lunes 13.07.2020

La “derrota” de Despeñaperros

El que gana no puede ejercer la venganza sobre el perdedor, ni éste demostrar odio hacia aquél. La revancha, el castigo o el rencor deberían quedar desterrados

Para fortalecer la democracia en política es necesario establecer la ética de la corresponsabilidad, lo cual supone transcender las diferencias y practicar el consenso; de ahí que, conseguido el éxito, éste se debe gestionar con generosidad. El que gana no puede ejercer la venganza sobre el perdedor, ni éste demostrar odio hacia aquél. La revancha, el castigo o el rencor deberían quedar desterrados.

Con gran ironía, hace algunos días alguien titulaba así el resultado de las primarias en el PSOE: Pedro Sánchez, “readmisión por despido improcedente”. El aparato y la mayoría de los dirigentes socialistas (los barones, la gestora), gran parte de los medios de comunicación, el poder económico, unas élites tan alejadas siempre de los ciudadanos, de sus preocupaciones y sus intereses, tenían la firme convicción de que Susana Díaz era la favorita a ocupar la secretaría general del PSOE. Sin embargo, gran parte de las encuestas fiables mostraban de forma inequívoca que los simpatizantes y votantes socialistas preferían a Pedro Sánchez.

En un artículo escrito en Nueva Tribuna el 29 de octubre de 2016, titulado El hundimientoescribía yo que “sin encuestas, pero sí a pie de calle, conocía a muchos militantes que no estaban en absoluto de acuerdo con Susana Díaz ni pensaban como ella…” Y concluía: “Estoy convencido, y el tiempo me dará la razón de que, si se presentase a unas primarias a la secretaría general, de Despeñaperros para arriba, pocos apoyos iba a tener, por muchos interesados cortesanos que la apoyen desde Despeñaperros para abajo; esos que sin palios ni andas la rodean y sostienen permanentemente, como costaleros a su ‘virgen sevillana’”. Y ¡vaya si ha tenido costaleros!

“Para los cargos públicos, elegid a los mejores y más capacitados y vigiladlos como si fuesen canallas. Cuando un compañero se postula para un cargo sin que le promuevan las bases, es motivo suficiente para no elegirlo”

En esta situación es bueno recordar lo que Pablo Iglesias Posse, el fundador del PSOE, decía a sus dirigentes: “Para los cargos públicos, elegid a los mejores y más capacitados y vigiladlos como si fuesen canallas. Cuando un compañero se postula para un cargo sin que le promuevan las bases, es motivo suficiente para no elegirlo”.

Ya en la Antigua Roma, práctica tomada de los griegos y etruscos, existían sacerdotes “augures” que practicaban oficialmente la adivinación. Sólo los magistrados podían consultarles. Es poco comprensible, pues, aunque a tenor de sus fracasos es evidente que sucede, que los partidos políticos, teniendo en su mano no sólo muchos asesores (augures) que deberían saber leer la realidad presente y cómo puede devenir en el futuro, sean tan obtusos para, en primer lugar, no conocer lo que piensan sus militantes y en segundo lugar no adivinar o al menos vaticinar, con cierta seguridad, lo que se avecina y puede suceder. Se preguntaba en su obra La marcha hacia la locura, Bárbara W. Tuchman: ¿por qué los políticos se empecinan en realizan siempre una política insensata contraria a los intereses de los ciudadanos a los que gobiernan... realizada por un pequeño grupo con poder, al margen de los intereses del colectivo al que representa?

El desfase entre los avales presentados y los votos obtenidos demuestra que el comportamiento de los militantes votantes es más libre en el espacio del voto secreto que en el público; porque los militantes del PSOE ni son tontos ni ignorantes. Ante las sorpresas que han generados los resultados con el triunfo de Pedro Sánchez en las primarias y la ilusión en una mayoría de militantes socialistas, pudiera ser que los ignorantes, en este caso, eran el aparato de referencia socialista, la gestora, los barones y la propia candidata Susana Díaz, con un empeño demasiado interesado y personal en alcanzar el éxito; éxito que no consiguió. La imagen de Susana Díaz, con su actitud y su cara en la foto “a tres” en Ferraz y saliendo precipitadamente y de incógnito resume la derrota que desde Despeñaperros para arriba los militantes le han infligido, demostrando, así su falta de categoría y que no estaba preparada para asimilar ni el éxito ni el fracaso.

Porque ¿qué es el éxito? Acerca de él, recojo unas reflexiones del libro de un buen escritor y amigo, Adolfo Yáñez, en el que selecciona un ramillete de “palabras que no lleva el viento”. Son bastante precipitados y a veces poco objetivos - subraya - los juicios que hacemos a la hora de señalar el éxito o el fracaso. Y como magnífica metáfora, destaca una cita final de un libro de François Mitterrand “La paja y el grano”: En realidad, ¿cuál es la verdadera misión del río Sena, llegar al mar o regar a su paso los campos de Francia? Y Adolfo Yáñez se pregunta: es el éxito ascender peldaños, conseguir elogios y triunfos, en una palabra: ganar; o, por el contrario, consiste en ser feliz, en ser útil. Quién obtiene mayor éxito, el que alcanza mares de vanidad o el que agota sus aguas convirtiendo en fértiles los páramos por los que atraviesa.

Los que somos espectadores, pero fieles votantes socialistas, al contemplar esta descarnada fractura y factura socialista, nos peguntamos cuáles han sido las causas, quiénes los responsables y qué fines pretendían.

