viernes. 19.07.2024

La banalidad dialéctica de los políticos incapaces

Resulta insultante para la ciudadanía el infantilismo personal y la mediocridad política de un Rajoy, presidente en funciones, que como dice el refrán, “ni come ni deja comer”.

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“El futuro nadie lo conoce, pero el presente avergüenza a los dioses”. (Sófocles)

Sófocles, maestro de la ironía trágica, describe al hombre intelectual que, habiendo alcanzado el culmen de su fama, es el último que se entera de la gran verdad que ya todos conocen, precipitándose en las más míseras desgracias morales. En una de sus obras uno de sus personajes (creo que Tiresias) exclama: “El futuro nadie lo conoce, pero el presente avergüenza a los dioses”. Cuando uno contempla la realidad política que estamos viviendo, lo que Sófocles predijo hace más de 25 siglos, lo repetimos hoy una gran parte de españoles. Es fácil constatar cómo aquellos que se han presentado para gobernar el país y han sido elegidos el 20D, de una u otra manera, pretenden disfrazar sus ambiciones presentándolas como convicciones y actitudes generosas de servicio. Como hace días editorializaba El País, el ambiente de normalidad democrática que caracterizó aquellas elecciones contrasta con la desastrosa administración de sus resultados por los diversos actores y partidos políticos.

Desde hace dos meses da la sensación de que todos ellos están manejando las negociaciones para la formación de Gobierno pensando más en hacer campaña con el fin de repetir las elecciones o pensando, tal vez, qué es lo que mejor conviene a cada uno de sus líderes para mantenerse al frente de sus respectivos grupos políticos. Parafraseando a Ortega, en su ensayo “El espectador”, podemos afirmar que la realidad, también la política, se está ofreciendo desde perspectivas individuales y egoístas; lo que para unos está en último plano, para otros se halla en primer término; lo que unos defienden como innegociable, para otros es el centro de los consensos; el interés por el poder ordena los tamaños y las distancias de la realidad de acuerdo con sus ansias por alcanzarlo, el orgullo reparte los acentos y la perspectiva política se complica con la perspectiva de la valoración de intereses que cada partido hace. Sería importante saber quién está engañando a quién según el inteligente remedo de la Odisea en “la tela de Penélope” de Augusto Monterroso. Con el fin de llegar al gobierno es fácil seducir al electorado con fáciles y populistas promesas pero difícilmente dejar gobernar o llegar a gobernar. Después de 62 días todavía no han dado la respuesta adecuada para ofrecer soluciones solventes y realistas a los problemas que interesan a la sociedad, pero sí han marcado hasta la saciedad las líneas rojas que les diferencian. Están demostrando escasa voluntad para el pacto y sí excesiva teatralización. Con Sófocles podríamos repetir, no sabemos aún los resultados, pero el presente de cómo se están comportando algunos políticos, también los que se llaman “nuevos”, avergüenza a los ciudadanos.

A Mario Benedetti le gustaba contar un descubrimiento que había hecho en una pared de Quito el poeta ecuatoriano Jorge Enrique Adoum. Era un grafiti que decía: “Cuando teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas”. Vivimos en un tiempo así; creíamos que con las elecciones llegarían las nuevas respuestas y las soluciones a los problemas que nos afectan, y resulta que ahora nos asomamos a un abismo que consiste en preguntas y respuestas que repiten las viejas situaciones. Bien lo describe Juan Cruz en su artículo de El País “Queda inaugurada la nueva política”: “La sensación es que se ha instalado una nueva mesa camilla donde los nuevos y los viejos se traspasan cromos como niños de colegio… Sin la sensatez que provendría del trabajo en silencio, se aprovechan del argumentario para decirse lo mismo que estábamos cansados de escuchar en los debates viejos y en las viejas tertulias… ¿Serán los nuevos capaces de ser distintos a los viejos? Ya se ha inaugurado la nueva política. Pues se parece a la vieja; ¡qué rabia!.

Ortega inicia su obra “España invertebrada” con unos versos de Eugenio Nora: “!España, España, España!. Dos mil años de historia no acabaron de hacerte...” En estos momentos de escasa voluntad para el pacto y sí excesiva teatralización se podrían traducir así los versos de Nora: “¡España, España, España!: 38 años de democracia no acabaron de cambiarte…”

Y ¿qué está ocupando y preocupando a cada uno de los que tienen en su mano la posibilidad de facilitar la investidura para un nuevo gobierno?

Resulta insultante para la ciudadanía el infantilismo personal y la mediocridad política de un Rajoy, presidente en funciones, que como dice el refrán, “ni come ni deja comer”. Primero declina ante el rey Felipe VI presentarse a la investidura para formar gobierno alegando que no contaba con los apoyos necesarios y hace días rechaza de plano la hipótesis de dejar paso a Pedro Sánchez porque, en su opinión, más de siete millones de votantes han optado por su partido, asegurando estar convencido de que tiene posibilidades de repetir como presidente del Gobierno: “o ellos o el caos”. Y para más “inri” y vergüenza no solo pide a Sánchez que respete la voluntad de los españoles sino que reine el diálogo e “implora por todas las esquinas” la necesidad de llegar a un acuerdo que le mantenga cuatro años más al frente del Gobierno, una realidad que, como él mismo asumió ante el monarca, es cada vez más imposible. Exige, además, que no se alargue de manera indefinida el tiempo para la sesión de investidura; y lo repite cínica y machaconamente la señora Cospedal con su engolado lenguaje corporal o el impresentable Rafael Hernando por puro interés partidista -: “esta situación ¡¡¡para los mercados!!! genera incertidumbre”. O sea que, dependiendo de quién genere la incertidumbre, no importa ni cuánto tiempo pase ni cuánta inquietud se cree, dan a entender que todos tienen la culpa salvo ellos.

