martes 22.10.2019

El trabajo ha recuperado su ministerio

Cuando allá por 2011 el PP llegó al poder (estos siete años parecen un siglo) una de sus primeras medidas fue cambiar el nombre del Ministerio de Trabajo por el de Empleo

No cabe duda de que con la moción de censura que ha derribado al Gobierno del PP pareciera como si en la sociedad española se hubieran abierto ventanas que dejan correr un aire fresco que se lleva el putrefacto olor de la corrupción. Es perceptible que se extiende la esperanza en dejar atrás un tiempo oscuro, en muchas cosas parecido a aquel tiempo de silencio que magistralmente describiera Martín Santos. A los Gobiernos hay que juzgarles por sus hechos y ya veremos el juicio que nos merece este nuevo, pero por el momento ya hay algún hecho que es motivo de satisfacción como es que el trabajo haya recuperado su Ministerio. Cuando allá por 2011 el PP llegó al poder (estos siete años parecen un siglo) una de sus primeras medidas fue cambiar el nombre del Ministerio de Trabajo por el de Empleo.

En aquel entonces en esta bitácora escribimos: “Alguien puede pensar que en unos tiempos en los que las palabras se corrompen para ocultar la realidad da un poco lo mismo cómo se nomine un Ministerio, pero no es así. Si se corrompen las palabras es para corromper las ideas, para construir la realidad al gusto de quienes las pervierten o para expresar opciones valorativas determinadas, como es el caso de la desaparición del Ministerio de Trabajo. Este Ministerio se creó en 1920, cuando las clases dominantes de la restauración borbónica decidieron unificar desde este departamento la acción pública que respondiese con algunas reformas a la llamada “cuestión social”.  Aquellos años estaban dejando en España una oleada de agitación social que no podía parar la mera represión. 1917 fue un año especialmente agitado en el que una gran huelga fue la respuesta de la clase obrera, harta de soportar  la carestía y el aumento de precios de los alimentos que trajo consigo la exportación a los países contendientes en la Primera Guerra Mundial que con escarnio enriquecía a una élite.  

Desde entonces el Ministerio de Trabajo, aún con otros nombres añadidos, ha existido siempre,  cualquiera que fuese la forma que adoptase la estructura administrativa del Gobierno en todos los periodos y regímenes que desde aquel año han existido en España: la restauración borbónica en régimen caciquil , la dictadura de Primo de Rivera, la II República, el franquismo, la transición, la monarquía parlamentaria constitucional  con sus diversos periodos de gobiernos de centro, socialistas, derechas, socialistas de nuevo. Hasta la semana pasada en la que lo que era una Secretaría de Estado de Empleo dentro del Ministerio de Trabajo se ha convertido en el Ministerio eliminando el trabajo. Es un cambio que tiene que ver con un enfoque erróneo de la actual situación.

Nadie duda que el desempleo es el más grave problema de la sociedad española, pero es evidente que si los desempleados aspiran a trabajar es porque hacerlo es el modo de obtener una vida digna. Es el modo en el que la inmensa mayoría de los comunes mortales consiguen, no solo los recursos necesarios para la subsistencia, sino la sociabilidad que les hace gozar de los bienes de la ciudadanía. Los modos de trabajar pueden ser diversos, por cuenta propia o por cuenta ajena, pero siempre es necesario proteger a la persona que trabaja, porque la mercancía trabajo, objeto del contrato que lleva ese nombre, es tan delicada porque es inseparable de la persona que trabaja. No cualquier forma de trabajar vale, lo que quiere decir que es el trabajo el valioso y codiciado bien que es necesario proteger, que tiene que estar en el centro de la valoración social. Hacer evidente esta gran verdad ha costado titánicos esfuerzos a generaciones pretéritas que ahora parece que con el chantaje del empleo se quieren mandar al cubo de la basura de la historia.

Algo más del veinte por ciento de la población activa está hoy desempleada, lo que es un drama, pero eso quiere decir que el ochenta por ciento está ocupada ¿Es aceptable que en nombre de la noble lucha contra el desempleo desatendamos las tutelas que protegen a la persona que trabaja?  ¿Es aceptable que la política de empleo tenga tal preeminencia que en la organización administrativa española desplace al trabajo? No es aceptable porque una política de empleo digna de ese nombre, es decir una política orientada al pleno empleo como nuestra constitución impone a los poderes públicos, solo puede hacerse desde orientación más general de la política económica y no con medidas ancilares de corte laboral.  Ya se anuncia la degradación aún mayor del trabajo cuando el nuevo ministro de Economía ha fijado entre sus prioridades modificar “el mercado laboral”, es decir, reducir el trabajo a una mercancía mas maleable, como si los trabajadores fueran los causantes del desempleo. Es una hipocresía aplicar una política económica (control del déficit público, austeridad, debilitación de lo público y de los servicios sociales) que está demostrado no crea empleo, para a reglón seguido degradar las escasas garantías que protegen el trabajo con la excusa de mejorar el empleo. Hasta las personas más ingenuas se dan cuenta que de todo ello es aprovechar el miedo de los trabajadores al despido para aumentar la tasa de explotación en favor de las clases sociales que nos han llevado a esta crisis. Por eso, señora Ministra no es el empleo, sino el trabajo y su valoración el problema más grande  que tenemos en España.

Efectivamente, con la reforma de 2012 el trabajo fue degradado y la opinión mayoritaria (pero no unánime) de los Magistrados del Tribunal Constitucional, encabezados por su presidente de entonces, convalidó la infravaloración constitucional del trabajo. Hoy el trabajo ha recuperado el rango ministerial y al frente del renacido Ministerio de Trabajo está Magdalena Valerio, una mujer de firmes convicciones democráticas desde su juventud, comprometida en la lucha por los derechos sociales, que no ha demonizado nunca el conflicto, al contrario, lo considera parte del dinamismo de las relaciones laborales y protegido como derecho fundamental. No es mal inicio de esta nueva etapa, todo lo contrario, es un buen inicio, pero ya veremos cómo discurren las cosas en los próximos meses. En la esfera de Parapanda estaremos atentos.

El trabajo ha recuperado su ministerio