viernes 06.12.2019

Irresponsables silencios

“A veces, el silencio es la peor de las mentiras”. 
Miguel de Unamuno

 “La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”.
Marco Tulio Cicerón


Hacer historia es una cuestión de oportunidades, pero las oportunidades se pueden aprovechar o arruinar, las urnas lo demuestran; también la corrupción y el cinismo pueden resultar políticamente rentables. Se sabe que una afirmación es cierta sólo cuando coincide con la realidad; y la realidad de mis reflexiones las inicio con esta frase: “¿Escuchan? Es el silencio”. Es la anécdota más comentada de aquel debate a cuatro protagonizada por Albert Rivera, para las elecciones generales del 28 de marzo. Pero no es Rivera su creador; la frase la pronuncia el rey de Francia Luis XIV“el Rey Sol”, en la serie de televisión franco-canadiense “Versailles” que relata la construcción del Palacio durante su reinado, al mostrar a sus cortesanos el lugar en el que se construirá. El líder de Ciudadanos, pretencioso freudiano como “un líder-sol”, quiso plagiar la frase y mostrarnos “el silencio”; ese manto de silencio irresponsable que lleva meses manteniendo con su política de pactos, con el único deseo de alcanzar poderconfiando en el simple paso del tiempo; unos pactos a los que no le ha hecho ascos, aunque haya tenido que tragar “silencios” y complicidad con la ultraderecha de VOX y con el partido de la corrupción sistémica en Madrid, el Partido Popular, un partido que lleva 25 años en el poder. Afirmaba el filósofo ateniense Antístenes que “lo más vergonzoso para un hombre es ponerse públicamente en ridículo”. Con sus silencios o sus palabras, ¡cuántos políticos están haciendo el ridículo estos días!

“Consummatum est” es una locución latina de uso actual que significa literalmente “todo se ha cumplido”. Así lo profetizó Pablo Casado, según ha explicado la popular Isabel Díaz Ayuso en su corto discurso de toma posesión como presidenta de la Comunidad de Madrid en el acto celebrado este lunes en la Real Casa de Correos, sede del gobierno regional y así se ha cumplido: “Hace 8 meses, cuando ni estaba en mi imaginario ser la candidata del PP a las alecciones para la Comunidad, -confesó-, Pablo Casado me dijo: ‘Vas a ser la próxima presidenta de la Comunidad’”. No se tenía constancia de que, Casado, a sus “muchos másteres” en la U. Juan Carlos I, había obtenido otro sobre “profetismo político”. 

Hay aplausos de cortesía parlamentaria y los hay de adhesión ideológica. Los sabemos distinguir. Estos últimos, aunque muy sonoros, tienen la finalidad de acallar “silencios irresponsables” con el fin de ocultar las mentiras y el engaño

Cuando redacto estas reflexiones, Isabel Díaz Ayuso, la candidata popular, es ya presidenta de la Comunidad de Madrid con los votos de populares, Ciudadanos y VOX. No ha habido sorpresas tras el prolongado cortejo amoroso -interesado por conveniencia- entre PP, Cs y el imprescindible VOX, partido del que huía Ciudadanos como del “ébola” pero ante quien se ha rendido Ignacio Aguado con un caluroso abrazo el pasado miércoles día 14; estaba en juego su “ansiada y añorada mamandurria, la Vicepresidencia”; Quevedo, con cínica ironía, ya lo afirmaba: “poderoso caballero es el dinero, o el poder”.

Los lastres de esta investidura han sido importantes; Ayuso y Aguado han tenido que consentir un mezquino ejercicio de simulación política para hacer compatibles las contradictorias exigencias de VOX, su otro socio del “trifachito”, curioso neologismo que tendrá que aceptar pronto la RAE. La historia hará memoria de esta comedia bufa, de esta burla para gran parte de los madrileños y una decepción y un drama para todos los que esperaban más altura de estos políticos; memoria no sólo del pasado y de lo que durante más de 25 años ha sido la política popular “de ranas y charcas de corrupción”, sino que condicionará también el futuro, por la vergüenza del presente. 

