viernes 24/9/21

Transposiciones

“transponer.

1. tr. Poner a alguien o algo más allá, en lugar diferente del que ocupaba. U. t. c. prnl.

4. prnl. Dicho de una persona o de una cosa: Ocultarse a la vista de otra, doblando una esquina, un cerro o algo similar. U. t. c. tr.”  DRAE


Va ya casi para dos años que Pablo Iglesias, con ocasión de la celebración en Madrid de las anteriores elecciones municipales y autonómicas (2019), pronunció una sentencia que se hizo célebre, aunque no fuese por todos celebrada: “Iñigo no es Manuela”.

El caso es que tras aquél pronóstico, Carmena, después de haber quedado en primer lugar con el medio millón de votos recibidos en mayo de aquel año, decidió ausentarse del Ayuntamiento que había presidido durante los cuatro anteriores, al no haber obtenido por segunda vez el título de alcaldesa.

Errejón en cambio, con la mitad de esos votos en la capital y otros tantos en el resto de la Comunidad obtuvo 20 escaños para sus siglas en la Asamblea madrileña, y el cuarto puesto en el ‘ranking’ resultante. Y ahí se mantuvo brevemente hasta su ‘transposición’ al Congreso de Diputados, en noviembre, con uno de los 3 escaños que logró su nueva marca nacional (Más País), al obtener ya solo algo más de cien mil votos en Madrid (municipio), es decir la quinta parte de los obtenidos por la ex-alcaldesa medio año antes.

Iglesias pareció haber acertado en su veredicto: ‘Íñigo no era Manuela’.

El principal efecto retardado de la Gran Recesión de 2007 en el plano político fue sin duda la quiebra del bipartidismo constitucionalizado. Lanzados ahora en un nuevo episodio de ese ‘continuum’ electoral en que se ha convertido la política española desde tal fractura, nada parece poder entenderse, ni cabe actuación alguna que no se ejerza o encuentre explicación si no es acudiendo a la ‘transposición, ya sea en la primera de las acepciones arriba señaladas en la cita del diccionario, ya sea bajo la segunda (la 4).

Para describir lo que aparece ante nuestra vista tras habernos convocado de nuevo a las urnas para el 4 de Mayo, y poder así interpretar mejor las predicciones que a diario nos brindan los medios, incluso para ahorrárnoslas, convendría reparar en las siguientes transposiciones:

Pablo no es Salvador, pues el primero no llegará a ser el más votado aunque cierto es que ninguno de los dos alcanzará la presidencia. No obstante Iglesias quizás consiga en Madrid lo que Illa no pudo en Catalunya, frenar una caída de la participación de 25 puntos en tan solo  4 años. ¡Ojalá!.  

Mónica no es Carmena, pues difícilmente la primera logrará pasar en poco más de un mes, desde ser desconocida, a suscitar el entusiasta apoyo popular que llevó a la segunda a ser la Alcaldesa, librando así a la capital del codiciado reinado que a punto estuvo de colmar los deseos de Esperanza Aguirre, aquella antigua concejala encargada en sus orígenes políticos de la limpieza urbana. ¡Lástima! que el entusiasmo que la primera exhibe no sea suficiente, por sí solo, para movilizar a quienes tampoco lo hicieron en la última oportunidad que tuvo la segunda.

Gabilondo no es Sánchez, como ya se vio en la anterior convocatoria, en la que el primero se quedó a 150 mil votos por debajo de los que el segundo obtuvo en la Comunidad madrileña unos meses después, en las generales; o de los que, en el mismo sitio, consiguió ese mismo día Borrell en las europeas. Los mismos 150 mil votos que, para mayor justicia, Íñigo debería haber agradecido  al candidato socialista por habérselos ‘detraído’.

Bal, que hasta hace poco no fue otra cosa que abogado del Estado, no es ni siquiera Arrimadas. Para recoger los restos maltrechos de algún votante naranja- si es que alguno queda-, carece del atractivo o del tirón electoral de un registrador de la propiedad por ejemplo, como M.Rajoy que además de serlo tuvo que echar muchos trienios de muñidor en variopintas tareas de partido antes de llegar a Presidente.

Tony Cantó nunca dejará de ser tonycantó por mucho que se ‘autotrasponga’; y su cercano destino más probable tras su viaje a ninguna parte, como político y como actor, será terminar acompañando de nuevo a Rosa Díez para compartir la mesa camilla que comanda Jimenez Los Santos.     

Ayuso (IDA) y Monasterio en cambio, sí son Monasterio&Ayuso, perfectamente intercambiables, sobre todo si el ventrílocuo que mueve los hilos con una mano mientras con la otra mece la cuna, resulta de hecho ser el mismo, el mismísimo MAR  (Miguel Angel Rodriguez), creador de todos los guiones de la serie sobre nuestra ‘plena’ y castiza derecha madrileña.

Y, finalmente, mal que le pese a MAR con su proyecto ‘nacionalespañolista’ para hacer de la Capital símbolo y personificación del ser de España, Madrid, excepto para el futuro de C’s, tampoco es Catalunya, por mucho afán independentista que tantos se empeñen en atribuir a IDA, equiparándola incluso con Puigdemont. Entre otras cosas porque mientras allá- Catalunya o Waterloo- parece que están en vías de rectificar y abandonar aquel desafortunado eslogan (“España nos roba”), la todavía Presidenta madrileña lo ha puesto aquí en boga de otro modo, implantando un ‘dumping fiscal’ que a la mayor parte de las comunidades atribula, mientras que al resto le sirve de emulación.

De la febril actividad de los partidos en sus incesantes campañas electorales, el “momento lista” es el que consume más energías.

Cuando éste parece por fin superado, ya entrados de lleno en campaña sin que ésta haya sido inaugurada oficialmente, nada indica que vaya a pasar lo que tendría que suceder si es que la izquierda madrileña  no se resigna a asumir una nueva derrota, esta vez de modo aún mas humillante e irreparable. Solo hay un modo de evitar que esto suceda: dar a estas elecciones el alcance nacional[1] que desde el punto de vista político tienen en verdad. Y de momento eso no se está viendo.

De lo que las izquierdas tendrían que hablar es de la extensión de la pobreza y del desamparo en esta Comunidad que tanta riqueza concentra, y de cómo actuar en consecuencia para contrarrestarlos. Si en lugar de ello  siguen apuntadas a encuadrar su discurso en un marco puritano, con su ataques al “turismo de borrachera” y sus derivas un punto xenófobas (los franceses otra vez invadiendo ‘la patria’ como en 1808,…), es de temer que ni a los más optimistas (‘de la voluntad’) nos va a quedar un gramo de esperanza en que el desastre pueda ser todavía evitado. 

[1] Alcance que explica por ejemplo el diferencial en el porcentaje de participación que se produjo en Madrid en el mismo año (2019) entre las elecciones de carácter local (autonómicas y municipales) y las de ámbito estatal (generales y europeas), de nada menos que 10 puntos a favor de estas últimas. Bien es verdad que entonces ni con esa mayor participación se produjo ventaja para las izquierdas, posiblemente porque fueron sobre todo las derechas las que en mayor medida contribuyeron a la elevación del promedio.

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