Los jubilados podemos jubilar a Rajoy

Foto: La Moncloa
Foto: La Moncloa

Los jubilados y pensionistas, movidos no por partidos ni sindicatos, sino heridos en su dignidad, han descubierto que se habían quedado solos, que Rajoy ha ido incumpliendo tantas promesas y que sus necesidades no se habían solucionado

Lo que no han conseguido en las dos últimas legislaturas los partidos políticos de la oposición, lo van a conseguir los jubilados y pensionistas: jubilar a Rajoy. Romperán su techo electoral de cristal y se partirá en mil pedazos; perderá el gobierno, al igual que los miles de altos cargos populares que llevan años aupados cómodamente en las poltronas del poder. La política actual nos está demostrando que la paciencia del pueblo ya se ha acabado. Es necesario un cambio de Gobierno.

¿Por qué?: porque Rajoy y su partido viven en una tranquila penumbra, sin percibir la visibilidad en la que vive la gente a la que gobiernan o representan. Disfrutan del poder y, acunados en sus escaños y despachos, no les apetece descubrir esa realidad, sino disfrutar de las ventajas que les proporciona la holgada y cómoda situación que los ciudadanos les facilitamos con nuestros trabajos e impuestos. ¡Qué pensarán nuestros nietos cuando sepan que su bienestar y sus pensiones se conquistaron, no por la gestión de los políticos, sino por la lucha de los jubilados y pensionistas de hoy! De ahí que en este artículo vuelva otra vez a las mismas reflexiones porque ellos vuelven a sus mismos olvidos e incumplimientos.

Cada primavera es un acontecimiento; y la que se acerca no iba a traer nada nuevo: “vivir sería volver a lo mismo”. La historia del jubilado está repleta de sometimientos; eso creían Rajoy y los populares. Mas, de repente y por sorpresa, algo nuevo ha despertado: “la rebelión de los pensionistas y jubilados”, esa inesperada movilización por el estancamiento y esa miserable subida anual del 0,25 % de sus pensiones; el distintivo en sus manifestaciones: “un significativo lazo marrón”, color de algo definible e identificable; el despertar de “su inercia y sueño” no sólo ha sorprendido al Gobierno sino también al Parlamento y a los partidos de la oposición, arrojándolos a la rueda del tiempo y la reivindicación.

Su existencia no estaba siendo fácil, pero se lo callaban y aguantaban: vivían como se podía, resignadamente; mantenían malamente la esperanza, nadie sabía por qué. Pero recibieron una carta de la ministra Báñez que les decía:

“Gracias a la solidaridad y al esfuerzo de todos los españoles hemos concluido 2017 avanzando en la senda de la recuperación y el crecimiento. Un periodo durante el que se han creado más de 600.000 empleos, que constituyen una gran fortaleza para nuestro sistema público de pensiones... Con el objetivo de conciliar mejoras anuales garantizadas con la necesaria salvaguarda económica para las generaciones futuras en 2018, el incremento de las pensiones será del 0,25%... Por último, quiero reiterar nuestro compromiso con el sistema público de pensiones, de reparto y solidario, del que todos estamos tan orgullosos. Es una responsabilidad irrenunciable con los pensionistas de hoy y de mañana”.

Y los jubilados y pensionistas, movidos no por partidos ni sindicatos, sino heridos en su dignidad, han descubierto que se habían quedado solos, que Rajoy ha ido incumpliendo tantas promesas y que sus necesidades no se habían solucionado. Como aquella folklórica, han comenzada a cantar: “¡Se acabó, porque tú te lo mereces, ¡se acabó! Todo lo que te querían, y ahora ya su voto es pa’ otro”.

Con sus manifestaciones han recuperado los versos de Celaya: “Nos estamos muriendo por los cuatro costados, / y también por el quinto de un Dios que no entendemos...” “Porque vivimos a golpes, / porque apenas si nos dejan / decir que somos quien somos, / nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. / Estamos tocando el fondo”.

Han tomado conciencia de que les están tomando el pelo, de que les han intentado dormir con sueños y promesas incumplidas y han abierto los ojos; aunque no han perdido ni la esperanza ni la capacidad de lucha ante quienes son los responsables de sus pérdidas de derechos. Así lo han advertido en sus manifestaciones al afirmar que “el PP no gobierna para hacer política y para dar solución a los problemas de los ciudadanos sino para protegerse a sí mismo. No sólo está recortando las pensiones sino lo derechos sociales”.

Cada jubilado, individualmente, tiene su manera de ver su realidad y su manera de actuar. Saben que su grito personal no les proporciona “un mendrugo de pan” pero que unidos sí lo pueden alcanzar; saben que están en una situación insostenible; saben que su capacidad de manifestación y su demostración de fuerza en estas últimas fechas contienen la esperanza de que pueden convertirse en un detonante de la recuperación de sus derechos. Saben que es una oportunidad única que no deben desaprovechar; su actitud no es una reivindicación caprichosa y egoísta, saben que están defendiendo también los derechos y las pensiones de las generaciones futuras.