La mente de Rajoy y del Partido Popular es porosa para el olvido. Se olvidan de que no han hecho otra cosa, durante estos cuatro años, que crear una importante fractura ente ellos y los demás partidos políticos, entre los más de siete millones que les han votado y los veintinueve millones de españoles que pudiendo votarles no lo han hecho. ¿Consecuencias?: nadie, por más que se empeñen -la aritmética es tozuda- quiere apoyarles. En la frustración creada en la ciudadanía por sus políticas durante estos años de gobierno tienen la respuesta. ¿Necesitan mejor y más contundente razón?

Las semillas sembradas en estos años por tantos atropellos y corrupción -¿merece la pena recordárselo de nuevo?- han encontrado un terreno abonado para su política de negación de todo y de todos. El viernes 19 nos enteramos de que Rajoy, en unas irresponsables conversaciones con los líderes europeos, les avanza que lo más probable es que habrá nuevas elecciones el 26 de junio, aguantando con su candidatura larvada a la espera de que Pedro Sánchez fracase en el pleno de investidura de marzo… Pensar que cuanto han deteriorado en estos años no les iba a pasar factura equivale a vivir en la inopia y en la irrealidad.

Un rasgo más de su manifiesta incompetencia y mala educación para gobernar con dignidad, se lo escuchamos al propio Rajoy cuando a la pregunta de un periodista sobre la reunión que iba a tener con Pedro Sánchez, su respuesta fue: “Lo atenderemos como se merece”; ¿cómo?: con un grosero e ineducado corte de mangas. Y pretende ser de nuevo Presidente de gobierno… Ni locos; así se lo volveremos a decir los más de 29 millones de españoles que no les hemos votado.

A pesar de haber obtenido el Partido Socialista el peor resultado electoral de su historia, el rey, después de que Rajoy hubiera manifestado la misma posición (declinar la invitación), ha propuesto a Pedro Sánchez como candidato a la Presidencia. Desde entonces, a Sánchez le han llovido las presiones por todos los flancos, incluido su Comité Federal. El líder socialista ha iniciado las negociaciones en dos fases: primero, intentando negociar con los otros partidos; en segundo lugar, según lo acordado en su Comité Federal, consultando con su militancia todos los posibles acuerdos políticos. Y en esas está: conjugando, como él mismo ha reconocido, una endiablada aritmética para lograr un pacto que facilite su investidura, convocada para primeros de marzo..

Y a estas alturas de las negociaciones poco se ha avanzado; se mantienen las incertidumbres al no despejarse la incógnita de si se está negociando un Gobierno o una investidura. Como describe Rubén Amón en su artículo del viernes 19, “el escenario político y parlamentario no ha variado en términos aritméticos dos meses después de las elecciones… Porque el liderazgo de Rajoy agoniza. Porque Sánchez ha resucitado. Porque Rivera ha afinado su papel de árbitro. Y porque Iglesias especula en su posición de narrador omnisciente: le conviene cogobernar como le convienen unos comicios anticipados”.

A pesar de la buena voluntad de Sánchez de no prolongar esta situación de “impasse” o callejón sin salida, tampoco puede ceder al chantaje que permanentemente le tiende Podemos con sus propuestas envenenadas. Es cierto que una mayoría de ciudadanos ha apostado por un gobierno de cambio regeneracionista. Pero hay que recordarle a Pablo Iglesias que quien ha sido mandatado para intentar formar gobierno es Pedro Sánchez. Las acrobacias discursivas de Podemos no son suficientes para disimular sus evidentes ansias de poder. “Natura non fit saltus”, afirmaba Aristóteles, pero Pablo Iglesias quiere dar el triple salto mortal; ni su programa ni sus cuadros (por más que presente al que fue Jefe de Estado Mayor de la Defensa, señor Rodríguez y a la ex jueza canaria, señora Rosell como permanentes teloneros de nuevos fichajes) son los adecuados para gestionar la complicada situación en que nos encontramos. En el documento “un país para la gente: Bases políticas para un Gobierno estable y con garantías”, en el que Podemos fija la posición en la negociación con el PSOE y desarrolla las competencias de un Vicepresidente, para el que Iglesias se postula, competencias que difuminan y casi anulan la figura del Presidente, además de definir su prepotencia y soberbia y el deseo incontenido de conseguir el “sorpasso” al PSOE, más que apoyo y colaboración con Pedro Sánchez en la investidura, supone, de hecho, un auténtico bloqueo a la posibilidad de formar un gobierno de coalición entre ambos partidos. Con el documentos o se quiere dar un paso más hacia unas nuevas elecciones al presentar una propuesta imposible o se pretende culpar a Pedro Sánchez de no querer llegar a un acuerdo

Cada vez parece más claro, pues, como muchos vislumbrábamos ya el 21 de diciembre, que estamos avocados a unas nuevas elecciones. Pero el problema está en que, en unas nuevas elecciones, la aritmética de fuerzas no sería muy distinta de la actual… Dedicarse a hacer campaña durante meses y meses, sin perspectivas de cambio sustancial de resultados y con un Gobierno interino, es una ceguera que los políticos responsables no deben permitirse. Como en la película de Garci, “volveríamos a empezar”. Entonces sí que habría que decir con Antonio Machado que “en esta España de charanga y pandereta”, tenemos unos políticos incapaces; y ante su ceguera, cundiría, en palabras del sociólogo Zygmunt Bauman, una epidemia de desafección ciudadana hacia la política y estos nuevos o viejos políticos.

La banalidad dialéctica de los políticos incapaces