lunes 26.08.2019

Un PP y una CIU desesperados ante una unidad popular esperanzada

La apuesta por la Unidad Popular es la clave del momento político pero también de la continuidad en el tiempo del fenómeno de cambio.

Que en Barcelona se tenga que citar a Bin Laden al lado del nombre de Ada Colau y que en Madrid se haga lo mismo con ETA al lado de Manuela Carmena demuestra no solo la degradación de algunos medios de comunicación al tomar decisiones y establecer líneas editoriales, sino también la desesperación de los genuinos representantes del poder oligárquico que nos gobierna y que quisiera dominar incluso nuestras consciencias. La falta de rigor y la obediencia ciega al poder de algunos medios cuestiona la calidad democrática de una parte de la sociedad y su aislamiento en el fondo de la caverna donde ya llega muy poca luz exterior de la sociedad real. Y ya se sabe, como en la caverna platónica, pueden llegar a hacernos creer en las sombras fantasmagóricas como si de realidades se trataran, y si no observemos el auge de Ciudadanos.

Esa desesperación se produce especialmente fruto del auge de nuevos espacios políticos ganadores que representan la suma de energías populares, alternativas y de izquierdas en muchas ciudades y pueblos de toda España. Es cierto que eso no es aún un fenómeno regular y generalizado, pero la tendencia es imparable y va a cosechar, seguro, ya resultados estimables que como mínimo le han metido el miedo en el cuerpo a la derecha española y catalana y que también asustan a las falsas alternativas que están aquí para que nada cambie.

Muchos están esperando la noche del 24M y la mañana del 25 de Mayo para lanzar sus proclamas, pero como las quinielas, tiene poco valor acertarlas los lunes leyendo la prensa deportiva, es como mucho el viernes por la noche con la lista de lesionados en la mano y conociendo (sobre todo) la evolución del equipo y su estado mental y físico donde tiene valor (y tal vez premio) rellenar el boleto.

La apuesta por la Unidad Popular es la clave del momento político pero también de la continuidad en el tiempo del fenómeno de cambio. Recordemos la experiencia de Syriza, pasar del 4% al 35% significó saber esperar, acumular fuerzas y siempre al lado y en la movilización de la sociedad griega por una vida mejor que rompiera el círculo vicioso de la austeridad.

En España pues hay dos factores que debemos combinar, el primero es ganar. El poder ganar no es nada sencillo, ni siquiera las sumas burocráticas lo consiguen, hace falta generar un espacio de confianza que permita a los no militantes, a los no votantes y a los no votantes de cambio y de izquierdas, votar y participar. El segundo es permanecer, saber cohesionar los equipos, mantener la transparencia i la colectividad de las decisiones y sobre todo afrontar las contradicciones de la toma de decisiones.

Ninguno de los espacios que existen hasta ahora, solo, puede resultar victorioso de esos retos, solo la Unidad Popular puede combinar las virtudes de unos y otros relativizando también los déficits que unos y otros presentan.

Hay que impulsar una cultura de la generosidad, que se suma a una cultura más tradicional que también es importante, la de la pluralidad ideológica que viene de los que han defendido que las izquierdas eran plurales y debían aceptar ese hecho como fruto de la propia pluralidad de la mayoría social trabajadora. La cultura de la generosidad plantea que los aparatos de los partidos no marcan la única pauta pero que tampoco se construye contra las tradiciones de la izquierda, su militancia y sus ideas para primar individualidades, adanismos y nuevas culturas del hiperliderazgo.

Soy optimista, lo siento, es uno de mis defectos, creo que hay personas, colectivos y sobre todo una marea social que como una esponja está dispuesta a absorber una propuesta de suma que traiga esperanza, cambio y seguridad para la nueva política.

Un PP y una CIU desesperados ante una unidad popular esperanzada