domingo 25.08.2019

“Los maestros de la censura”

“Si se calla el cantor calla la vida,
porque la vida, la vida misma es todo un canto.
Si se calla el cantor, mueren de espanto,
la esperanza, la luz y la alegría”.

Horacio Guarany


El cantautor Luis Pastor

Las libertades en España de nuevo en cuarentena; si los diputados no prestigian al Parlamento del Estado o de las Autonomías están desprestigiando la democracia por la que fueron elegidos. Las virtudes que tuvo la transición hoy se han convertido en vicios en la democracia; ésta se encuentra en estado débil; apenas interesan los programas, mucho en cambio el poder. Casi estrenando su gobierno municipal como alcalde y vicealcaldesa de Madrid, José Luis Martínez Almeida, del PP, y Begoña Villacís, de Ciudadanos, por mandato directo o interpuesto, han decidido prohibir la actuación del cantautor madrileño Luis Pastor y de su hijo, Pedro, quienes tenían previsto presentar su nuevo trabajo en Aravaca el próximo 8 de septiembre. “Hemos recibido una llamada esta mañana de la empresa que había contratado nuestro concierto para las fiestas de Aravaca el 8 de septiembre para avisarnos de que el nuevo ayuntamiento de Madrid ha prohibido que toquemos en dichas fiestas”, ha declarado el miércoles el joven Pedro. Su grupo ha sido el único excluido de la programación; programación aprobada por unanimidad en una votación con todos los grupos municipales del anterior consistorio, como sostiene la Comisión de Fiestas de Aravaca. Se quejaba Almeida de que “en la legislatura anterior vimos demasiados ejemplos de actuaciones de bandas musicales que hacían apología de delincuentes… y ese tipo de comportamientos se acabó con este equipo de Gobierno”. El portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith, ha celebrado la decisión de los responsables municipales afirmando: “Nos alegra profundamente que el alcalde haya decidido suspender esos conciertos y espero que sea la tónica a partir de ahora. Ni un sólo espacio y tolerancia cero para cualquier exposición pseudocultural, para cualquier concierto pseudomusical, para cualquier participación con dinero público o en instalaciones públicos que al final sea darle voz a los que odian”, ha indicado el concejal de la formación de ultraderecha. “Desde el Ayuntamiento no vamos a atacar la libertad de expresión, pero estas personas, que pueden actuar donde quieran, no lo van a hacer con soporte institucional ni dinero público”. Mientras, la dicharachera señora Villacís para criticar a la izquierda guarda silencio y la señora Andrea Levy se desmarca de la decisión del PP en el Ayuntamiento de Madrid de cancelar el concierto alegando que ella no tiene competencias: “He conocido la cancelación cuando ha saltado la noticia en la prensa, no lo comparto”; se olvida que ella es concejala del área de cultura del Ayuntamiento de Madrid: alguna responsabilidad tendrá.

A Luis Pastor, que luchó con su música y palabra por traer la democracia, hoy algunos que se dicen demócratas le censuran y le quitan la palabra

Ignoro la calidad musical de Pedro Pastor y cuál es la ideología que esconden las letras de sus canciones; sí, en cambio, conozco a Luis Pastor, su padre; su trayectoria, ideología y compromiso con las libertades, su lucha por la democracia, esa lucha constante y diaria que mantuvo para hacer valer la verdad de la solidaridad con la gente, con el pueblo, la única que en realidad nos hace mejores para construir sociedades justas, equitativas y solidarias; y más en aquellos tristes y oscuros años de la dictadura de Franco, tiempos de madrugadas sin esperanza. Luis Pastor, ese vallecano que llevaba la música y la canción en sus entrañas y reivindicaba la libertad y la igualdad como derechos necesarios para la dignidad de las personas, imprescindibles para que fuera posible la transición democrática, en aquellos años censores de la dictadura. A él, que luchó con su música y palabra por traer la democracia, hoy algunos que se dicen demócratas le censuran y le quitan la palabra.

