeridad y entreguismo a la Troika del Partido Popular habrían provocado que la intención de voto de éste hubiera caído a niveles inferiores al 20% mientras que el descontento lo hubiera recogido el principal partido de la oposición, en este caso, el PSOE. Pero no está ocurriendo esto, sino todo lo contrario. El pasado verano, en el Observatorio de la Cadena SER vimos cómo el PP subía en intención de voto mientras el PSOE continuaba desplomándose. En los datos de las encuestas de CIS se ve cómo el PP baja en intención de voto y el PSOE va desplomándose poco a poco respecto de las elecciones de 2011. Por mucha cocina que metiera el CIS, los datos deberían hacer reflexionar sobre muchas cosas porque esto no es normal. ¿Quién recoge las pérdidas socialistas?: Izquierda Unida, porque lo que pierde el PP lo recoge ese engendro sin ideología que es UPyD.

Tras el fin de semana de la Conferencia Política del Partido Socialista y lo expuesto anteriormente debería hacer reflexionar a más de uno porque este hecho es muy grave y tiene un único responsable: Alfredo Pérez Rubalcaba. Quiero dejar claro que para mí el actual Secretario General del Partido Socialista Obrero Español es un gran político, tal y como dijo Felipe González, un hombre de Estado, pero no es el líder idóneo para un partido político que debe controlar desde la oposición a un partido ultraconservador que utiliza la mayoría absoluta lograda en las urnas —ahora no entraré en la falsa legitimidad de esa victoria electoral— para imponer un sistema de dictadura parlamentaria y conquistar todos los poderes de cualquier democracia eliminando la separación de poderes que cualquier régimen democrático tiene como fórmula de garantía de los derechos de los ciudadanos. La mentalidad de hombre de Estado no sirve con un gobierno irresponsable porque para luchar contra esa irresponsabilidad hay que remangarse y hacer una oposición frontal, no mantener una actitud pactista con el argumento de que no va a hacer una oposición irresponsable como la que hizo el PP con el gobierno de Zapatero.

El PSOE se está desplomando en las encuestas mientras IU sube en progresión aritmética a lo perdido por los socialistas. Tal vez sea porque los votantes de izquierda, los que llevan depositando la papeleta del Puño y la Rosa desde que alcanzaron la mayoría de edad o desde la recuperación democrática en 1977, han perdido la esperanza en que su forma de entender la vida y la política esté representada por el Partido Socialista. ¿Pérdida de valores progresistas? ¿Indefinición ideológica?  ¿Socialismo o Socialdemocracia? Son preguntas que me surgen y que se convierten en retóricas porque la respuesta es obvia o en la misma pregunta se encuentra la respuesta. El PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba se está alejando del socialismo para acentuar la socialdemocracia y precisamente ahora, con un gobierno ultraconservador que está masacrando a la ciudadanía con recortes de derechos constitucionales, es la ideología socialista la que puede hacer frente a este atentado a la democracia. Los votantes de izquierda están yéndose al nicho de IU porque sus propuestas se acercan a lo que ellos esperaban antes del PSOE y con Alfredo Pérez Rubalcaba no encuentran.  

La socialdemocracia no es la ideología del PSOE. Quiero recordar que los socialdemócratas se incorporaron a UCD a través del Partido Popular de José María de Areílza, no estaban dentro del PSOE y su cabeza visible era Francisco Fernández Ordóñez, que fue Ministro de Hacienda y Justicia en el primer gobierno de Suárez elegido en las urnas. UCD, partido de centro derecha. En 1982, cuando comenzó el giro ideológico de Felipe González hacia la socialdemocracia tras ganar las elecciones generales, Francisco Fernández Ordóñez se unió al PSOE, llegando a ser Ministro de Asuntos Exteriores. Es decir, la socialdemocracia es una ideología de centro izquierda, pero no de izquierdas. En política estar en el centro es la consecuencia de la indefinición ideológica, y es lo que ocurre con los socialdemócratas. Ni son conservadores ni son progresistas.

