martes 16.07.2019

La necesaria destitución de Álvarez Gundín

“Como nada es más hermoso que conocer la verdad, 
nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla por verdad”

Cicerón.


Sabemos que la esencia de la manipulación informativa radica en el control de las ideas: esa influencia sutil que busca transformar la mente sin atacar directamente la voluntad; que informa en exceso de aquello que interesa al poder, pero que nada dice de lo que no le interesa

Había que poner fin a una era de manipulación sectaria, recuperar la credibilidad informativa y conseguir una radiotelevisión pública plural e independiente; con la designación de la periodista Rosa María Mateo como administradora provisional única de RTVE y el nombramiento de la periodista Begoña Alegría como nueva directora de los servicios informativos de Televisión Española, se pone fin al trienio más negro en la historia del ente público. Hoy, como nunca, la comunicación facilita la información y quien controla la información, controla el poder. De ahí el desmedido interés de los políticos por controlar los medios de comunicación e información.

Cesados José Antonio Sánchez, como presidente de RTVE, sin otro mérito que haber sido elegido doblemente a dedo por el PP para dirigir el ente público (2002, con José María Aznar y 2014, con Mariano Rajoy) y José Antonio Álvarez Gundín, exdirector ya de los servicios informativos de Televisión Española, también elegido a dedo en 2014 por el PP, dejamos de sufrir una radiotelevisión pública altamente censurada y manipulada; con ellos en la dirección, el ente público ha estado marcado por las cotas de audiencia más bajas de su historia; sus informativos han adolecido de falta de pluralismo, credibilidad e independencia. Los propios trabajadores de RTVE han colocado a estos impresentables directivos en el epicentro de la censura y la manipulación en los últimos años. 

Sabemos que la esencia de la manipulación informativa radica en el control de las ideas: esa influencia sutil que busca transformar la mente sin atacar directamente la voluntad; que informa en exceso de aquello que interesa al poder, pero que nada dice de lo que no le interesa; lo que no le conviene, desaparece del espacio público: sencillamente no existe. Sabemos también que el papel que desempeñen los medios de comunicación públicos nos obliga a cuestionarnos el tipo de sociedad en la que queremos vivir y qué modelo de democracia queremos tener; en una sociedad realmente democrática los ciudadanos, sean cuales sean sus ideas políticas o creencias religiosas, deben tener claro que los medios de información públicos a su alcance deben ser libres e imparciales. Con unos directivos, mercenarios del poder, que han estado hasta ahora gestionando la televisión y la radio públicos, con la indisimulada complicidad del Gobierno del PP y su grupo parlamentario, éstos no eran libres, ni imparciales, ni plurales, ni independientes; sus directivos pensaban cínica y torpemente que, vendiendo humo y mentiras, acentuando la manipulación desde el punto de vista emocional, los ciudadanos eran ingenuos bobalicones, mientras ellos iban haciendo lo que les venía en gana y a conveniencia. Su perversa lógica era sencilla: la propaganda por el interés del partido popular era también su interés y su seguridad en el cargo; les importaba un bledo los intereses públicos y la honesta profesionalidad de los trabajadores del ente público, especialmente, quienes han luchado durante años por hacer su trabajo conforme a inequívocos y estrictos criterios periodísticos y en favor de la independencia informativa.

La miseria más profunda que puede sufrir una sociedad es la de su ignorancia promovida y consentida. Una vez más se hace evidente que quienes no confían en la democracia, para gestionar los medios públicos de información, buscan y nombran siempre a aquellos que se comprometan a controlar y dirigir la opinión pública de acuerdo con los intereses del poder político que les designa. Sánchez y Gundín, como la voz de su amo, han sabido poner en su gestión esas ansias de poder y ambición que Archer Jeffrey denunciaba en su obra El cuarto poder: un periodismo sin verdad ni libertad.

Quienes les conocían y habían seguido su trayectoria como periodistas, bien sabían que Sánchez y Gundín no iban a practicar lo que representa el periodismo de un buen profesional; es decir, un compromiso social para que prevalezca la verdad, la independencia informativa y la libertad de expresión y de ideas; en su gestión al frente del ente público no han cumplido ese código deontológico que practica todo buen periodista; han preferido manipular la información, aunque la verdad se resienta; han carecido de escrúpulos a la hora de conseguir sus objetivos: cumplir con el gobierno que les ha colocado en el puesto, sirviendo a sus intereses. Se lo echaron en cara a José Antonio Sánchez los representantes de los periodistas en su comparecencia en sede parlamentaria con esta dura afirmación: “Pone usted de manifiesto una vez más que no es, ni pretende ser, un presidente neutral; adolece de la rectitud, imparcialidad y responsabilidad exigibles a quien se sitúa al frente de la radiotelevisión pública de todos los españoles”. “Sus afirmaciones y actuaciones” -añadían-, tanto en el fondo como en la forma, no solo perjudica la imagen y la credibilidad de RTVE, sino también la de todos los que trabajamos en ella”.

