Nuevatribuna

Para Rubalcaba, “in memoriam”

“Pues, aunque tu voz se ha muerto, tu voz seguirá cantando”.
Rafael Alberti


El mejor, entre los buenos, se ha ido sin apenas decir adiós, en un silencio callado, tranquilo, con la cercanía de los suyos… Su luz se ha apagado, pero no es sombra; en un presente eterno será recordado por todos

El mejor, entre los buenos, se ha ido sin apenas decir adiós, en un silencio callado, tranquilo, con la cercanía de los suyos… Su luz se ha apagado, pero no es sombra; en un presente eterno será recordado por todos. Olvidadas las discrepancias, comienza la memoria. En el lento recuento de los días no caerá en el olvido; sobre las aguas de la historia emergerán, como testigos, su bondad, su limpio ejemplo, su entereza, su enorme valía… Las personas dignas de amor y respeto sobreviven a la muerte. Nos hace felices saber que el sol de su memoria irá arañando la oscuridad de su pérdida. Y, como ha sido buena gente, ha emprendido el viaje a Ítaca; con Kavafis, deseamos que su camino esté lleno de experiencias como ha sido su hermosa vida. No encontrará en el camino ni “lestrigones ni cíclopes ni coléricos poseidones”, como aquí los ha tenido, pero nunca los temió ni poseyeron su alma.

Por eso, para ti, compañero Alfredo, amigo Rubalcaba, mi recuerdo, “in memoriam”.

Y si hablo de recuerdos, la memoria me retrotrae a 1990. Se había atravesado una década y una época en la que el sida hacía estragos; era una plaga de exterminio seguro; una maldición para ciertos colectivos: era el cáncer gay. Los ministerios de Sanidad y Asuntos Sociales (Matilde Fernández) y de Educación y Ciencia (Javier Solana) lanzaron a la sociedad española una campaña “Sí Da, No Da”, no sin cierta disensión: Solana en Educación opinaba que era una campaña “demasiado problemática”; Matilde Fernández en Sanidad, con el apoyo de Alfonso Guerra, apostaba por ella. La campaña era: “Póntelo, pónselo”; su objetivo, sacar el condón de la marginalidad y colocarlo en las mochilas de los adolescentes, como prevención y para acabar con los mitos y desdramatizar “la plaga”. Alfredo, que era entonces Secretario General de Educación, fue capaz de torcer las reticencias de Solana, que temía costes políticos con dicha campaña; y así fue, por la oposición de la derecha del partido popular y la jerarquía de la iglesia católica, beligerantes siempre, contra el progreso. La campaña, no obstante, se llevó a cabo.

Un día, mientras la preparábamos en el despacho de Isabel Romero, asesora suya -Alfredo estaba presente-, mantuvimos una conversación sobre las consecuencias del sida, recordando, por su importancia mediática, una frase de Rock Hudson que había muerto de la enfermedad: “No estoy feliz por tener sida, pero si esto puede ayudar a otros, al menos puedo saber que mi propia desgracia tiene un valor positivo”. Su muerte había impactado grandemente a la sociedad.

Hablando sobre la muerte en aquel momento, Isabel Romero, feminista activa a favor del lenguaje no machista, recordó a Jorge Manrique y sus Coplas a la muerte de su padre don Rodrigo. Rubalcaba, hombre de ciencia y de ciencias, pero de un conocimiento universal (no solo fue después ministro de educación y ciencia, sino gran maestro en ambas), inició la primera estrofa de las coplas: “Recuerde el alma dormida…”; los cuatro presentes, continuamos al unísono con él “… avive el seso y despierte, contemplando, cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando”. Y, después de una sonrisa conjunta, alabó y ponderó esos versos de la lírica cortesana del siglo XV, situándolos con un conocimiento perfecto de las elegías de la literatura española, ahondando contra la mundanidad de la vida y en aceptación serena de la muerte como tránsito en la tradición medieval de la ascética cristiana; destacando que la vida ejemplar siempre permanece en la memoria de los vivos.

