lunes. 15.04.2024

El calculado electoralismo de C's: Ignacio Aguado, un hombre a la espera

ignacio aguado ciudadanos

La ciudadanía tiene derecho a saber cómo son sus políticos y ellos, la obligación y la necesidad de saber qué opinan la gente de ellos; pero con cierta diferencia, y es que los políticos deben aceptar las críticas y opiniones de la gente, pues es la gente la que les paga.

En mayo de 2014 el candidato de Ciudadanos (C’s) a la Comunidad, Ignacio Aguado, afirmaba en un acto en Arroyomolinos, que “Ciudadanos es el único partido que tiene un proyecto de país. Queremos llevar a cabo una reforma fiscal, educativa y de la administración frente a partidos que continúan con una estructura oxidada y con la política del amiguismo”. Y añadía: “el PP ha demostrado que su único objetivo es mantenerse en el poder con políticas cortoplacistas, incumpliendo su programa electoral y traicionando su supuesta ideología”.

Un año más tarde se presentaba como candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid con estas palabras: “los que formamos parte de la lista de Ciudadanos (C’s) a la Comunidad de Madrid, tenemos un contrato con los madrileños y un compromiso con la credibilidad, la transparencia y la regeneración democráticas”.

Desde aquellos días postelectorales de mayo de 2015, la credencial con la que se presentaron Rivera y los líderes de C’s era: “los ciudadanos nos han elegido para regenerar la democracia” (…); “el Partido Popular es una marca que ahora mismo pesa mucho por su vinculación con la corrupción; el cocido del PP tiene todos sus garbanzos podridos” (…); “tendrían que dar un giro de 180 grados si Rajoy y su partido quieren pactar con Ciudadanos. Tienen que entender que hay que abrirse a la transparencia, combatir la corrupción de manera clara, cosas que hasta ahora no han hecho”.

Con estas premisas, la “maldita hemeroteca” nos pone en pantalla lo que no hace mucho repetía Albert Rivera en todas las televisiones acerca de Rajoy y su partido: “Nosotros no queremos que Rajoy gobierne”; “No vamos a consentir que Rajoy gobierne con nuestros millones de votantes”. Y en el programa “Salvados” de Jordi Évole, afirmó contundente: “No a Rajoy; tiene que haber un cambio de equipo y de políticas”.

Se dice que la realidad supera la ficción. Donde ellos dicen que tienen una “proyecto de país”, otros vemos “chalaneos, incoherencia y contradicciones”. ¿Dónde quedan aquellas contundentes afirmaciones de compromiso con la credibilidad, la transparencia y la regeneración democráticas?; son muchos sus puntos débiles, sus medias verdades, sus oportunismos, sus componendas y sus mentiras. Hay que recordarle a C’s que el valor más importante que tiene un político, es su credibilidad. ¿Qué significa venir a regenerar la política cuando su constante acción es y ha sido mantener en el poder a un partido podrido por la corrupción? ¿Para qué ha nacido C’s y quién está detrás de ellos?; porque, analizando cómo actúan, podemos concluir que no han venido para cambiar lo “podrido”, sino a apuntalarlo y mantenerlo.

Recogía hace días El Plural un oscuro pacto entre Albert Rivera y Declan Ganley, el millonario irlandés que “financió” a Ciudadanos para concurrir a las elecciones europeas de 2009. Firmaba la noticia Miguel Gómez de que el irlandés había donado a Ciudadanos entre 2 y 3 millones de euros, un “maná” en aquellos tiempos para el líder de la formación naranja. Según el propio periodista, a la pregunta sobre la verdad de la noticia, lejos de desmentirla, Rivera corroboró: “Cuando se pone sobre la mesa esa cantidad de dinero te lo planteas. Es uno de los parámetros que hemos tenido en cuenta”. Decía hace días Rivera, criticando al PP, que cuando alguien regala es porque algo quiere, pues nadie compra si alguien no se vende. En esta situación, evidentemente, Rivera no ha dudado ni rechazado. Y esos millones del rico irlandés no eran, sin duda, una limosna generosa a cambio de nada. ¡Ay, el IBEX’35!, ¡qué bien sabe apostar! Ellos saben que no son “como el rayo del sol que atraviesa el cristal sin romperlo ni mancharlo”.

