viernes 22.11.2019

¿Qué nos convoca el 9N?

La última jugada de "escondite" de Artur Mas para darse cobertura política está generando mucha confusión...

La última jugada de "escondite" de Mas para darse cobertura política con la que tapar la renuncia a la consulta del 9N, que siempre había dicho que no se produciría, está generando mucha confusión y un debate viciado.

Para hacer una reflexión serena no está de más empezar recordando algunas evidencias. El objetivo de la consulta del 9N era iniciar un proceso democrático para decidir una nueva relación entre Cataluña y España. Y hacerlo de la única manera que se puede hacer, dando en primer lugar la palabra a la ciudadanía de Cataluña.

No deberíamos olvidar que por mucho que ruede el mundo volverá al borne. No hay otra manera de resolver el conflicto que con el ejercicio democrático del derecho a decidir y con negociación, primero para fijar las reglas del juego y después por materializar políticamente el resultado de la consulta. Es lo que han hecho ambas partes a Quebec y Escocia. Ni la negación del derecho a decidir de los catalanes ni el unilateralismo tienen salida. Pueden servir para mantener la tensión y adhesión a las posiciones políticas de algunos, pero no resuelven el conflicto.

Como no lo hace la propuesta denominada "proceso participativo" que sustituye a la consulta y que continúa instalada en la más absoluta confusión. Con la excusa de no dar pistas al Estado para impedir una nueva impugnación, Mas no explica la ciudadanía a la que nos convoca. O peor, como ha hecho durante todo el proceso, dice una cosa y su contrario.

Nos dice que se trata de un proceso participativo y en cambio la campaña institucional nos llama a decidir, como si la consulta aún estuviera viva. Todos los actos posteriores que se han hecho se desarrollan como si se tratara de una consulta con garantías democráticas. De hecho, no podemos descartar una última jugada de Palau, con la que en los próximos días se nos diga que el proceso participativo se convierte nuevamente en consulta. Sinceramente no creo que esta manera de actuar ayude mucho a dignificar y legitimar el derecho a decidir.

En estos momentos no sabemos qué acabará siendo el 9N, pero  ya sabemos lo que no será.

No será el proceso de participación democrática previsto para conocer la opinión de la ciudadanía de Cataluña. Un proceso democrático requiere al menos tres condiciones: reglas claras y públicas, debate libre y plural entre las diferentes posiciones y criterios nítidos para medir los resultados. Y ninguna de estas tres condiciones se dan.

El 9N puede acabar siendo muchas cosas: Un acto de movilización social para mantener la tensión y cubrir el vacío dejado por la consulta.

Puede ser, tal y como ha dicho Carmen Forcadell, la primera vuelta de unas elecciones plebiscitarias para proclamar la independencia.

Puede ser una especie de elecciones primarias entre CDC y ERC para ver cómo se encaran unas elecciones anticipadas.

O puede acabar siendo el primer acto de la campaña de Mas para unas elecciones plebiscitarias. La tensión de estos días entre CiU y ERC hace pensar que Mas está trabajando por esta última opción.

Y si se continúa por este camino de confusión y manipulación no lo sabremos hasta el 10N, cuando Mas, en función de la participación, decida qué es lo que más le interesa. Este es el mayor riesgo de un proceso confuso y sin reglas claras, que se presta a la mayor de las manipulaciones.

Y estas son las razones por las que algunos no queremos compartir lo que puede ser el último engaño a la ciudadanía y hemos propuesto otras alternativas.

ICV-EUIA hemos estado en la defensa unitaria del derecho a decidir y en el proceso de la consulta desde el comienzo hasta el final y seguiremos estando.

Hemos estado, aportando la transversalidad social que supone una organización en la que nos encontramos federalistas e independentistas. Hemos sido, aportando lo que nadie más ha hecho, el apoyo de nuestros aliados españoles y europeos. Hemos estado con más lealtad que nadie, soportando en muchas ocasiones que lo que era un acuerdo por el derecho a decidir instrumentaliza en favor de una opción legítima, la independencia, pero que no es la única posible. Y hemos estado hasta que el presidente ha reconocido que no era posible hacer la consulta con garantías democráticas, a pesar de que hacía semanas que era evidente que Mas y su gobierno no hablaban claro a la ciudadanía.

ICV-EUiA como organización no podemos avalar ni apoyar una propuesta confusa, que se presta a la manipulación de la ciudadanía y que no ha sido consensuada por los partidos que estábamos en el acuerdo de la consulta. Lo que tampoco haremos será confrontarnos con aquellas personas que creen que el día 9N hay que participar como si de una votación se tratara. Pero lo que no se nos puede exigir es que hacemos seguidismo de lo que creemos es un engaño a la gente o no explicamos lo que hemos decidido colectivamente, por miedo a quedar fuera del imaginario de lo que alguien ha decidido que es la única opción posible el 9N.

La única manera de no quitarnos el 10N con una sensación de engaño colectivo es trabajar para conseguir un 9N de movilización social al servicio del derecho a decidir, que es lo que nos une a la mayoría de la ciudadanía.

Necesitamos una movilización que no se pueda confundir con un placebo de consulta, porque no podemos deteriorar ni desgastar el valor y la fuerza de la consulta democrática por la que tendremos que seguir luchando. Un proceso participativo que se acabe convirtiendo en un acto de militancia de un sector de la sociedad con la exclusión del resto no ayuda a legitimar el derecho a decidir ni a avanzar.

Necesitamos una movilización que agrupe el máximo de ciudadanos en torno a un objetivo que todavía no hemos alcanzado, el derecho a decidir.

Es legítimo que algunos quieran hacer del 9N un grito en favor de su propuesta de independencia. No es honesto que le digan a la ciudadanía que su objetivo de independencia se puede lograr de manera unilateral. O que se pretenda hacer desaparecer del escenario aquellas personas que quieren ejercer el derecho a decidir para avanzar en una propuesta federal.

Si algo nos cuenta la historia, la última vez en forma de Asamblea de Cataluña, es que lo que nos hace más fuertes y nos permite avanzar más son propuestas que reúnan el máximo de sectores sociales, aunque puedan parecer menos osadas. Y eso, aquí y ahora, es la movilización alrededor de la exigencia del derecho a decidir.

Todavía estamos a tiempo de evitar la confusión sobre el 9N y su manipulación partidaria, intentando una propuesta unitaria de movilización social en torno a la exigencia de derecho a decidir, que es lo que nos une y nos da más fuerza democrática.

Esta ha sido desde el primer momento la propuesta de ICV-EUiA y la que defenderemos.

¿Qué nos convoca el 9N?