La actitud tibia de Alfredo Pérez Rubalcaba hacia el gobierno hace que la ciudadanía desconfíe del PSOE. Para mí fue muy decepcionante la Sesión de Control al Gobierno previa a que se certificase que había pactado con Rajoy en solitario sobre la Cumbre de la UE. Deberían haber puesto de fondo el Bailar Pegados de Sergio Dalma. Los ciudadanos esperan del líder de la oposición actitudes como las que desarrollan en el Parlamento diputados como Soraya Rodríguez, Patricia Hernández, Pepe Martínez Olmos u Odón Elorza. Actitudes fuertes, actitudes de oposición fuerte, actitudes de ideología socialista: crítica al gobierno y oposición frontal a las políticas ultraconservadoras del PP. Sin embargo, su trabajo es baldío cuando la cabeza visible hace lo contrario en el Parlamento. Es como el mal general que se queda en la tienda de campaña, sin hacer caso de sus coroneles sobre la estrategia de la batalla. Al final será un general derrotado, tal y como ha demostrado la historia. Con todo lo referente al caso Bárcenas y la financiación ilegal del PP Alfredo ha endurecido su discurso. Sin embargo, llega tarde y los españoles no aceptan ese mensaje nuevo.

La indefinición estratégica es otra de las actitudes de Alfredo Pérez Rubalcaba que está hundiendo al PSOE. Por un lado se muestra orientado al pacto, a buscar consensos y acuerdos con Mariano Rajoy, por otro le pide su dimisión. Por tanto, el mensaje que recibe la ciudadanía es confuso y poco creíble. Por eso se van hacia otras opciones que mantienen su estrategia de oposición frontal, presentando propuestas para luchar contra el neoliberalismo. Sin embargo, el PSOE es visto como lo mismo que el PP, por esa actitud de indefinición. La ciudadanía de base no reconoce matices ideológicos, no distingue entre socialdemocracia y socialismo, y por eso ve que el PSOE es lo mismo que el PP y la actitud de Rubalcaba incrementa ese sentimiento. La ciudadanía que no milita en ningún partido o que tiene interés por la política no entiende que Rubalcaba ofrezca acuerdos al  PP en el Congreso, que después de la intervención del Secretario General los diputados socialistas se enfrenten a los ministros y que en los fines de semana, en los actos de partido el propio Rubalcaba que el miércoles ofrecía consenso el sábado ofrezca un discurso más agresivo. Eso descoloca a quienes tienen ideología de izquierdas. ¿Qué PSOE será el que gobierne, el de los miércoles o el de los fines de semana? ¿El de Rubalcaba ofreciendo pactos y consenso o el de Rubalcaba que ataca al PP? Esa estrategia indefinida genera muchas dudas y las dudas ahuyentan al electorado.

En los primeros meses de gobierno de Rajoy, tras el descalabro en las elecciones, tras el Congreso en que Rubalcaba ganó a Carme Chacón, tras las primeras encuestas en las que el partido se derrumbaba, desde la Ejecutiva se echaba mano también a la Herencia Recibida de la gestión de la crisis por el gobierno de Zapatero. Ahora ya no sirve. Han pasado casi dos años y el PSOE se sigue derrumbando. La política centrista lleva inexorablemente a la mimetización con las políticas de derechas y la ciudadanía lo percibe así.