No era difícil ser augur ni adivinar conclusiones de los resultados, y más leyendo el libro del exlíder socialista, Josep Borrell 'Los idus de octubre', en el que cuenta cómo fue el comité federal que acabó con Pedro Sánchez. Señala en el libro a la candidata andaluza como urdidora del complot contra Sánchez; o a su lugarteniente Heredia exigiendo disolver el PSC, o esa oscura operación “Frankestein” que acusaba a Pedro Sánchez de haber alcanzado un pacto soterrado con Podemos y los independentistas catalanes. Acaba su libro reflexionando sobre la crisis de la socialdemocracia europea; crisis cuya responsabilidad poco se debe a Pedro Sánchez y tal vez, bastante más, a los líderes (no necesito nombrarles) que han apoyado sin fisuras a la derrotada. ¿Acaso el PSOE no tenía cargos y asesores capacitados para haber previsto la desmesura de esa locura y las consecuencias que esta sin razón podía ocasionar en su militancia y su electorado? Recorriendo a la historia, la traición a Sánchez, como aquella otra de Bruto y Casio contra César, los militantes con su voto no la podían olvidar.

Recurro de nuevo a la autoridad de Pablo Iglesias, el fundador: “El socialismo plantea que no es suficiente contemplar los problemas, analizar y criticar las cosas que van mal, sino, que de lo que se trata, es de cambiar el sistema que los provoca. El socialismo es democrático en su propia naturaleza. No podemos gobernar en contra de los intereses generales. Una sociedad que avance al socialismo ha de ser democrática en el auténtico sentido de la palabra y de la acción, basándose en el control consciente y la participación ciudadana”. ¿Por qué, entonces, ese miedo a que en esta transcendental situación se le diese la palabra participativa a la militancia? Porque muchos militantes y millones de votantes tenían claro que, por dignidad y principios, no se podía ni se debía hacer presidente y consolidar a un partido con una ABSTENCIÓN que tienen manchadas e infectadas las manos por corrupción, recortes, incumplimientos y mentiras.

La victoria de Sánchez y la derrota de Díaz, en realidad no ha sido sólo contra la dirigente andaluza, sino contra todos los poderes que operaron fuera y dentro de su partido para que el PSOE no fuese alternativa y gobernase Rajoy. ¡Qué peligro tienen aquellos políticos que entregan el poder por sentido de responsabilidad de Estado a un presidente y a un partido que tanto destrozo político, social, económico y en derechos ha causado! Conociendo la profundidad de la corrupción, no era sensato que la Comisión gestora exigiese o pidiese a sus diputados y diputadas que se abstuvieran. Por eso, en estas primerias, la militancia socialista ha castigado a quienes apoyaron la abstención “exigiendo la readmisión de Sánchez por despido improcedente”. Hoy la imagen es la victoria de Pedro Sánchez y la derrota de Susana Díaz dentro del socialismo. De tal decisión, tal factura. Aunque sea un tópico, creo que hay momentos -y aquél lo era- en los que es útil subirse a la épica y decir: “Más vale honra sin barcos que barcos sin honra”, según la frase dirigida por Méndez Núñez a los marineros de la guerra inglesa.

Durante la campaña de las primarias, qué fácil era construir un discurso con frases gruesas que consiguiesen titulares, pero que en nada ayudaban a hilvanar un proyecto fiable y posible. Sostenía Bertrand Russell que “a la guerra se llega por razones de gran complejidad, pero a veces se justifica por razones espúreas, de escasa importancia y miserablemente personales. No la termina y gana quien tiene la razón, sino quien se queda”.

Hoy, el reto inmediato de Pedro Sánchez consiste en demostrar que es capaz de acabar con la guerra civil que sufre el partido y aunar, aún con las diferencias reales que existen, ese partido, con tanta historia y con un futuro, que esperamos sea más necesario en la actual situación política española. Es una tarea crucial y difícil para su éxito electoral, pero no imposible.

Por otra parte, la figura política de Díaz ha sufrido un daño evidente, en beneficio de los intereses de su oposición en Andalucía. Con esta derrota la oposición tiene capital de sobra para jugarlo con inteligencia y minar su gobierno andaluz. La derrota, como con cierta malicia se ha escrito en alguna columna, le ha puesto en bandeja a su oposición (PP, Ciudadanos, Podemos e IU) un fácil y directo argumentario: “Si su modelo y programa político no sirve para España, por qué va a servir para Andalucía”; “Si no la quieren los suyos, por qué tenemos que quererla nosotros”; “Andalucía no es un segundo plato” y hasta han lanzado ya un conocido “Váyase, señora Díaz”.

En el fondo, y de nuevo recurro al fundador del PSOE, Pablo Iglesias: “Por mucho que valgan las ideas, no pueden prosperar en el grado que deben si sus sostenedores, y principalmente los que ocupan las primeras filas, no son enteros, serios y morales. No sólo hacen adeptos los partidos con sus doctrinas, sino con buenos ejemplos y la recta conducta y coherencia de sus hombres”.

Lo inteligente en estos momentos es tomar decisiones que faciliten la unidad y no el empleo de amenazas (veladas o manifiestas) que aumenten más la fractura y las disidencias. Se pueden aprovechar las circunstancias o desaprovecharlas. Y acabo como iniciaba este artículo. Para fortalecer la democracia en política es necesario establecer la ética de la corresponsabilidad, lo cual supone transcender las diferencias y practicar el consenso; de ahí que, conseguido el éxito, éste se debe gestionar con generosidad. El que gana no puede ejercer la venganza sobre el perdedor, ni éste demostrar odio hacia aquél. La revancha, el castigo o el rencor deben quedar desterrados.

La “derrota” de Despeñaperros