C’s gestiona su política y sus principios contra la lógica: es incoherente. Su líder -muy subido- y sus militantes, sostienen en sus palabras lo contrario de lo que hacen. Desde que Aristóteles en su Metafísica presentase la formulación del principio de no contradicción: “una proposición y su negación no pueden ser ambas verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido”, ser ilógico en política es contradecir los propios principios que se defienden, por los que se presentan y por los que son elegidos. Se contradicen aquellos que dicen tener un compromiso con los ciudadanos de credibilidad, transparencia y regeneración democráticas, mientras apoyan permanentemente al partido que, como afirmaba el propio Rivera, “está vinculado con la corrupción, pues el cocido del PP tiene todos sus garbanzos podridos”.

A todos los españoles de buena voluntad, a los que lucharon y luchan, sin militancias políticas, comprometidos con una sociedad justa, solidaria y transparente, estas contradicciones oportunistas les producen frustración al ver que aquellos políticos, que venían a regenerar la democracia, están traficando con sus sueños.

Uno de los eslóganes que ondea en la página web de C’s reza así: “Ha llegado nuestro tiempo”. Me recuerda esa otra autoritaria frase de Fraga: “la calle es mía”. Deben saber que no son de ellos ni los tiempos ni la ciudadanía; a los ciudadanos hay que ganarlos, sin engaños ni señuelos, con la verdad, las nobles propuestas y las limpias intenciones; sin el calculado electoralismo que rezuma C’s, con desmedida ansia por acumular sondeos y encuestas que le van arrullando sus progresivas victorias y que ellos anteponen a sus compromisos de regeneración política. Se les ve la “patita”, como en la fábula de lobo; y no es que sean lobos, pero quieren aparecer con el buenismo de los corderos.

Como era previsible, a pesar de la ceguera y la exasperante “cachaza parsimoniosa” de Rajoy y del PP, además de las múltiples razones debidas a sus excesivos casos de corrupción, la crisis desatada en la Comunidad de Madrid durante las últimas cinco semanas ha hundido las expectativas de voto del Partido Popular en uno de sus tradicionales feudos electorales. Así al menos se constata en la encuesta realizada por Metroscopia para EL PAÍS, justo antes de la dimisión de Cristina Cifuentes, situando a C’s en una destacada primera posición. Según la encuesta -tiendo siempre a desconfiar de las mismas-, los madrileños a la pregunta sobre qué partido tiene un mejor proyecto de futuro, el 31% creen que C’s; los propios votantes del PP confían más en el futuro en ese partido que en Rajoy. Es posible que la mayor parte de los votantes no hayan leído ni una línea del programa “naranja” y, por tanto, ignoren, cuál es su proyecto político. Lo que sí hemos visto todos es que son la muleta constante que apoya las políticas del corrupto partido popular.

Titulaba este artículo “El calculado electoralismo de Ciudadanos: Ignacio Aguado, un hombre a la espera”. Esta es la realidad: C’s y sus líderes calculando siempre los réditos electorales de su gestión. Decía Confucio que “cada uno debe ser tratado según el significado del nombre que se le da”. De ahí que muchos ciudadanos les hayamos calificado de “oportunistas”. Todos sus miembros, lo he confirmado ayer sábado en esos puestos de propaganda que tienen montados en diversos distritos de Madrid, mantienen el mismo argumentario: “Ahora no toca”. Sostienen que esta legislatura está prácticamente agotada; que no es "necesario un cambio y sí un presidente -piensan en Rivera- con grandes proyectos políticos”. Facundo Cabral, cantautor y poeta argentino, afirmaba que “nacemos para vivir por eso el capital más importante que tenemos es el tiempo”. De ahí que no se puede perder el tiempo un año más con el PP gobernando Madrid. Es necesario un cambio aquí y ahora. Dilatar el tiempo es traicionar los deseos de los madrileños y lo que les piden las encuestas. El político no puede calcular en cada momento los tiempos pensando qué circunstancias le convienen o benefician más y cuáles no, eso es oportunismo; su acción debe dirigirse a beneficiar los intereses de los que le han elegido. Nada hay más cínico en un político que calcular los beneficios que más le conviene ante una situación de emergencia. Y la Comunidad de Madrid está en esta situación.