Vergüenza también la del propio Juan Trinidad, otrora desconocido político, hoy, alzado a la presidencia de la Asamblea de Madrid por imposición de Ciudadanos en su acuerdo con el PP, investido con mano sectaria y voluntad decisiva, para bochorno de muchos madrileños. Ya en sus primeras decisiones se pudo leer las líneas programáticas de lo que iba a ser su gestión cuando Ignacio Aguado, ante los votos obtenidos por Ángel Gabilondo -64 votos en total, votos que no alcanzaba entonces Díaz Ayuso-, le solicitó una moratoria para conseguir un acuerdo con el PP: “Le he pedido algo más de tiempo -decía Aguado- para poder seguir negociando para tener un gobierno formado por PP y Ciudadanos”; moratoria que el señor Trinidad concedió gustoso; hoy están claros los resultados de la jugada. Tal comportamiento ha creado serias dudas jurídicas entre los madrileños de bien, a pesar de que el señor Trinidad alegaba “su legalidad”al aplicar dudosamente el artículo 182.3 del Reglamento de la Cámara que activa el calendario de la investidura: impuso su voluntad para que no prosperara la candidatura más votada y con apoyos suficientes iniciales, la de Ángel Gabilondo -que representaba al partido socialista-, argumentando que “su investidura no sería viable”; su deseo y decisión fue dar tiempo para que se pusieran de acuerdo los tres partidos de la derecha en apoyar a Díaz Ayuso, que también presionó al presidente de la Asamblea para ir a una investidura sin apoyos, alegando que “mis síes están en camino”. Ese camino no era otro que las sustantivas exigencias que VOX había puesto en la mesa de las negociaciones y que en la sesión de investidura ha impuesto para dar sus “síes” a Ayuso, con la complacencia “amorosa” de Ciudadanos.La influencia de VOX se ha notado en la aquiescencia con la que a sus propuestas se han plegado PP y Ciudadanos, sin complejos y con “poliamor”, como algún medio ha definido.

Resultaba premonitorio el minuto de silencio con el que arrancó la primera sesión del pleno por la muerte de un exdiputado de la primera legislatura, Felipe Ruiz Duerto; y digo silencio premonitorio por los cientos de silencios que durante esos días, tanto Ciudadanos como VOX, han guardado acerca de las importantes sospechas de corrupción que se ciernen sobre los anteriores presidentes y presidentas populares (Aguirre, González, Cifuentes) y las dudas sobre la propia candidata Díaz Ayuso. Fiódor Dostoievski en “Crimen y castigo”, obra universal de la literatura rusa que refleja la lucha del hombre contra su propia conciencia, dice: “Cuando uno tiene la íntima convicción de que podría ayudar al esclarecimiento de la verdad, le es imposible contenerse”. De ahí que muchos ciudadanos no nos contengamos en nuestra crítica.

Contrariando a Dostoievski, el Partido Popular, Ciudadanos y VOX se han contenido y no han querido ayudar a esclarecer la verdad de tales sospechas y dudas; han mantenido “irresponsables silencios” ante las peticiones de aclaración que le han formulado a la señora Ayuso en sus intervenciones los diputados Serra, Errejón y Gabilondo y no pocos medios de comunicación. La respuesta ha sido la pregunta que se hizo el monarca francés Luis XIV y el plagiario español Albert Rivera“¿Escuchan? Es el silencio”.

La votación de investidura y su toma de posesión se han llevado a cabo sin que Isabel Diaz Ayuso haya dado explicación alguna sobre la supuesta duda acerca de la gestión del patrimonio de su familia y el crédito que recibieron de Avalmadrid y que nunca ha sido cobrado. Hasta estos momentos la ya presidenta Ayuso y los populares han guardado total silencio sobre este asunto. Tampoco han pedido aclaraciones Ciudadanos y VOX; se han plegado al argumentario del PP y “sus silencios irresponsables”. Díaz Ayuso reiteradas veces ha afirmado que “Nadie me ha llamado a declarar…” (tendría que haber añadido: ¡todavía!). 

