sábado 16.11.2019

México, la difícil lucha por los derechos sociales

La lucha de los trabajadores mexicanos en pos de una sociedad democrática en la que impere la libertad y la igualdad no debe ser ajena a los trabajadores europeos

Los terribles sucesos de Barcelona nos han dejado memorables lecciones de civismo, solidaridad y generosidad de tantas personas que ayudan sobremanera a reforzar la fe en la bondad del ser humano. También, por desgracia, no han perdido la ocasión para sacar su hiel y maldad esa parte minoritaria y secular de la sociedad española, pero con gran repercusión mediática, que permanentemente se empeña en enfangar nuestra convivencia. Pero el mundo es más grande que Cataluña y España y, cuando con todo acierto un grupo de ciudadanos de Cataluña ha publicado el manifiesto Por la unidad y solidaridad de la clase trabajadora de España. No a la independencia. No a la secesión de Cataluña. No al 1-O, que alude a la necesaria solidaridad de la clase trabajadora de Cataluña y España, conectando con la europea, no está demás seguir recordando que los derechos de los trabajadores se juegan en el tablero del ancho mundo. No en vano las reformas neoliberales que se aplican por estos lares son muy similares a las que se están poniendo en práctica en países como Brasil o México.

En este último país se cumplen ahora cien años de la venerable constitución de Querérato, cuyo art. 123 estableció por primera vez en un texto constitucional una enumeración de derechos sociales y que recientemente ha sufrido algunas modificaciones. Bien sabemos de la azarosa historia de aquel gran y entrañable país, que tuvo momentos de gloria, en especial cuando Lázaro Cárdenas fue presidente entre 1934 y 1940.  La movilización de los trabajadores empujó al presidente Cárdenas a nacionalizar la industria petrolera, con gran disgusto de los oligarcas del norte, a poner en práctica una compleja reforma agraria y a garantizar la libertad sindical, entre otras cosas. Lázaro Cárdenas nunca será olvidado por la generosidad con que acogió a los exilados españoles perseguidos por el fascismo de la asesina dictadura de Franco. Después las cosas no han seguido por el mismo camino. Una de las mayores deficiencias ha sido la evaporación de la eficacia de los derechos reconocidos en los textos legales que no se traducen en su aplicación. Los sindicatos fueron tomados por sujetos que  usando la violencia si era necesario los pusieron al servicio del poder político y empresarial. Es el fenómeno conocido como el “charrismo”. Una perversión (de las muchas) de ese proceso son los llamados convenios colectivos de protección patronal, por medio de los cuales una empresa firma un convenio colectivo favorable a sus intereses con un sindicato fantasma a cuyos supuestos dirigentes financia con generosidad, pero de ese modo bloquea la posibilidad de que un auténtico sindicato negocie un convenio colectivo con mejoras para los trabajadores.  La lucha de los sindicatos democráticos está consiguiendo poco a poco poner coto a estas prácticas y han conseguido que se aprueben algunas normas que, de ser aplicadas, supondrán un avance hacia una auténtica libertad sindical y de negociación colectiva. Pero la lucha es difícil y larga, y en ese camino la violencia extrema hace acto de presencia. Todavía no se ha aclarado la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa en septiembre de 2014, por no hablar de los asesinatos de periodistas incómodos.

Otro hecho llama la atención, cual es que todavía no han sido rescatados del interior de la mina de carbón de Pasta de Conchos (Coahuila)  63  cuerpos de los 65 mineros muertos por una explosión en febrero de 2006, a pesar de las reclamaciones de los familiares y del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de México, uno de los sindicatos democráticos, esto es, no dominado por el “charrismo”. Precisamente su presidente, Napoleón Gómez Urrutia, permanece desde hace varios años exilado en Canadá por las amenazas a su vida y la de su familia a partir de un enfrentamiento de su sindicato con algunos de los más poderosos grupos económicos de la minería y la siderurgia de México para conseguir mejoras para los trabajadores. En esa persecución, como es habitual en todo el mundo,  se ha intentado utilizar demandas judiciales amañadas (acusaron en la vía penal de que presidente, con la anuencia de otros dirigentes sindicales, se apropió de unos fondos que estaban dirigidos a indemnizaciones de los trabajadores) que han servido para que los medios de formación de opinión del poder hayan recurrido a la injuria y la calumnia para difamar, a través de la persona de su presidente, al propio sindicato, a pesar de que al final, tras varios años, los tribunales de justicia hayan resulto que no había ningún delito de apropiación.

La lucha de los trabajadores mexicanos en pos de una sociedad democrática en la que impere la libertad y la igualdad no debe ser ajena a los trabajadores europeos, en especial, por las vinculaciones culturales y afectivas, españoles, ya sean catalanes, andaluces o vascos. De hecho la solidaridad de los sindicatos canadienses y norteamericanos está siendo muy importante para que desde la distancia y con los medios de comunicación modernos, Gómez Urrutia pueda seguir ejerciendo funciones sindicales.

México, la difícil lucha por los derechos sociales