En declaraciones a la prensa, el candidato naranja a la Comunidad de Madrid en el “caso Cifuentes” y su líder Rivera, superficiales y frívolos, han afirmado que, “a día de hoy”, el portavoz socialista, Ángel Gabilondo, “no cuenta con los apoyos necesarios” para ser candidato a presidente de la Comunidad; pero sí encontraron ellos motivos para justificar sus permanentes contradicciones anteponiendo una Comisión parlamentaria -comisiones siempre inútiles por experiencia- primando sus intereses electorales a la de los madrileños y oponiéndose a una moción de censura a Cifuentes, que hubiera dado temporalmente el gobierno a Gabilondo; tenían y tienen miedo a que la posible exitosa gestión del socialista les arañase votos en su ansiado ascenso en Madrid. Decía Aguado que ve “a Gabilondo y al PSOE en general un tanto ansiosos por llegar al gobierno para ocupar puestos”, señalando que “las elecciones se ganan en las urnas y no en los despachos”. Han dado por zanjada la controversia y han asegurado que apoyarán a un candidato “limpio” del PP para agotar la legislatura; candidato que, mal que les pese, estaría en el paquete de esos diputados populares de la Asamblea que, a vista de todos, no han dejado de aplaudir con frenesí la vergonzosa defensa de la expresidenta Cifuentes, mintiendo en sede parlamentaria y haciéndose copartícipes con ella. Habría que recordar a los de C’s la anécdota de Diógenes, el de la linterna, buscando en el grupo parlamentario popular si existe “alguno limpio”.

La clave está en saber si la gente tiene claro para qué sirve C’s y el precio que estamos pagando para estar -con tantas promesas y palabrería de regeneración incumplida y cambio gatopardista-, donde estábamos hace más de 5 años. Con sus políticas de “amenazar y no dar”, C’s ha paralizado esas necesarias y vitales ilusiones democráticas de cambio que creíamos estaban en marcha por un gobierno, no más de lo mismo, sino peor aún que el anterior, pues es evidente que en la medida que pasa el tiempo, aparecen nuevos casos de corrupción: desde antes del “tamayazo”, todos los presidentes del PP en Madrid (Gallardón, Aguirre, González y Cifuentes) están investigados bajo la lupa de la corrupción. Esta es la consecuencia del apoyo de C’s: amparar y sostener la corrupción. Ante sus apoyos y objetivos cambiantes habría que decirles a los líderes de C’s que los únicos objetivos que no se consiguen son los que se abandonan.

En política, el verdadero problema, el problema clave, es traicionar la confianza de los que te han elegido; nuestras instituciones democráticas requieren, sobre todo, confianza. También en política, después de saber cuándo se debe aprovechar una oportunidad, es importante saber cuándo se debe renunciar a una ventaja. Se dice que cada uno es dueño de sus decisiones; a tenor de las decisiones que permanentemente toma, si su gran objetivo era “la regeneración democrática”, C’s se ha convertido en la clave de bóveda de apoyo a la más sórdida de las corrupciones que en estos momentos representan Rajoy y su partido.

Nota: cuando termino este artículo, me entero de que “el dios Rivera” ha ofrecido ser candidato en las listas a la Presidencia de la Comunidad de Madrid a Mario Vargas Llosa; ya hizo lo mismo con Manuel Valls, ex primer ministro francés como candidato en las listas al Ayuntamiento de Barcelona. No es de extrañar la megalomanía napoleónica con la que apunta a los cielos don Albert. Las encuestas se le han subido…

El calculado electoralismo de C's: Ignacio Aguado, un hombre a la espera