Pablo Montesinos, viceportavoz popular en el Congreso, con una semántica argumentativa anclada en el obligado argumentario de la estructura orgánica del partido popular, manifestó: “No le han llamado a declarar en calidad de investigada y ni siquiera en calidad de testigo, lo cual le recomiendo a la izquierda que deje de embarrar el terreno de juego”. Bien ha aprendido a quién debe su cargo de diputado por Málaga; se ha desprendido de aquella autonomía espontánea que tenía cuando era periodista y tertuliano; hoy, en gran medida, su discurso se encuentra determinado por ese sistema en el que necesariamente se sustenta la estructura popular; debe ser impermeable a cualquier crítica al partido; para tal fin se le ofreció un lugar privilegiado en las listas electorales; y en su fidelidad está en juego su permanencia en la cúpula del partido; un sistema permeado y articulado por “las huellas ideológicas”, esas ideas previas que hay que adecuar a las ideas, consignas y orientaciones que determine “el líder popular”, Pablo Casado y “la voz de su amo”, Teodoro García Egea

El propio Ignacio Aguado, en el marco de su deseo de que nadie frustrase su “vicepresidencia”, se apresuró a decir: “Obviamente no está inhabilitada judicialmente; pero nosotros no vamos a tener ningún problema en que una vez que el proceso judicial, si es que lo hay, dictamine cualquier tipo de responsabilidad, actuaremos en consecuencia”. Frase pronunciada con cierta sonrisa sardónica; sabe que, imputada Díaz Aguado, -hay juristas que no lo descartan-, sería su sustituto en la Presidencia. No puede disimular su ambición.

En el fondo, la mayor parte de los líderes de los partidos son como los pontífices de las iglesias, imponen dogmas y doctrina; conocen bien aquella frase latina atribuida al obispo de Cartago, san Cipriano, principio fundamental del catolicismo: “extra Ecclesiam, nulla salus!” (“fuera de la Iglesia -o del partido- no hay salvación”), o aquel otro: “Quien se mueve, no sale en la foto”. Nuestros políticos tienen una incapacidad congénita para re-generarse; sí, en cambio, para adaptarse a lo que “convenga”; está en la esencia misma de su concepción de la política; parten de ideas previas para adecuar la realidad a sus intereses.

Resulta cuando menos hilarante que, desde el voluntarismo político, el diputado Pablo Montesinos, aventurase desde Málaga, días antes de la investidura, como “profeta que augura para el país lluvia de leche y miel”, que “la señora Díaz Ayuso va a ser, sin duda, una magnífica presidenta de la Comunidad de Madrid, con cuyo gobierno Madrid va a ser la locomotora económica de España”. Si tuvo memoria como periodista hoy, desde la política, no la ejercita bien; olvida lo importantes que son los significantes vacíos en política. Decía Roland Barthes, el filósofo y semiólogo francés, representante de la crítica estructuralista que “el vínculo entre significante y significado es contractual en su inicio, pero ese contrato es colectivo, inscripto en una temporalidad larga, de siglos y en consecuencia y en cierto modo, se ha naturalizado”. De otro modo, pero con la belleza de la síntesis, lo decía el lingüista suizo Ferdinand de Saussure: “la lengua es siempre una herencia”; y la herencia que hay que saber mantenerla y administrarla sin trampas ni engaños. Las palabras lo aguantan todo, pero una cosa es lo que se dice, otra lo que se piensa y otra, a su vez, lo que se hace. Viendo la escasa confianza que nos da un gobierno cuya presidenta es Díaz Ayuso y el vicepresidente Ignacio Aguado, la profecía del diputado popular Montesinos de que con ellos “Madrid va a ser la locomotora económica de España”, puede que Madrid sea locomotora, pero con freno y marcha atrás.

La intervención del Portavoz adjunto del Grupo popular, Alfonso Serrano, además de sus irresponsables silencios para la autocrítica de su partido, partido que ha gobernado durante 25 años la Comunidad, ha sido ofensiva contra la izquierda: insulta a los socialistas y a Más Madrid y alaba a Abascal. La síntesis de su intervención, pretendiendo ser otro “Cánovas del Castillo”, fue una vacía contradicción, una suma ilógica de contrarios: puro “gatopardismo”, término que ha pasado a definir el cinismo con el que los partidarios del Antiguo Régimen se amoldaron al triunfo inevitable de la revolución, usándolo en su propio beneficio, en una frase lapidaria: “¡Que todo cambie para que todo siga igual!”. Así lo expresaba el señor Serrano: nuestro proyecto es de “continuidad y cambio”, es decir, “querer y no poder”, “voy, pero me quedo”, “sí, pero, todo lo contrario”. ¡Qué bien ha definido con ese binomio la inanidad insustancial que representa el proyecto del “trifachito”; quien mejor lo representa de los tres es Ciudadanos, con su líder Rivera a la cabeza gritando sosamente: “¡Vamos, Ciudadanos! ¡Quiero que todo cambie para que todo siga igual!” 