Sin pretender un análisis histórico, -no es el momento-, conviene recordar las dudas que tuvieron los padres ideológicos del actual Partido Popular, entonces Alianza Popular, para aprobar y votar la Constitución del 78. Los actuales dirigentes del PP -herederos de Fraga, de Licinio de la Fuente, de Federico Silva y Fernández de la Mora, entre otros- dudan del constitucionalismo del PSOE mientras se pavonean de su defensa de la Constitución, sin haber renunciado del todo al franquismo ni histórico ni ideológico. Es bueno recordarles que su “código genético, AP” en su Junta Nacional, cercano ya el referéndum del 6 de diciembre del 78, emitió un comunicado pidiendo el “sí” a la Constitución; así lo hizo, entre otros, Fraga Iribarne con no pocas dudas; algunos se abstuvieron y otros, Silva Muñoz y Fernández de la Mora votaron en contra. Los anales de entonces, la hemeroteca y diferentes artículos de prensa recogen que un joven llamado José María Aznar (falangista en 1969 y de Alianza Popular en 1979) anduvo predicando el “no” en la cuerda ideológica de los franquistas Silva Muñoz y Fernández de la Mora, mientras escribía artículos en los que se explayaba a gusto contra la Constitución Española de 1978 y el sistema autonómico.

Es curioso que Casado, García Egea, Álvarez de Toledo y la derecha española representada en el PP, muy cercanos a Aznar, algunos les llaman “los cachorros de FAES”, reivindiquen con tanto afán el constitucionalismo del 78, que en su momento no apoyaron, adoptando decisiones nada constitucionalistas, como el rechazo a todo lo que hacía referencia a la libertad de expresión, la despenalización del adulterio y los anticonceptivos, por poner algunos ejemplos. Ahora, con el fervor de los “neoconversos”, dispuestos a ser “más constitucionalistas que nadie”, no recuerdan aquella época porque les conviene olvidarla o, sencillamente, porque no la vivieron.

Es deprimente para los madrileños ver cómo nos van a gobernar durante cuatro años, en la Comunidad y en el Ayuntamiento, una “banda” de políticos mediocres

Ciertamente tampoco la vivieron Rivera, Arrimadas, Villacís, Aguado…; entonces no había nacido Ciudadanos; pero no pueden ser ignorantes de la historia y mentir, al traicionar los principios con los que se presentaron: “regenerar la política y la democracia”; semejante incoherencia institucional pone de relieve la falacia de sus promesas sobre la regeneración democrática. El cínico Ignacio Aguado, líder de Cs en la Asamblea de la Comunidad de Madrid, y que ambiciona ser su vicepresidente, se tapa los ojos ante el hecho de investir a una presidenta del PP, partido que en las cinco últimas legislaturas y sus cinco gobiernos tiene un problema estructural de corrupción y que la Fiscalía Anticorrupción a todos los jefes de la señora Díaz Ayuso, a la que quiere hacer presidenta, o están imputados o ha sido solicitada su imputación. A pesar de que la señora Díaz Ayuso, como disculpa y desparpajo, manifieste que ella “no tiene porqué asumir todo lo que sus anteriores jefes hayan hecho en las anteriores legislaturas…, pues aspira a tener un gobierno a su manera, bajo una nueva dirección”; ¿acaso su presidencia va a ser un verso suelto de lo que ha sido y es la historia de la dirección del partido popular? Es deprimente para los madrileños ver cómo nos van a gobernar durante cuatro años, en la Comunidad y en el Ayuntamiento, una “banda” de políticos mediocres; es la insultante expresión del gaseoso líder de “Ciudadanos” Albert Rivera; si tanto se ha preocupado y ocupado en cambiar y aumentar su ejecutiva con “sus aduladores afines”, debería también cambiar al amanuense que le escribe sus desafortunados discursos. Como dice Juan Luis Cebrián en El País, “la banda de Sánchez que él denuncia no es ni mejor ni peor que la suya propia”. Ante la grandeza del político curtido en la buena democracia, el filósofo francés Hipólito Taine solía repetir: “Nada hay tan peligroso como una idea grande en cerebros pequeños”. Y Madrid sí es una idea y una ciudad grandes.