¿Y qué opinar del señor Álvarez Gundín? Otro servil mercenario del poder popular. He aquí algunas perlas en sus columnas de opinión: en una titulada “Arquímedes y la izquierda”, Álvarez Gundín repasaba la pérdida de votos del PSOE y aseguraba: “Rubalcaba se agarra como un náufrago a la tabla de los sindicatos y no tardará en enarbolar la bandera laboral para convocar a todas las tribus de la izquierdona asilvestrada”. Y esta otra: “Mal que le pese a la izquierdona asilvestrada que aún sobrevive por estos páramos, la asignatura de Religión no es un privilegio de la Iglesia ni, mucho menos, de los curas, sino un derecho de los ciudadanos”. Y sobre el auge del Pasok en Grecia, Gundín, siempre insultante e insulso, se felicitaba porque Rajoy seguía al frente de España. “A los griegos en realidad les gustaría pasar por españoles, tener una selección como La Roja y recibir el mismo trato que Rajoy en Bruselas. […] La suerte de España es que en el banquillo de la izquierdona figura Cayo Lara”.Arremetiendo siempre contra “la izquierdona” (era su adjetivo preferido), rebuznaba repasando las reacciones de las formaciones políticas en España: “Las lumbreras de la izquierdona española han reaccionado con la misma inteligencia que las vacas viendo pasar el tren. Con mugido incluido”.

Durante todo su mandato, este sectario periodista ha ignorado o desoído lo que el Consejo de Informativos de TVE emitió en un duro informe de 72 páginas, en el que al final exigía su dimisión “por pura supervivencia de la cadena pública”.En su informe, el órgano de representación de los periodistas describía una acumulación de malas prácticas profesionales, sin parangón en la historia reciente de la televisión pública. “La Televisión Española -afirmaban sobre el 1º O-ha renunciado a ser el referente informativo de una jornada histórica, en un momento crítico y de incuestionable interés periodístico”;señalaban, asimismo, los múltiples casos de censura, falta de pluralidad en las tertulias y mesas de análisis, la tendenciosa improvisación y la pésima planificación, utilizando el doble rasero (siempre a favor de los intereses populares y en contra permanente de la oposición democrática) minimizando o aumentando los hechos a conveniencia, con una desigual valoración si las noticias son favorables o no al Gobierno y al PP, vulnerando así el principio de veracidad y pluralidad informativa. 

¿Cómo se ha podido aguantar durante cuatro años a un director de informativos tan sectario? Un director de informativos que intentó mezclar la información con la opinión; que para las informaciones “sensibles” encargó a unos redactores contratados (la conocida como redacción paralela), porque, según Sánchez y Gundín, los informativos necesitaban un refuerzo evidente); mientras, relegó de sus funciones a los redactores veteranos, acudiendo con frecuencia al diario Abc como referencia informativa; un director que abusó de un amarillismo creciente, introduciendo en los telediarios bloques de sucesos cada vez con más peso como reclamo para llamar la atención de la audiencia, utilizando, según el informe analizado, una serie de malas prácticas e infracciones deontológicas: manipulación, censura, redacción paralela y lenguaje equívoco.

Producido el cambio de gobierno y ante su “seguro cese” que el señor Álvarez Gundín presentía y adivinaba, por toda justificación ante las acusaciones de manipulación que los propios profesionales del ente público y los propios ciudadanos televidentes constataban a diario, en lugar de una sincera autocrítica a su gestión, se ha defendido con esta cínica butade“forman parte de una campaña de descrédito por objetivos políticos”. 

Razón tenía Chomsky al describir cuáles son las técnicas de manipulación de la información: estimular al público a ser complaciente con la mediocridad, la estupidez, y la vulgaridad. O como sostenía el economista canadiense John K. Galbraith: “Para manipular eficazmente a la gente es necesario hacer creer a todos que nadie les manipula”.Pero les ha salido el tiro por la culata: el problema que han tenido Sánchez y Gundín para intentar engañar a los españoles sin que lo advirtiesen es que, como decía Bertold Brecht, les ha faltado la inteligencia necesaria para aparentar que decían verdad, intentando ocultar el arte de la manipulación. Han sido los tontos útiles de un poder que les ha premiado, pero manipulándoles y manejándoles a su vez.

Una sociedad que presume de democracia no puede consentir que sus medios públicos de información no sean libres e independientes. Al gobierno de Pedro Sánchez, al que la encuesta del CIS hoy le da un 30% de intención de voto, el test que le garantiza la credibilidad ciudadana, además del cumplimiento de las promesas que le han facilitado su ascenso a la Moncloa, es la transparencia en su gestión y la independencia de los medios públicos de información. Es el único test que avalará la confianza en su gobierno.  

La necesaria destitución de Álvarez Gundín