¡Qué fácil resulta hablar (o leer) y prometer y con qué facilidad se incumple lo prometido, sin pagar factura alguna por los incumplimientos! Da lo mismo en lo que Ayuso ha fundamentado su discurso de investidura, carece de credibilidad. Los retos enumerados por Díaz Ayuso para la legislatura no dejan de ser más que significantes imaginarios; constituyen el horizonte de sus deseos, esencialmente vacíos y semánticamente ambiguos, “pura forma”, sin contenidos concretos; en eso consistió toda la ¡¡¡lectura!!! de su discurso; nada transparente pero sí insultante y simplista contra la oposición. Teniendo en cuenta lo que leyó, en quiénes apoya su gobierno y quiénes van a ser sus consejeros, no se puede decir más que “puro continuismo regresivo”; y los ejes del decálogo de su proyecto poco más que bellas intenciones: pleno empleo, bajada histórica de impuestos, óptima educación “en libertad”, conciliación entre trabajo y natalidad, sanidad universal, seguridad para “ser libres”, sostenibilidad del medio ambiente, igualdad y diversidad integradora de la mujer, “libertad” como base de la acción política”. Se puede afirmar que el sector Vox del PP triunfa en Madrid. No ha sido necesario que VOX esté en el gobierno de la Comunidad, lo están sus representantes: David Pérez, Fernández Lasquetty, Enrique López.... Los "regeneradores" de Ciudadanos en un par de días estarán encantados de conocerse. 

¿Podemos creer que estos trece consejeros tienen claro lo que cada una de estas palabras del decálogo significa para dar impulso democrático y gobernar una Comunidad que mira al futuro, como dice la señora Díaz Ayuso? Hablar de regeneración democrática con el apoyo de VOX y gobernando con Ciudadanos es para llorar; es un oxímoron. Me remito al inteligente experimento que aconseja Víctor Moreno, en su artículo en Nuevatribuna¿Ética en política? Claro, pero ¿cuál?: encerrar a todos los consejeros y que cada uno explique el decálogo de retos del proyecto de gobierno de Díaz Ayuso. Las contradicciones y divergencias serían para publicar. Por poner ejemplos: resulta esperpéntico y una flagrante contradicción política que quien abandonó como tránsfuga el partido de la señora Ayuso para abrazarse a Ciudadanos por convicciones, pues “es el partido que mejor representa el centro liberal y la moderación”, según declaró hace meses en rueda de prensa el señor Ángel Garrido, esté ahora convencido y satisfecho en el gobierno popular de Díaz Ayuso; que, quien formó parte del Tribunal Constitucional, tuviese que dimitir al ser sorprendido por la policía conduciendo su moto sin casco y bajo los efectos del alcohol en Madrid y condenado por delito contra la seguridad vial, un juez, Enrique López, que no tenía muy claro la independencia del poder judicial cuando ha estado permanentemente al servicio del Partido Popular y FAES, sea ahora el consejero de Justicia, Interior y Víctimas del Terrorismo; que quien tuvo que dimitir hace cinco años como consejero de Sanidad tras tumbar la justicia su plan de privatización de la gestión sanitaria dando lugar al surgimiento de la ‘marea blanca’, Javier Fernández Lasquetty, sea nombrado consejero de Hacienda…; que el alcalde de un municipio de Madrid, David Pérez, que dijo que las febriles feministas, rabiosas y fracasadas son mujeres retrógradas y que hay que prohibir el aborto, no parece tener el perfil más adecuado para un Madrid abierto cosmopolita y con las características y respeto que debe a los madrileños y madrileñas… Sus consejeros recuerdan al Partido Popular más duro, más ideológico y más sectario de cuantos hemos conocido, pues casi todos ellos ya trabajaron a las órdenes y en el equipo de Ignacio González, y ya sabemos quién fue y qué hizo. Es una burla decir que vienen, levantando la bandera de la renovación y la “libertad”, a regenerar la política, cuando el PP representa, la corrupción política en todas sus variedades, sobre todo en Madrid, participando todos ellos, también la señora Díaz Ayuso.

