jueves 21.11.2019

Cadena perpetua

Aunque la cadena perpetua se vista de seda, la prisión permanente renovable en cadena perpetua se queda.

Aunque la cadena perpetua se vista de seda, la prisión permanente renovable en cadena perpetua se queda.

Puedo comprender la humana desesperación y las ansias de “justicia”, incluso de venganza, de los familiares de las víctimas de crímenes horrendos.

No puedo entender y me resulta deleznable que, utilizando estas emociones humanas, alguien quiera aprovecharse políticamente y sacar réditos. Y eso es lo que el PP lleva haciendo desde el mismo momento en que Aznar llegó al Gobierno. Y ahora se dispone a repetirlo Rajoy, con la Reforma del Código Penal.

Pero el PP no es el único responsable de este grave retroceso democrático. Existen muchos cómplices necesarios, comenzando por los responsables de los espectáculos televisivos, que se aprovechan de la oportunidad que les ofrece la comisión de aberrantes delitos para aumentar audiencia.

De aquellos polvos –el aprovechamiento mediático de la indignación por delitos deleznables y del ser vengativo que todos llevamos dentro–, surgen estos lodos: el retorno a una política penal propia de la Ley del Talión, la del “ojo por ojo, diente por diente”.

¿Dónde está la responsabilidad social de los medios y los “profesionales” en estos casos? ¿O por el hecho de ser, en muchos casos, medios privados, se considera que están exentos de responsabilidad social, y la libre empresa les autoriza a desentenderse de cualquier compromiso social? Esta es, desgraciadamente, la opinión dominante que confirma hasta qué niveles se ha impuesto la hegemonía ideológica ultraliberal. La sociedad de ciudadanos convertida en un mercado de clientes, regidos solo por las reglas del mercado.

Además, este viaje a la prehistoria del Derecho Penal se produce en una sociedad que tiene, en términos comparativos, uno de losíndices de criminalidad más bajos y uno de los niveles de seguridad más altos. Y nada demuestra que un agravamiento de las penas comporte una reducción de determinados delitos, cuyos autores se comportan con parámetros difíciles de entender para la lógica humana.

La cadena perpetua para determinados delitos no es un hecho aislado; forma parte de una política de endurecimiento de penas para todo tipo de quebrantamientos de la ley, menos para los de cuello blanco.

Una política que no está orientada a evitar determinados comportamientos antisociales, ni mucho menos a la reinserción del culpable, que debe ser uno de los objetivos de todo Derecho Penal.

Por el contrario, la política de seguridad y penal del PP tiene dos grandes objetivos: la disciplina social, como se ve con el endurecimiento de las sanciones y penas para situaciones de movilización social, y también dar satisfacción a un sector de la sociedad al que encanta la idea de la “mano dura”, para garantizar el orden social, como ideología.

Lo que el PP, con este modelo penal, ha conseguido, es llenar las cárceles de delincuentes menores por razones de reincidencia y dificultar las tareas de reinserción que, con muchas dificultades, intentan llevar a cabo los profesionales, siempre con pocos medios.

Y ha obtenido algunos réditos: garantizar los votos de los sectores sociales que en otros países votan a la extrema derecha. El PP está dispuesto a demostrar que a su derecha, no hay nada.

Por eso es muy importante aislar social y políticamente al PP, y no permitirle que utilice la lucha antiterrorista como coartada.

Por mucho que se quiera vestirlo o disfrazarlo, en este contexto no es posible un pacto antiterrorista que eluda la cadena perpetua, ya se la llame prisión permanente revisable o la “máxima pena” prevista en el Código Penal. No hay eufemismo en el mundo capaz de esconder que la propuesta penal del PP frente al terrorismo comporta, inexorablemente, la cadena perpetua para estos delitos y de rebote, su legitimación social. Al final, los contenidos del posible pacto se van a insertar en un Código Penal que reinstaura, 90 años después, la cadena perpetua en España. 

Sinceramente, no entiendo la posición del PSOE. Si en algún aspecto no deben sentirse acomplejados, es en materia antiterrorista, donde cuentan con una importante autoridad política tanto en el Gobierno como en la oposición. Por eso me resulta difícil de entender que hayan aceptado este terreno de juego tan peligroso.

Como las cosas, aun las más incomprensibles, siempre tienen su lógica, lo único que se me ocurre para justificar este paso del PSOE, que para un servidor es una torpeza, es que haya primado un determinado concepto de la política.

¿Es posible que alguien haya pensado que un pacto PP-PSOE en materia antiterrorista, más allá de su contenido, comporta destacar que solo hay dos partidos en condiciones de gobernar? Y esa es la razón de que, desde el principio, hayan impuesto el terreno de las negociaciones bipartidistas, en un tema en que debería siempre buscarse el máximo consenso social y político.

Deseo, sinceramente, que no sea así.  Para ganar a la derecha no basta con tener más votos, diputados y senadores. Es imprescindible ganarle en el terreno de la ideología y del modelo de sociedad. Si no, la alternativa social se convierte en mera alternancia política. Y entonces, siempre es en el terreno del que impone su ideología.

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