rubalcaba2

Salida del Congreso del féretro de Alfredo Pérez Rubalcaba. (Fotos: Flickr PSOE)

Hoy, pasados casi 30 años, mientras esperaba esta mañana con esa inmensa marea de ciudadanos para darle el último saludo en el Congreso de los Diputados, sentí que, con aquellas reflexiones, él había hecho su mejor panegírico, mejor incluso, sin desmerecer a ninguno de los muchos que hoy han hecho de él, tantas nobles personas del mundo de la política, la cultura o sencillos ciudadanos: una vida ejemplar, como ha sido la suya, siempre permanecerá en la memoria de los vivos y en la historia de los pueblos. Y si el pueblo la mañana del sábado, en la espera para entrar al Congreso decía “tantas merecidas bondades” de Rubalcaba, apellido con el que el pueblo siempre se ha referido a él, los que le hemos tenido de jefe, compañero y amigo, ¿qué podemos decir?: con las palabras nunca podremos destacar suficientemente sus méritos. Como escribía Rajoy en el diario El País: “A nosotros lo que nos falta es un Rubalcaba… Con su marcha, la vida pública española ha perdido quilates de brillantez. Ha sido un hombre de Estado”. Lo que yo puedo decir y así escribo, es hacer míos algunos versos líricos de las coplas de Jorge Manrique, como él nos recordó hace casi 30 años:

Recuerde el alma dormida, / avive el seso y despierte, / contemplando / cómo se pasa la vida, / cómo se viene la muerte / tan callando.

Cuán presto se va el placer, / cómo, después de acordado, / da dolor; / cómo, a nuestro parecer / cualquiera tiempo pasado / fue mejor.

Pues si vemos lo presente / cómo en un punto se es ido / y acabado, / si, juzgamos sabiamente, / daremos lo no venido / por pasado.

No se engañe nadie, no, / pensando que ha de durar / lo que espera, / más que duró lo que vio / porque todo ha de pasar / por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar, / que es el morir;/ allí van los señoríos / derechos a se acabar / y consumir.

Allí los ríos caudales, / allí los otros medianos / y más chicos, / y llegados, son iguales / los que viven por sus manos / y los ricos.

Este mundo es el camino / para el otro, que es morada / sin pesar; / mas, cumple tener buen tino, / para andar esta jornada / sin errar.

Partimos cuando nacemos, / andamos mientras vivimos, / y llegamos / al tiempo que fenecemos; /así que cuando morimos, / descansamos.

Ved de cuán poco valor / son las cosas / tras que andamos y corremos, / que, en este mundo traidor, / aun primero que muramos / las perdamos.

Aquél de buenos abrigo, / amado por virtuoso / de la gente, / el maestre don Rodrigo / Manrique, tanto famoso / y tan valiente;

sus hechos grandes y claros / no cumple que los alabe, / pues los vieron, / ni los quiero hacer yo caros / pues que el mundo todo sabe / cuáles fueron.

Amigo de sus amigos, / ¡qué señor para criados / y parientes! /
¡Qué enemigo de enemigos! / ¡Qué maestro de esforzados / y valientes!

¡Qué seso para discretos! / ¡Qué gracia para donosos! / ¡Qué razón!
¡Cuán benigno a los sujetos! / ¡A los bravos y dañosos, / qué león!

Así, con tal entender, / todos sentidos humanos / conservados, /
cercado de su mujer / y de sus hijos y hermanos / y criados,
dio el alma a quien se la dio / ¡en cual la dio en el cielo / en su gloria, /
que, aunque la vida perdió / dejónos harto consuelo / su memoria.

Decía un militante esta mañana durante la espera: “cuando muere un buen socialista siembra la tierra para que otros recojan el testigo”. Mejor socialista que Rubalcaba, pocos.

Termino con estos versos de Jorge Manrique y otros de Miguel Hernández: tus amigos, Alfredo, tus compañeros, Rubalcaba, te decimos que “aún nos tienes que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero”.

Descansa en paz.   

Jesús Parra Montero
Amigo y compañero