El alejamiento del PSOE respecto a los Movimientos Sociales mientras gobernaba hizo que muchos votantes se alejaran del partido. Rubalcaba no se ha acercado a esos movimientos que encauzan el descontento popular, sino todo lo contrario, a pesar de que la gran mayoría de militantes estaban de acuerdo con las reivindicaciones de aquéllos. Cuando surgieron estos movimientos, con los Indignados del Movimiento del 15M, uno de los gritos que se jaleaban en las manifestaciones con más intensidad era el PSOE, PP, la misma mierda es. La gran mayoría de los militantes socialistas intentan día a día demostrar que eso no es así, que los derechos que ahora se disfrutan los implementó el PSOE, mientras que el PP se los quiere quitar. Pero con la actitud de Rubalcaba todo el trabajo que hacen los militantes se va al traste. Un  ejemplo lo tuvimos en el Pacto con Rajoy respecto a la Cumbre de la UE. El pueblo español ve en esta estrategia del Secretario General un acercamiento del PSOE al PP, un aprobar las políticas de Rajoy, por mucho que no lo sea, pero eso es lo que ve la gente. Es lo mismo que se hizo con la Reforma de la Constitución y la aplicación de políticas económicas neoliberales del gobierno de Zapatero. Días después se presentan recursos en los tribunales para parar las barrabasadas del PP. Eso a los ciudadanos no les llega porque el Partido Popular, con su control de los medios de comunicación, lo relativiza u oculta.

El pacto es deseable, claro que sí. El pacto y el consenso son necesarios en democracia y mucho más con la dictadura parlamentaria que impone el PP cuando tiene mayoría absoluta. Sin embargo, con la sangría que está sufriendo el PSOE y el abandono por parte de los ciudadanos, firmar ese pacto en solitario fue un suicidio político. Y ha tenido consecuencias muy graves para el Partido Socialista, como ya lo hemos visto. Rubalcaba ofreció un pacto de toda la cámara o, al menos, de la mayoría de los Grupos. Sin embargo, lo hizo en solitario y luego se le ofreció al resto de partidos. Al final se quedaron solos y eso a quien perjudica es a los socialistas, no al PP, porque los votantes de los ultraconservadores siguen un pensamiento único y no tienen capacidad de crítica, mientras que el votante de izquierdas por lo que se caracteriza es por su capacidad analítica y crítica.

Durante el verano vimos cómo Rubalcaba, y por ende el PSOE,  perdían  una oportunidad de oro de devolver la ilusión a los votantes de izquierda. Todo el asunto Bárcenas y la implicación de la cúpula del PP en una trama de corrupción, de manejo de millones de euros en dinero B, cobro de sobresueldos en dinero negro por la cúpula de Génova 13, financiación del PP por parte de grandes empresas a cambio de contratos millonarios con las Administraciones Públicas gobernadas por el partido presidido por Mariano Rajoy, despidos que no lo fueron, reconocimiento de un delito laboral para encubrir el pago del precio del silencio de Bárcenas y un largo etc. de actividades ilícitas del PP hubieran provocado que un dirigente de la oposición se lanzara como un tiburón al rastro de la sangre sobre Mariano Rajoy. Rubalcaba lo hizo y no lo hizo. Fue contundente y valiente con la moción de censura que obligó a Rajoy a comparecer ante el Parlamento, pero luego volvió a su carril de oposición light con el discurso en dicho Pleno Extraordinario. Incluso le tuvieron que llamar la atención. Fue Alfonso Guerra quien le orientó la réplica, y fue ahí donde se vio al Rubalcaba que debió ser desde el mismo día en que Rajoy fue investido presidente. Ahora el PSOE está teniendo una actitud más agresiva, pero Rubalcaba apenas aparece, lo hace Soraya Rodríguez, lo hace Elena Valenciano, lo hace Óscar López, etc., pero al Secretario General la ciudadanía apenas le ve.

Alfredo Pérez Rubalcaba es el principal responsable del declive del Partido Socialista Obrero Español. Su postura de hombre de Estado perjudica más que ayuda y su mensaje socialdemócrata se queda corto. Por eso debería acortar el proceso de primarias y convocar un Congreso Extraordinario para que los militantes elijan un nuevo Secretario General con un mensaje más cercano a lo que los ciudadanos esperan del PSOE, porque éstos esperan mucho del partido y Rubalcaba no se lo está dando.

Si no deja paso a un nuevo líder Socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba logrará algo único: llevar al PSOE del gobierno al Grupo Mixto en una legislatura.

La obra de Rubalcaba: del Gobierno al Grupo Mixto en cuatro años