Estos fervorosos conversos, que se presentan más constitucionalistas que nadie, a los que hay que añadir a “los super constitucionalistas de pacotilla de Ciudadanos”, y a los “hiper constitucionalistas falsos y de madera de VOX”, quieren convertir al “constitucionalismo” a quienes durante el negro franquismo lucharon y se implicaron por darnos la Constitución del 78, como fue, entre otros, el partido socialista; quienes dudaron de la Constitución, incluso se opusieron a su aprobación, se han convertido hoy en “los maestros de la censura”. Se escandalizan de “las letras de los poetas” pero conviven pasiva y cómodamente con “los sobres de los corruptos”. Acusan falsamente al PSOE de rendir “un homenaje público a ETA” en Navarra, pero ellos son felices rindiendo honores y manteniendo al “dictador” en “la sede eclesial de Cuelgamuros” apoyados por la ultraderecha de VOX y la derecha veleta de “Ciudadanos”, deteriorando con sus políticas censoras la confianza en el sistema constitucional; parece que no tienen claro que la condición básica para regenerar la democracia es respetar a los ciudadanos que les han votado para que los representen en el Parlamento.

Quienes esperábamos ilusionados, en los momentos iniciales de la transición, el triunfo de la democracia, que con el sufragio universal y el ejercicio honesto del poder político de los gobernantes elegidos democráticamente tendríamos garantizadas las libertades, respetados los derechos de las mayorías y minorías y que se alcanzarían realmente los derechos constitucionales, objetivo principal de una sociedad democrática con un eje rector, la igualdad, no es extraño que estemos algo decepcionados y no poco pesimistas; se percibe una crisis de representación en los que nos representan; al verles reflejados en el espejo de la realidad, yo mismo me pregunto: ¿son estos los que representan realmente a la ciudadanía?

Cayetana Álvarez de Toledo es una política de trincheras, con su cizaña verbal y su amalgama de datos dudosos, le divierte la “polémica”, incluso la “crispación”; es “una perdona vidas”

Espanta adivinar lo que nos espera escuchar durante los próximos cuatro años con los nuevos o nuevas portavoces de los partidos políticos en el Congreso. El modelo lo ha puesto el líder popular Pablo Casado, subiendo al “altar de la palabra y de las libertades” a la señora Cayetana Álvarez de Toledo; está demostrando que no le importa hacer destrozos por donde pasa, absolutamente inadecuada para una “portavocía” sensata y constructiva; es una política de trincheras, con su cizaña verbal y su amalgama de datos dudosos, le divierte la “polémica”, incluso la “crispación”; es “una perdona vidas”. La gente borde puede ser hasta brillante, pero rara vez útil; de hecho, Cayetana ha conseguido los peores resultados del PP en Catalunya; conviene recordar al señor Casado que “el fracaso nunca es buena opción”; siempre creí que la cultura estaba reñida con la mala educación y que la pedantería y el estiramiento no eran sinónimos de brillantez; juntar palabras con buena sintaxis y acumular títulos académicos y nobiliarios no significa tener ideas. Con esa mirada soberbia y su altanero y faltón tono de voz, plagado de adjetivos descalificadores, ya ha añadido a los muchos títulos que posee, el de “locuaz inmensidad vacía” por sus muchas extravagancias oratorias. No es políticamente ético responder al insulto con más insulto, pero ¿merece silencio quien así se comporta? Atrás va a dejar a Acebes, Zaplana, Martínez Pujalte, Alonso, Hernando, Monserrat, etc.

