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sábado. 13.08.2022

Por un plato de lentejas

Ciudadanos y sus lideres hablan de regeneración pero permiten que en Madrid continuemos otros cuatro años con más de lo mismo.

Mientras escribo estas líneas, finalizada la cuarta reunión entre Ignacio Aguado, primero en la lista de Ciudadanos y Cristina Cifuentes, cabeza de lista del Partido Popular, se ha cerrado el pacto por el que Cifuentes será la próxima Presidenta de la Comunidad de Madrid. No hacía falta ni ser determinista ni politólogo para tener la certeza de que esto iba a acabar así. Era potencialmente predecible, conociendo la capacidad de intriga del PP y esa estructura discursiva que pretende impregnar la sociedad de una calculada ambigüedad despolitizada y sin ideología definida con la que, desde la convocatoria de las elecciones del 24 de mayo, se ha mantenido el líder de Ciudadanos; idéntica ambigüedad han mantenido aquellos que, con un seguidismo ciego a cuanto diga y ordene su gurú, han encabezado sus listas y han ido protagonizando los pactos en ayuntamientos y comunidades.

Albert Rivera no ha dejado de repetir desde hace meses que Ciudadanos “ha llegado a la política para cambiar las cosas: para regenerar la democracia. Ha repetido en exceso que "los de izquierdas nos sitúan a la derecha, y los de derechas nos sitúan a la izquierda, lo que quiere decir que somos el gran partido de centro". Es bueno recordarle que una cosa es ser de centro y otra muy distinta (como decía mi madre) estar en medio: estorbando.

En parecidos términos se ha pronunciado el propio señor Aguado: “los ciudadanos nos han elegido para regenerar la democracia”(…); “el Partido Popular es una marca que ahora mismo pesa mucho en Madrid por su vinculación con la corrupción; el cocido del PP tiene todos sus garbanzos podridos” (…); “tendría que dar un giro de 180 grados si quiere pactar con Ciudadanos. Tienen que entender que hay que abrirse a la transparencia, combatir la corrupción de manera clara, cosas que hasta ahora no han hecho”.

Wittgenstein en su obra Investigaciones filosóficas acuña una interesante terminología: los juegos del lenguaje. Para él, “el lenguaje es imagen de la realidad (…) El significado de una palabra está en su uso, en su puesta en práctica”. De ahí que, analizadas y comprendidas las afirmaciones de Rivera y Aguado, se me hace difícil entender qué quieren decir cuando hablan de regeneración democrática. Regeneración en su uso y significado intelectual y político es la tendencia a volver a generar en una comunidad aquellos valores morales y sociales que se consideran perdidos, traicionados o aminorados.

Al apostar por “regeneracionismo” o “nueva política” si Ciudadanos considera que estos conceptos de generar en la Comunidad de Madrid los valores morales y sociales, traicionados y aminorados por el Partido Popular, los encarna y representa la señora Cifuentes y el partido en el que lleva militando “toda la vida“, entrará en contradicción con sus principios e iniciará su propio descrédito al haber repetido sin cesar que venían para regenerar la política. No se puede entender que el partido que ha envilecido la política como ningún otro merezca en Madrid su voto para la presidencia de la Comunidad. Apoyar a Cifuentes no deja de ser apuntalar un partido y una política decadentes por muchos que sean los puntos acordados en los pactos firmados. Cifuentes es una política del PP; está, como ella dice, en su ADN y en su origen, y sus límites de gestión política se los irá marcando el partido en el que milita. ¿Quién puede dudar de que, con el objetivo de alcanzar la Presidencia de la Comunidad de Madrid, que tanto ella desea y tanto necesitan los populares, estaba dispuesta a firmar cuantos puntos negociados se le hubiere presentado y exigido, no sólo 70, sino cuantos fuesen precisos? Y teniendo presentes los flagrantes y numerosos incumplimientos programáticos que durante la presente legislatura nos ha regalado el PP, ¿quién garantiza que no hará lo mismo cuando, en obediencia partidista, así se lo exija el partido?... Por otra parte, la señora Cifuentes, como el Partido al que pertenece, tienen historia; nombrada portavoz del Partido Popular, junto a Antonio Beteta, participó en la comisión de investigación del Tamayazo en la Asamblea de Madrid. Todos recordamos cómo respetaron, entonces, Aguirre y los que le acompañaban -entre ellos, Cifuentes-, las decisiones de los madrileños; Cifuentes fue Presidenta del Comité de Derechos y Garantías del PP de Madrid, encargada de vigilar de que sus militantes, en particular sus cargos públicos, estuvieran fuera de toda sospecha y ajenos a casos de corrupción; y mientras, al parecer, sin ella advertirlo y menos denunciarlo, se adjudicaban contratos de la Gürtel y la Púnica…

Muchos madrileños, que hemos soportado durante décadas las políticas nefastas del Partido Popular, no podemos entender que se pretenda justificar  este apoyo por el ramplón criterio cuantitativo de la lista más votada. Este argumento, además de falaz, indicaría las tragaderas presentes y futuras de Ciudadanos. Nuestro sistema electoral es de representación proporcional; se eligen representantes y éstos, a su vez, votan los gobiernos de acuerdo a pactos honestos e inteligente de mayorías y minorías entre partidos, pensando en el bien de los ciudadanos.