Ya no se fían de esas palabras de Rajoy en la entrevista al diario austríaco Kurier, de que “los sacrificios exigidos a los ciudadanos por las medidas de su gabinete contra la crisis se han distribuido de forma justa y han servido para recuperar la confianza en la economía española”. Ya no se tragan sus evidentes mentiras, aunque intente envolverlas con cifras y razones incomprensibles: “Haré todo lo que pueda y un poco más de lo que pueda, si es que eso es posible. Y haré todo lo posible e incluso lo imposible, si es que lo imposible es posible”. Bien claro lo dijo, con sus brillantes frases, en junio del 2017: “Cuanto peor, mejor para todos, y cuanto peor para todos, mejor. Mejor para mí el suyo: beneficio político”.

Ya no se fían de los incumplimientos del Programa con el que el Partido Popular se presentó a las elecciones; las hemerotecas y videotecas dejan en evidencia que Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, Montoro, Fátima Báñez o Dolores de Cospedal, mintieron a los ciudadanos en reiteradas ocasiones al afirmar que no tocarían las pensiones públicas. Estas son algunas de sus declaraciones:

Mariano Rajoy: “Las pensiones son un compromiso ineludible; se podría meter la tijera a todo, salvo a las pensiones públicas… Yo lo que no llevo en mi programa, no lo hago”.

Soraya Sáenz de Santamaría: “Se pueden hacer las cosas de otra manera, pero no quitarles a los pensionistas lo que se han ganado con su esfuerzo y su cotización”.

Cristóbal Montoro, ha llegado a asegurar que “la idea de la izquierda de ligar las pensiones a la evolución del IPC es un concepto de otra época. Ahora, estamos en un momento en que no se esperan inflaciones altas y lo que hay que hacer es ligar la revalorización de las pensiones al crecimiento económico”.

Dolores de Cospedal: “Cuando Mariano Rajoy sea presidente del Gobierno de España volveremos a subir las pensiones. El mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones es otro ejemplo más de las muchas líneas rojas que no se pueden traspasar”.

Fátima Báñez: “Hay que agradecer al Presidente del Gobierno haber sacado a España de la crisis; es lo que ha permitido mantener el sistema publico de pensiones y su poder adquisitivo”. Dice el tango de Gardel que “veinte años no es nada”. Eso debe pensar la ministra Báñez. Que veinte años no es nada... para cobrar una pensión digna; harán falta más de setenta para poder disfrutar de ella.

Y, en el colmo de la desvergüenza, el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, ha salido en defensa de la reforma de la jubilación que realizó el Ejecutivo en 2013 con la justificación de que la propiedad inmobiliaria mejora la pensión: “Recuerden los jubilados que la mayoría tiene casa en propiedad y no tienen que pagar 600 euros de alquiler sino 100 de comunidad”. Linde pronunció estas palabras durante una conferencia y coloquio con empresarios y directivos organizada por la Asociación Española de Directivos (AED). Ante esta metedura de pata, y a preguntas de los periodistas, se reafirma en ella y aconseja a los pensionistas que: “Inviertan en activos financieros”. Con semejante cinismo se despacha este señor, cuyo sueldo es de 194.148 euros anuales; parece que se le ha olvidado que no toda la población española dispone de un colchón de dinero tan amplio como él; y mucho menos la clase trabajadora y los pensionistas y jubilados para invertir en activos financieros. El problema de su arrogancia y soberbia es no argumentar o responder a una pregunta legítima, sino responder con un simple y llano insulto.

Al parecer, según todo indica, la dignidad de la vida humana de los jubilados no era advertida ni estaba pronosticada en los objetivos, programas y previsiones del Gobierno; su política hoy es una fábrica de amaños. No es de extrañar que, aunque no aflore en los foros de ciertos políticos y economistas, ante la insostenibilidad de las pensiones, su sensibilidad puede coincidir con lo que el ministro japonés Taro Aso, apuntó en 2013, siendo titular de Finanzas: pidió a los ancianos que se den prisa en morir para evitar un gasto innecesario para el país; sugería el ministro nipón que el jubilado constituye una categoría insolidaria; debería sopesar el acto patriótico de la inmolación.

Algo parecido afirmó Christine Lagarde, la cuestionable economista y política francesa, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, al sostener que “la longevidad es un gasto innecesario”. El organismo que preside pide bajar las pensiones por “el riesgo de que la gente viva más de lo esperado”; apuesta porque la edad de jubilación se ajuste con la esperanza de vida y sus economistas proponen el recorte de prestaciones y el aumento de las cotizaciones.

No es de extrañar, pues, que los llamados “yayoflautas” hayamos tomado conciencia de lo que significan electoralmente los más de ocho millones de votos que representamos; no se nos oculta el cambio de melodía que han iniciado a cantar los populares sobre la necesaria revalorización de las pensiones en un precipitado intento de taponar la sangría de pérdida de votos que se les vaticina y de nadar desesperadamente por ganar las próximas elecciones.

Quienes luchamos en otros tiempos más difíciles por traer la democracia y los derechos, sabemos bien que sin riesgos no hay victoria. ¡Ojalá los jóvenes de hoy sean capaces de luchar por sus futuras pensiones como luchamos los que hoy reivindicamos la dignidad de las pensiones!