En 1965, el filósofo francés Paul Ricoeur unió a Marx, Nietzsche y Freud bajo una etiqueta bastante simplificadora: los filósofos o los maestros de la sospecha; los ejes de su sospecha fueron básicamente cuatro: la religión, la política, la sociedad y la ética. Encontró Ricoeur que los tres ponían bajo la lupa las deficiencias de la noción de sujeto, base sobre la que se había elaborado la filosofía moderna. ¿Qué tenían en común Marx, Nietzsche y Freud? Casi nada y mucho: los tres son autores y pensadores; los tres nacieron y vivieron en el siglo XIX y expresaron, cada uno a su manera, la crisis de la filosofía de la modernidad; los tres mostraron un espíritu crítico hacia la sociedad del momento y cuestionaron los valores de su época; los tres sospecharon de la libertad del hombre, limitada por el Estado y la religión y que la sociedad occidental estaba sustentada sobre un error: la creencia ciega en la razón, en el progreso y en la preeminencia de un sujeto libre de la subjetividad; sospecharon y cuestionaron el racionalismo que imperaba en su época e intentaron liberar al hombre de la conciencia falsa que le había sido impuesta. Los tres criticaron la sociedad que conocían con el objetivo de cambiarla. Y los tres tuvieron como referente de sus reflexiones a uno de los autores más famoso, tal vez el más controvertido: Maquiavelo. A él se atribuye un pensamiento contrario al de su propia doctrina; jamás intentó justificar “el maquiavelismo”: el autoritarismo, la razón de Estado por la que todo está permitido con la doble moral de las clases dominantes; subrayó la importancia de que el político supiese adaptarse a la realidad de los tiempos, controlando las circunstancias. Lo que sí mantuvo, analizando los instables momentos históricos en el que le tocó vivir, marcados por la creciente intervención de España y Francia en Italia que trajo aparejada la caída de la república florentina y la restauración del poder de los Médici en agosto de 1512, es que era necesario encontrar un líder que comprendiera los problemas de aquella Italia para “liberarla de los bárbaros”. En realidad, vencer mediante la gloria, la fama o el poder el cerco que en la vida ponen las circunstancias de la irrelevancia, ha sido el ideal de miles de personajes que han pisado la tierra en todos los tiempos con el deseo de llegar al poder y sobrevivir en la historia.

¿Qué están haciendo los Almeida y Aguado, las Ayuso, Arrimadas y Villacís?; ¿los Casado, Rivera y Abascal?: fabricar falsedades saludables a sus intereses con visos de “verisimilitud”, con el deseo de sobrevivir en la historia y en el poder

Este deseo de sobrevivir en la historia mediante el poder está siendo también el perfil de nuestros nuevos políticos; ocultan sus ambiciosos deseos fabricando “saludables falsedades” de las que ellos se benefician. El arte del engaño no se rige por los excesos, pero sí por un cínico cálculo cuyos criterios establece el siguiente programa: se trata del sabio arte del justo medio, una sutil técnica de la medida. El engaño debe mantener su proporción frente a la verdad, ante las circunstancias y los fines pretendidos. Lo expresaba sutilmente Baltasar Gracián: “Las exageraciones en el engaño, las falsas promesas que se anuncian y escogen para obtener un futuro radiante, son el indicio de la cortedad de conocimiento de quien engaña; no es prudente fijar las predicciones para el corto plazo ya que se corre el riesgo de quedar expuesto a la vergüenza y a la turbación de verse pronto desmentido y acusado de falso”. Es decir, sustraer las mentiras a cualquier posible verificación o refutación no superando nunca los límites de lo verosímil: la mentira se calcula, se sopesa, se destila, se dosifica. ¿Qué están haciendo los Almeida y Aguado, las Ayuso, Arrimadas y Villacís?; ¿los Casado, Rivera y Abascal?: fabricar falsedades saludables a sus intereses con visos de “verisimilitud”, con el deseo de sobrevivir en la historia y en el poder. Mentir no indica inteligencia política si el que miente se llega a creer sus propias mentiras. La historia nos indica que no todos suelen recordar estas reflexiones. Así lo sentenciaba Gracián: “al final el mentiroso tiene dos males: ni cree ni es creído”.