Muchos madrileños auguramos con este gobierno lo que, según Hesíodo, hizo Zeus con los hombres: nos ha enviado a Pandora y con ella, en una caja o ánfora cerrada, están todos los males (sus 13 consejeros y su decálogo de retos de su proyecto de gobierno); en cuanto la destape -empiece a gobernar-, ya sabemos lo que nos espera, carencias democráticas y retrocesos; como en el mito, colocada de nuevo la tapadera, dentro sólo quedará la esperanza de que este gobierno de “males y desdichas” desaparezca cuanto antes. Richard Rorty, el filósofo norteamericano de la ironía, sostenía que todos los seres humanos llevamos con nosotros una serie de palabras que nos definen; son las palabras con las que narramos nuestra vida. Este conjunto de palabras las define Rorty como “léxico último” o conjunto de palabras que empleamos para justificar nuestras acciones, creencias y vidas; y dice “último” en el sentido de que, si se proyecta una duda acerca de la importancia de dichas palabras, no disponemos de otras como recursos argumentativos que no sean rodeos sobre las mismas.

¡Cuántas veces ha mencionado en su “léxico último” la actual presidenta la palabra “libertad”, como uno de los objetivos a conseguir en su legislatura!; daba la sensación de que admitía que los madrileños habíamos estado carentes de libertad durante los 25 años de gobierno continuado del Partido Popular; y en esto tiene razón. “Mi gobierno -aseguró en su discurso- se volcará en garantizar un Madrid más seguro, en todos los conceptos. Desde la seguridad jurídica a la transparencia y la tolerancia cero ante la corrupción”. Concluyó con una pregunta: “¿Se imaginan un lugar donde vivir en libertad, con seguridad, con conciliación de familia y trabajo, con los impuestos más bajos, y con los mejores servicios públicos?”. Resulta cínico e insultante que afirme que va a llevar a cabo una lucha contra la corrupción cuando no ha dado explicaciones de los escándalos con Avalmadrid o la “Púnica”, o las sospechas que sobre ella se ciernen. Al final de ambos discursos (sesiones de investidura y toma de posesión) se ha despachado con esta frase: “Mi proyecto es un proyecto basado en la libertad y en la mayor rebaja fiscal de la historia”. Cuando la señora Ayuso repite tantas veces la palabra “libertad”, debería concretar qué significado le da; pues, analizadas las políticas practicadas por los populares, no digamos lo que se avecina con VOX y vistas las veleidades a que nos tiene acostumbrados “Ciudadanos”, la palabra “libertad” es en ellos un puro “recurso retórico”. Es posible que la señora Díaz Ayuso tenga en mente lo que dice el refranero español: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”, refrán que -cualquier análisis psicológico serio lo afirma-, hace referencia a personas inseguras cuyo afán es ocultar su inseguridad; en palabras cristalinas: son aquellas personas que tienden a tomar posiciones arrogantes y despectivas con los demás por su complejo de inferioridad. 

¡Qué fácil resulta, además, prometer que “su gobierno va a hacer la mayor rebaja fiscal de la historia”! Es lo que viene diciendo el Partido Popular desde los gobiernos de Aznar; y es cierto, han hecho rebajas fiscales, pero para las grandes fortunas; Madrid ha sido “un paraíso fiscal para las rentas más altas”; la constancia y la experiencia que tienen los ciudadanos es que su poder adquisitivo es cada vez más bajo. Sabemos que las diferentes autonomías tienen margen para regular determinados impuestos; es decir, una empresa puede pagar menos tasas si se ubica en una u otra comunidad; es lo que se conoce como dumping fiscal; provoca que muchas empresas sitúen sus sedes sociales en estos territorios con “una fiscalidad más amable”, aunque sus centros de producción o distribución estén repartidos por todo el territorio nacional. Es lógico que Madrid sea una comunidad golosa, pero si resulta deficitaria la recogida de impuestos, para eso está el Estado (todos los ciudadanos) para cargar con “el mochuelo: el dinero público”. Sucedió ya en Madrid, gobernando el Partido Popular con “Bankia” y Rodrigo Rato, y con el rescate de las autopistas de peaje de gestión privada en quiebra con Íñigo de la Serna, como ministro de Fomento.