En estos momentos, de ilusión y esperanza, de cambio de las viejas políticas, como Ciudadanos ha venido repitiendo, sus diputados han apostado en Madrid por el continuismo, por un equipo de políticos encabezados por Cifuentes, sin atributos ni ideas; y los pactos, disfrazados de un regeneracionismo inexistente, de corta y pega, sin haberse posado apenas en sus neuronas; para comprobarlo, basta haber escuchado la sosa y predecible intervención de Mariano Rajoy, este jueves 18 en la dirección de su partido y la exigua remodelación cosmética que ha realizado, apenas cuatro caras jóvenes con ideas viejas; muchos tenemos claro -también Ciudadanos debería tenerlo-, que el PP, en el que milita y al que representa la señora Cifuentes en Madrid, tiene una visión de la realidad desfigurada y horadada por enormes boquetes de corrupción.

Muchos analistas señalan que en las pasadas elecciones de mayo, hastiados de la corrupción y de las políticas desnortadas de Rajoy y de sus gobiernos autonómicos y municipales, un gran número de sus votantes han traspasado su voto a Ciudadanos; es, pues, paradójico y contradictorio que estos votos, como va a suceder en la Comunidad de Madrid, se utilicen para apuntalar de nuevo a un viejo gobierno popular del que los madrileños estamos hartos. Afirmaba Wartosfky que saber explicar “algo” es haber llegado a entenderlo de tal manera que uno sea capaz de hacer que otro lo entienda. La respuesta que ha dado Ciudadanos para hacer Presidenta de la Comunidad de Madrid a Cristina Cifuentes no es fácil de entender. Si exigían regeneracionismo, deberían aportar certezas a esa voluntad de cambio; certezas que van más allá de la simple expresión de un deseo de “nueva política”. Resulta burda e insustancial esa retórica y soberbia moral con la que han presentado su apoyo a Cifuentes. Las miserias humanas no impiden la historia pero sí pueden destruirla.

Ciudadanos no debería olvidar, si quería una verdadera regeneración en Madrid, que sí existía una alternativa de regeneración a un gobierno de más de 20 años del PP; alternativa que, según lo pactado entre Cifuentes y Aguado, Ciudadanos no ha contemplado. Con su ambigüedad calculada, Ciudadanos puede estar definiendo su futura hoja de ruta: ser los herederos de UPyD, y ya sabemos dónde ha ido a acabar. Es posible que en las generales, una gran parte de sus votantes prefieran elegir el original (PP) a la copia (C`s). Las últimas encuestas así lo auguran. En política, después de saber cuándo se debe aprovechar una oportunidad, es importante saber cuándo se debe renunciar a una ventaja.

En el libro del Génesis se narra la historia de los hijos de Isaac y Rebeca: Esaú y Jacob. Es conocido cómo Esaú, el primogénito, vende su primogenitura a Jacob por un plato de lentejas. Hoy todavía se utiliza la expresión para significar una cesión fácil y sin grandes contrapartidas. No creo que alcanzar la vicepresidencia de la Asamblea madrileña, que por número de votos no le correspondía, haya sido el plato de lentejas del PP a Ciudadanos. Sus meditados silencios y su calculada indefinición ideológica sobre muchos temas dan lugar a serias dudas. Los ciudadanos queremos sentirnos partícipes de proyectos que ilusionen y no solo carne de cañón e impotentes ante una política de pactos que no significan cambio ni regeneración, sino más de lo mismo.

Un poeta-trovador peruano y popular, José Valdivia Domínguez, más conocido por Jovaldo, escribió estos sencillos pero coherentes versos: “Puedo estar en minoría / encontrarme entre las rejas / mas no vendo mis principios / por un plato de lentejas”. Y aunque no cultivo la copla, le regalo a Ciudadanos de Madrid, con cierta castiza ironía, lo que puede suceder en futuras elecciones si, por pactar con el pasado, impide un cambio que tanto había prometido: Yo me enamoré de noche / y la luna me engañó, / otra vez que me enamore / será de día y al sol”.

Por un plato de lentejas