He titulado estas reflexiones “los maestros de la censura” utilizando la etiqueta simplificadora de Paul Ricoeur sobre Marx, Nietzsche y Freud: “los filósofos o maestros de la sospecha”, al referirme a los “políticos o maestros de la censura” que, en otro momento histórico y con crítica negativa, unen al Partido Popular, a Ciudadanos y a VOX. Aquellos, los filósofos, quisieron ampliar las libertades, éstos, los políticos, restringirlas, incluso anularlas. ¿Qué renovación democrática, como se atribuyen la señora Díaz Ayuso, el señor Aguado y la señora Monasterio en su acuerdo de gobierno en la Comunidad de Madrid, pueden ofrecer unos líderes que desprecian el debate, censuran al contrario y rechazan con indisimulado odio a la izquierda socialista que ha ganado las elecciones?

el jhonny

El Colegio Mayor San Juan Evangelista, el “Johnny”

Decía Giovanni Papini en su maravilloso libro “Gog”, publicado en 1931 que la comprensión de la historia es posible sólo si se inicia con los hechos ciertos del presente y se mira hacia atrás, en busca de su significado. Fui subdirector del Colegio Mayor San Juan Evangelista, el “Johnny”, como era conocido en el mundo universitario, en los años 1971-72, años finales y oscuros del “franquismo”, en los que, para quienes añorábamos y buscábamos las libertades y la democracia, nada de lo que hacíamos por conseguirlas nos resultó fácil. Conocido por su condición de autogestionario, libre, demócrata y progresista, la represión que sufrió el colegio, y con él, la mayor parte de los colegiales generó simpatías y adhesiones en amplios sectores de la universidad y de la sociedad, incluso en el extranjero; no sólo fue un importante observatorio político de acción y compromiso, sino también fuente privilegiada para el estudio, la excelencia académica y el conocimiento de nuevas acciones, nuevas ideas, nuevas propuestas y nuevas músicas. Por sus dependencias pasaron cientos de españoles comprometidos con la oposición al dictador y en su salón de Actos actuaron centenares de artistas, grupos de teatro, poetas, directores de orquesta, músicos, cantautores… Enumerarlos me resulta imposible por la cantidad y mi memoria; recuerdo, sí, al joven vallecano Luis Pastor, a Mercedes Sosa, a Horacio Guarany, a Jorge Cafrune, a Facundo Cabral…; de Horacio surgió esta canción y ellos la cantaron en el “Johnny”.

Si se calla el cantor calla la vida,
porque la vida, la vida misma es todo un canto.
Si se calla el cantor, mueren de espanto,
la esperanza, la luz y la alegría.
….
Sí se calla el cantor muere la rosa,
¿de qué sirve la rosa sin el cante?;
debe ser luz sobre los campos,
Iluminando siempre a los de abajo.
Que no calle el cantor porque el silencio,
cobarde apaña la verdad que oprime.
No saben los cantores de agachadas;
¡no callarán jamás de frente al crimen!

Les recuerdo al señor Almeida, a la señora Villacís (hoy ha intentado distanciarse tímidamente de su vergonzoso silencio) y al señor Ortega Smith, bisoños llegados a la política por las migajas del poder, que ser cantante es algo muy distinto que ser “cantautor”; tal vez ellos, desde su plana inteligencia, sean incapaces de diferenciar el matiz. Ignoran que toda la vida misma es un canto, que ese canto, en la voz y en la poesía que ellos censuran, es un canto del pueblo, de lucha, de libertad y de esperanza para construir un mundo nuevo en el que los únicos vientos que soplen sean vientos de libertad. Seguro que en su bisoñez política ignoran que una canción, ‘Grândola, Vila Morena’, la canción de José Afonso, se convirtió en un símbolo de la revolución de “los claveles” y de la democracia en Portugal, hace ya 45 años. De ahí que Luis Pastor cuando se enteró de la prohibición du su actuación, en unas declaraciones en la Cadena SER, haya respondido con la altura que le caracteriza: “Aunque sigan censurando, yo continuaré cantando”. Estos juglares, estos poetas, estos cantautores sí que son la “vox” del pueblo y no los de VOX y el “trifachito que han formado en la derecha”.

“Los maestros de la censura”