martes 26/10/21

Revertir las reformas que han degradado el valor del trabajo y la democracia

Desde 1980, en que se promulgó, el Estatuto de los Trabajadores ha sufrido, salvo error, 52 reformas...

Desde 1980, en que se promulgó, el Estatuto de los Trabajadores ha sufrido, salvo error,  52 reformas. La inmensa mayoría de las mismas ha ido en el camino de “flexibilizar” las relaciones de trabajo mediante la progresiva degradación de lo que constituye el núcleo del Derecho del Trabajo, es decir, las garantías que protegen a la persona que trabaja para preservar un cierto grado de su dignidad. Casi siempre la justificación de tal degradación ha sido la necesidad de luchar contra el desempleo, con lo que de modo implícito o explicito se da por asumido que la existencia de tales garantías son un freno a la creación de empleo. Los mentores de estas “reformas” vienen a decir que aumentando los poderes unilaterales del empresario aumentará el empleo. Que la realidad haya negado de modo contundente la veracidad de ese razonamiento no ha impedido que de pertinaz manera se haya insistido en la misma línea. El Derecho del Trabajo ha sido sometido a una degradación progresiva para convertirlo en un epifenómeno de una espuria política de empleo cuyo evidente fracaso, ¡que sarcasmo!, se trata de justificar por la insuficiencia de las “reformas”, que si no han funcionado es porque la degradación de derechos de los trabajadores no ha sido suficiente. “Más madera”, piden los asilvestrados líderes de la patronal y otros talibanes del dogma neoliberal que ocupan relevantes puestos en la UE y otros organismos internacionales, como en aquella película de los hermanos Marx en que el propio tren en el que viajaban acabó consumido, una metáfora coherente con su pretensión de enterrar al Estado Social y Democrático de Derecho, aquel que según el presidente del Banco Central Europeo ha muerto. Es una lucha iniciada hace algo más de 30 años años por las élites oligárquicas contra la inmensa mayoría de la ciudadanía que ahora se ha radicalizado. No son respuestas a la “crisis”, es el intento de establecer un nuevo orden político, social y económico que consagre y aumente la desigualdad y limite los derechos políticos. Es decir, la degradación de la democracia.

Para que esa operación se consume es necesario imponer por diversos medios (el miedo es uno de los más eficaces) la resignación de la ciudadanía, la aceptación de que no hay alternativas. Una manifestación de esa resignación es dar por hecho que no hay vuelta atrás en los recortes de derechos de los trabajadores, que cada reforma laboral es un giro de tuerca más en la misma dirección sin posibilidad de reversión.

Pero ahora las cosas están cambiando, desde las reformas de 2010 y de 2011 la agresión es tan radical que no cabe sino una respuesta amplia restauradora de derechos. En la esfera de Parapanda, Jose Luís López Bulla, ante unas afirmaciones del líder del PSOE, Pedro Sánchez, en las que prometía la derogación de la reforma laboral del PP, recordaba que Gramsci dejó escrito: «El movimiento histórico nunca vuelve atrás y no existen restauraciones in toto», de lo que deducía que  de lo que se trata entonces no es de restaurar, sino de reconstruir, por eso pedía leer la letra pequeña de esa promesa, que, en todo, caso bienvenida sea. 

En 2010 los sindicatos confederales presentaron una iniciativa legislativa popular sobre los aspectos más importantes de la relación de trabajo que no fue tenida en cuenta por la mayoría parlamentaria de entonces y mucho menos por la actual. Tal vez se haya echado de menos un proyecto sindical de “máximos” que armase la respuesta ideológica a las brutales agresiones que los trabajadores están sufriendo. Ahora el grupo parlamentario Izquierda Plural, el 7 de octubre de 2014, ha presentado a la Mesa del Congreso de los Diputados una Proposición no ley para promover el derecho al trabajo digno. A través de 50 propuestas ya podemos ver la letra pequeña de aquella tan necesaria reconstrucción. Tales propuestas se refieren a lo que es la esencia del Derecho del Trabajo como el acceso al empleo; a los “ejes transversales de la relación de trabajo”, en donde se pone especial énfasis en el derecho a la igualdad y no discriminación y auténtica conciliación de vida laboral y profesional; a la formación profesional y los contratos formativos; a la causalidad en el contrato de trabajo; a una  nueva regulación del contrato a tiempo parcial; a la contratación temporal, la clasificación y la movilidad profesional; al salario y sus garantías; a la flexibilidad interna negociada; a  la externalización productiva; al despido , en donde entre otras muchas medidas se propone que la opción por la readmisión o la indemnización en los despidos declarados improcedentes corresponda al trabajador y, finalmente y como no podía ser de otro modo,  a un conjunto de propuestas protectoras de la libertad sindical, la autonomía colectiva y la eficacia de los convenios colectivos.

El día 24 de octubre, en la sala Clara Campoamor del  Congreso de los Diputados, se organizó un acto público sobre esta propuesta que fue presentado por Jose Luís Centella y en el que intervinieron Paloma López y Ernest Urtasun, del Parlamento Europeo, Joan Coscubiela, del Congreso de los Diputados, Ignacio Fernandez Toxo, Secretario General de CCOO, y Toni Ferrer, Secretario de Acción Sindical de UGT. El acto fue clausurado por Cayo Lara, Presidente del Grupo Parlamentario de la Izquierda Plural. De este acto se da una más extensa referencia el blog hermano Según Antonio Baylos, lo que excusa que aquí se insista en su noticia.

Muchas señales indican que un nuevo ciclo se ha abierto y que a esa continua degradación de derechos de los trabajadores en breve se le podrá aplicar aquella frase de la canción de Carlos Pueblay llegó el comandante y mandó parar”, siendo el comandante el movimiento sindical, los nuevos movimientos sociales y una nueva mayoría política reconstructora de la democracia y los derechos sociales.

Revertir las reformas que han degradado el valor del trabajo y la democracia