Casi todos los ciudadanos saben que es un derecho constitucional el derecho a guardar silencio, a no declarar contra uno mismo o a no declararse culpable. Este derecho no exime a Díaz Ayuso de dar cuantas explicaciones sean necesarias para despejar dudas para ello se ha presentado a ser la presidenta de todos los madrileños. Hoy martes, todavía no ha dado una sola explicación sobre las graves cuestiones que afectan a su currículum profesional y político de servicio público; explicaciones referentes a que no ha pagado el IBI de una de sus empresas durante cinco años, que aceptó donaciones sospechosas de alzamiento de bienes, que hizo gestiones documentadas con una empresa semipública, Avalmadrid, para recibir tratos de favor del propio Gobierno de Aguirre de la Comunidad de Madrid, en el que Isabel Diaz Ayuso ya ocupaba cargo. Este lunes Pablo Casado en declaraciones a la prensa se permitió decir que Isabel Diaz Ayuso había dado explicaciones suficientes. “Las explicaciones que se han dado -dijo Casado-, han sido concluyentes y por tanto no tenemos nada más que decir… Coincido con ella en que lo que ha sufrido en las últimas semanas ha sido una campaña nauseabunda de acoso; ha sido algo muy injusto para ella, para su madre y para la memoria de su padre fallecido después de una larga enfermedad…”. Tiene razón el líder popular, Díaz Ayuso ha dado las mismas explicaciones concluyentes sobre “estos casos irregulares”, al emplear el mismo criterio de explicaciones que él dio en el “aún pendiente affaire” de sus másteres en la U. Rey Juan Carlos I: ¡ninguna!

No es que no haya dado explicaciones concluyentes es que no ha dado ningún tipo de explicaciones durante las dos jornadas habidas en el debate de investidura a pesar de que toda la oposición le hizo preguntas manifestando sus dudas y lagunas; en ningún momento las preguntas tuvieron que ver con la cuestión personal o familiar o de enfermedades de sus parientes; no se puede falsear la realidad; la única que ha hablado de cuestiones familiares ha sido la propia Diaz Ayuso que cada vez que se le ha preguntado sobre el tema, incluidos los medios de comunicación, con victimismo ofendido, saca a colación “mi padre, mi madre, mi familia… yo”. Es la única que ha hablado de eso. Es políticamente correcto que, quien accede a un cargo público, y más si es a la presidencia de la Comunidad de Madrid, no solo tiene la obligación de dar todas las explicaciones concluyentes, sino que debe responder aportando datos con claridad y con cuantos argumentos pueda convencer a quienes cumplen responsablemente con su función de oposición; ¿qué esperaba la señora Díaz Ayuso, que la oposición la alabase? En cambio, ella optó por un silencio irresponsable, utilizando un victimismo injustificado, con reproches a la oposición de izquierdas, denunciando en su contra una campaña machista, política y mediática, una cacería personal y familiar como a nadie nunca se le había hecho. Parece olvidar la presidenta cómo respondió a la oposición, no con política sino con insultos y un patriotismo de miseria moral: con qué tono mezquino tildó a Íñigo Errejón del más traidor de los políticos españoles y, en la persona de Gabilondo, denigró a los socialistas faltando a la verdad al decir que “cuando gobiernan se empobrecen los ciudadanos y decaen las libertades”. 

No se le pedía que fuese Demóstenes, pero sí que, cuando no leía, al menos supiese juntar palabras con sintaxis, ideas y argumentos y no con lloros victimistas y faltones. Escribía Groucho que “es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente”. ¡Qué bien aplaudían los diputados de su bancada! Hay aplausos de cortesía parlamentaria y los hay de adhesión ideológica. Los sabemos distinguir. Estos últimos, aunque muy sonoros, tienen la finalidad de acallar “silencios irresponsables” con el fin de ocultar las mentiras y el engaño. 

Irresponsables silencios