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jueves. 01.12.2022

¡Hola, don Mariano!; ¡hola, señor Juez!

Sostenía Friedrich Dürrenmatt que son tristes aquellos tiempos en los que se necesita demostrar lo evidente. Y lo evidente es que el Partido Popular lleva más de dos décadas financiándose ilegalmente, recibiendo donaciones de grandes empresarios y constructores que violan la Ley de financiación de los partidos; y lo evidente es que el partido que se declaraba incompatible con la corrupción está podrido por dentro; y lo evidente es que gracias a la contabilidad en “B” (por mucho que se empeñen algunos testigos en negarlo) se han repartido sobresueldos a los principales dirigentes, entre ellos al actual Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy; y lo evidente es que Mariano Rajoy ya no es creíble; y lo evidente, contra toda apariencia o montaje, es que una gran parte de la ciudadanía teníamos claro que, sucediese lo que sucediese en su comparecencia en la Audiencia Nacional para testificar en el sumario del “caso Gürtel”, gran parte de la “dócil y vendida” prensa iba a decir que Rajoy saldría vencedor, incluso “airoso” -según el ABC-, como testigo en el caso Gürtel, de “la encerrona judicial” que le había preparado la oposición a través de la acusación de ADADE, asociación, según estos ”mansos periodistas de doblegada cerviz” secundando las consignas de los voceros genoveses, en su cruzada particular contra los abogados de ADADE, vinculada según ellos al PSOE; “su intención -pontificaban Fernández-Maíllo y Rafael Hernando, con la autoridad y el prestigio que les da su talla intelectual- era convertir el juicio del caso Gürtel en un espectáculo mediático con pena de banquillo incorporada para el Presidente del Ejecutivo”.

Bien saben los ciudadanos informados, los denodados y oscuros manejos que ha ido haciendo el PP para controlar el juicio de la Gürtel y obstaculizar la comparecencia presencial de Rajoy. Ya lo inició el propio Mariano Rajoy, en un acto obsceno, esa declaración pública del 11 de febrero de 2009, al afirmar que el juez Garzón había abierto un sumario pretendiendo convertirlo en una causa general contra el Partido Popular;…“esto -dijo- no es una trama del PP como algunos pretenden, esto es una trama contra el Partido Popular, que es una cosa muy distinta”. Hasta la Audiencia Nacional tuvo que pararles los pies, aunque no lo consiguió del todo.

Rajoy salvó este miércoles sin grandes dificultades su incómoda citación como testigo ante el tribunal; contribuyó a ello un conjunto de circunstancias excepcionales relacionadas con su condición de jefe del Ejecutivo y que son impensables para cualquier otro testigo llamado a juicio: llegó en coche al edificio judicial y entró directamente en el garaje reservado a los magistrados de la Audiencia Nacional; no utilizó la puerta por la que efectúan su entrada los acusados y testigos, evitando el pequeño “paseíllo” hasta llegar al control policial, y evitando así poder ser visto y fotografiado y escuchar los gritos nada amables del grupo de manifestantes que le esperaban; fue recibido en el vestíbulo del garaje, en un acto de “cortesía institucional”, por el presidente de la Audiencia Nacional, José Ramón Navarro, que se desplazó, cosa nada habitual, hasta San Fernando de Henares; entró en la sala donde debía declarar por un acceso lateral que se comunica con la sala de espera, evitando cruzarse con los numerosos periodistas acreditados para cubrir su comparecencia, recluidos dentro de la sala de prensa, evitándole el trance de verse interpelado en ningún momento; la privilegiada situación de una mesa “ad hoc” situada en los estrados, al mismo nivel que el tribunal; la asistencia a la declaración testifical del nuevo fiscal jefe anticorrupción, Alejandro Luzón, (es la primera vez que el jefe de la Fiscalía Anticorrupción asiste a una vista, justificada como “cortesía institucional”), aunque -por criterio suyo- no intervino y dejó el interrogatorio a la fiscal Concepción Sabadell, fiscal que han llevado el caso Gürtel desde el inicio, aunque, a diferencia de sus anteriores incisivos interrogatorios a otros testigos, trató a Rajoy con guante blanco.

Estábamos a la espera de una declaración creíble, pero esa esperanza estaba ya de antemano frustrada. Rajoy, como “todos los suyos que le precedieron”, se ha escudado en la teoría “Cristina de Borbón”, admitida ya en la práctica judicial: “No lo sabía. No lo recuerdo. Lo desconozco absolutamente. No tengo ni la más remota idea. No sé absolutamente nada de eso. Desconozco absolutamente ese extremo por el que usted se interesa. La verdad, no tuve conocimiento porque yo no me preocupo de esos temas…” “Et ita porro” (y así sucesivamente, que dirían los latinos).

En realidad, jurídicamente, el testimonio de Rajoy como testigo no sirvió para nada. Mejor, sirvió como “deleznable espectáculo” -otro más- de la tomadura de pelo que día tras día ejecutan el Partido Popular, el Gobierno de Rajoy, la judicatura y los votantes que les sostienen y apoyan. Es acertado utilizar aquí la frase de José Sarrión, de Izquierda Unida: “nos mean y decimos que llueve”.

Y más, cuando el juez que ha presidido el Tribunal, el Magistrado D. Ángel Hurtado Adrián, ponente del caso Gürtel y respetado ultraconservador, formuló un VOTO PARTICULAR al auto por el que la mayoría había decidido que la declaración testifical de Mariano Rajoy Brey se practicase presencialmente ante el Tribunal, en la sede donde se han venido celebrando las sesiones del juicio oral. Aunque la Constitución es bien clara: Articulo 14: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, el Magistrado Angel Hurtado, retorciendo la hermenéutica, según su voto particular “no podía compartir con sus compañeros el énfasis que se pone en la circunstancia de que el testigo comparezca, no como Presidente del Gobierno, sino como un ciudadano español”. Y bien que lo demostró como presidente del Tribunal repitiendo decenas de veces que muchas de las preguntas de las acusaciones: “No son” o “No me parecen pertinentes”.

O ignorantes o desconociendo las “artimañas y malas artes genovesas”, muchos ingenuos ciudadanos y analistas políticos pensaban que, tras años de largas evasivas, medidos silencios, medias verdades y muchas mentiras, su condición de testigo, que por fuerza debe decir la verdad, permitía albergar una esperanza, aunque fuera mínima, de que los españoles pudiéramos, por fin, averiguar algo que todavía no hemos podido dilucidar: ¿qué sabía Rajoy sobre la financiación ilegal y la corrupción en su partido, cuándo lo supo y qué hizo al respecto? Pues según él NADA SABÍA. En su declaración como testigo Rajoy ha repetido reiteradas veces que su partido “jamás” recibió donativos en efectivo de empresarios, ni él, “sobre” alguno.

En realidad, a pesar del escenario judicial y de las preguntas de las acusaciones particulares, la comparecencia del “testigo Rajoy” estaba condenada al fracaso; su argumento apodíctico lo repitió hasta la saciedad: sus responsabilidades eran políticas y no de gestión económica y financiera: “en mis más de 30 años de responsabilidad en el partido, nunca me he ocupado de cuestiones económicas, sino únicamente de las políticas”. Y así se lo aceptó el juez, con el silencio poco comprensible de los otros dos jueces de la sala: Julio de Diego y José Ricardo de Prada. Bien replicó al cortante Presidente del Tribunal, con sutil agudeza, el letrado de la Acusación de ADADE, Mariano Benítez de Lugo: “Tengo que hacer una breve reflexión sobre lo que me acaba de comentar (su señoría). Si resultara que no se me permitiera hacer ninguna pregunta sobre los posibles conocimientos de aspectos económicos, resultaría que solo habría una pregunta en esta sesión. Como todo se traduce en aspectos económicos… Aquí no estamos enjuiciando ningún aspecto político, estamos enjuiciando aspectos económicos. Si se me veta o se me impide o censura cualquier pregunta que haga referencia a los aspectos económicos, no tiene sentido la declaración del testigo”. Y en esto consistieron todas las respuestas del “testigo Rajoy”: “A mí, pregúnteme de política, porque de economía, NI MÚ”.

Esta comedia bufa y tomadura de pelo” en las que se ha convertido la comparecencia de Rajoy, la sintetiza esta coplilla que me acaban de enviar con atinada sorna y certera ironía:

¡Hola, don Mariano!
¡Hola, señor Juez!
¿Pasó usted por la Gürtel?
“Por la Gürtel no pasé”.
¿Vio usted algún sobre?
¡Jamás sobres yo vi!
Entonces, ¿a qué viene?
¡A saludarle a usted!
¡Gracias, don Mariano!
¡Adiós, señor Juez!

Y, metidos en la chanza y burla, como remate final, al estilo cervantino, aunque modificando algo la letra, no ante el túmulo del rey Felipe II en Sevilla, sino en la Audiencia Nacional en San Fernando de Henares, muchos ciudadanos podríamos recitar:

Voto a Dios, que esta comparecencia,
daría yo un doblón por describilla,
porque ¿a quién no sorprende y maravilla
esta burla, esta farsa, esta simpleza?

Esto oyó un periodista y dijo: “Es cierto
cuanto dice voacé, buen ciudadano,
Y el que dijere lo contrario, miente.”

Y luego, el presidente,
sonrió a los jueces, dio la espalda,
miró al tendido, fuese y no hubo nada.

Razón tiene el sociólogo y escritor Jorge Moruno que sólo “derrotando a Rajoy y al PP sería posible empezar a imaginar la España del siglo XXI donde prime la democracia”

¡Hola, don Mariano!; ¡hola, señor Juez!