lunes 01.06.2020

Las trampas de Soledad

El pasado 1 de septiembre la prestigiosa columnista del El País, Soledad Gallego Díaz, publicaba en ese diario una columna titulada “Entrar en la trampa”.

La verdad es que si se hubiera tratado de una columna firmada por uno de los tantos ‘opinadores’ que pueblan medios tales como El Mundo, ABC,  La Razón, El Periódico, el suyo propio u otros tantos homólogos del mundo digital, y que arremeten a diario, pase lo que pase, contra el Govern de Catalunya, no me vería en la tesitura de comentarla, sobre todo porque, a las alturas en las que estamos, probablemente ni siquiera me habría entretenido en ojearla. Pero tratándose de una periodista a la que sigo y respeto no he podido dejar de hacerlo.

Ha de advertirse antes de nada que la discusión sobre las ideas y preferencias políticas de la articulista, particularmente en lo relativo a la denominada “cuestión territorial”, cae por completo fuera del propósito pretendido por las notas que siguen, por interesante que pudiera ser.

La finalidad de éstas es tan solo poner de manifiesto las incontables trampas discursivas en las que tan acreditada periodista incurre en su lapidaria columna, pese a su extremada brevedad;  o quizás debido a ésta.

1.Entrar en la trampa y cerrar la puerta: es lo que el Gobierno de la Generalitat pretende que hagan los catalanes”.

Como comienzo, una falacia que es lugar común en los medios de comunicación más afines al Gobierno del Reino: la colocación en un lado a LOS CATALANES y enfrente, en el otro, a su Govern. El Referéndum se presenta así no ya como un error sino como un capricho delirante de un gobierno que “engaña” a LOS CATALANES. Pero, curiosamente, conforme acreditan de modo indiscutible y reiterado los sondeos de opinión, los que son más propensos, según eso, a dejarse embaucar no son precisamente los menos ilustrados y peor informados, sino justamente lo contrario. Esos mismos sondeos que por otra parte, en Catalunya, revelan un apoyo ciudadano a la gestión de ese Govern que para sí quisiera el del Reino de España.

2. “La misma trampa en la que están cayendo otras muchas sociedades occidentales”.

Un poco más de precisión no vendría mal, máxime cuando se trata de una de las mejores periodistas con las que cuenta este país (minúscula). ¿A cuáles de esas “muchas otras” SOCIEDADES se está refiriendo? Según se desprende de tan temeraria analogía: ¿también esas SOCIEDADES se dejen engañar?; ¿“entran en la trampa” que les tienden sus GOBIERNOS? Ciertamente el panorama de ese mundo occidental que la articulista dibuja en esta ocasión no puede ser más desolador: gobiernos tramposos que engañan a sociedades bisoñas. Ni un antisistema ‘enragée’ se atrevería a tanto.

3. “La trampa del Gobierno de la Generalitat (sic) exige provocar un conflicto de legitimidades”.

En primer lugar aunque la articulista parece admitir que hay o puede haber diferentes legitimidades, lo cual no es poco para empezar, solo atribuye el conflicto entre ambas a una “provocación” del Govern que representa a una de ellas .Tras la más elemental contextualización histórica ¿puede llamarse a eso neutralidad periodística o, más simplemente, rigor analítico?

4. Y en segundo lugar, ¿no sería más acertado y acorde con la realidad , una vez reconocida la existencia de dos distintas legitimidades, admitir que ese Govern lo que hace –mejor o peor – es gestionar el inevitable conflicto que surge de esa dualidad de legitimidades?.

5. “Conflicto provocado aun a riesgo de que se produzca una fuerte división en su propia sociedad”.

¿Ese riesgo no será mucho más antiguo y no vendrá, por ejemplo, de la pertinaz acción del PP al menos desde 2004, al haber obstruido a diario y finalmente dinamitado, cualquier solución negociada al “conflicto”? ¿Ya no recuerda la periodista aquello del boicot a los productos catalanes y las mesas petitorias para llevar el asunto al Constitucional? O más recientemente, ¿las turbulencias en las cloacas del Estado no constituyen riesgo alguno para las divisiones en la sociedad?

Y por último pero no menos importante, junto a esa supuesta división, ¿no habría que dedicarle alguna vez aunque fuese unas palabras o incluso tan solo una mención a la cohesión inducida en tanta gente -antes apática y aislada- que ha conseguido tupir una sociedad civil de envidiable consistencia y que, en los últimos años, sobre todo desde la gran Diada de 2011 para acá, vive con ilusión y esperanzada en un proyecto común para que sus deseos libremente expresados sean tenidos en cuenta?

6. “Es posible que el PP y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, calculen que ese conflicto de legitimidades, claramente a su favor, les termine proporcionando, incluso, réditos electorales”.

¿Lo cree igualmente Soledad Gallego Díaz? Parece ser que sí, a juzgar por el inciso de pretendida objetividad periodística que desliza:claramente a su favor”.

Pero además ¿qué pretende significar, exactamente con esa expresión, “a su favor”? ¿Que una de las dos legitimidades es superior a la otra?, o ¿que el conflicto –según los cálculos que la articulista atribuye al PP y a su jefe de filas, hoy todavía presidente del Gobierno-, a quien más beneficia es a estos últimos?

Y aunque solo fuese por ello, ¿no debería la articulista sospechar que en la “provocación” del tal conflicto, que atribuye en exclusiva al Govern (sic ‘Gobierno de la Generalitat’) algo tendrán que ver estos últimos –PP, Rajoy y su Gobierno-, que cuentan para ello con todo el inmenso poder que detentan?

7. “En muchos países se está enraizando una manera de actuar en política que hace relativamente poco se hubiera considerado anormal desde un punto de vista democrático”.

Como variante de la 2, esta afirmación, no puede ser más imprecisa: países, ¿cuáles?, ¿qué modos de actuación en política? Abandono y pérdida en fin, de un pasado democrático impecable, ¿qué pasado?

8. ¿O es que la articulista por fortuna se refiere a modalidades de actuación política que ella misma ha reiteradamente denunciado en múltiples ocasiones como las legislaciones de excepción, con recurrente endurecimiento del Código Penal, tales como Ley Mordaza, o a prácticas gansteriles como la Operación Cataluña, ampliamente documentada a viva voz, o acaso a la Ley de Amnistía de Montoro respecto a la que el selectivamente diligente TC espera con paciencia a dictar su sentencia anulatoria una vez que han transcurrido 5 años para que tal anulación quede en hipócrita papel mojado porque la defraudación ya habría prescrito tras ese plazo?

9. La ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república elaborada en un intencionado secreto, en Cataluña, por JxS y la CUP”.

Para alguien sumamente estricto en el respeto a las formas -tan propio del método democrático-, como sin duda lo es la columnista, no debiera pasársele por alto el hecho de que los redactores de esa Ley, en cuanto tales, son ante todo los representantes de una mayoría parlamentaria y no simples individuos adscritos a las formaciones políticas a las que alude (un tanto despectivamente, todo hay que decirlo).

En cuanto al ‘secreto’ y a los ‘vertiginosos andamiajes’ (perdón, por un momento creí tener delante un ejemplar del muy añejo ABC), la muy veterana y experimentada periodista ha de tener sin duda memoria suficiente para recordar los ‘sigilos´ que acompañaron la elaboración de la tan santificada CE78. ¿Ningún “dañino precedente” de aplicación de ‘fines que justifican medios’ en la elaboración y aprobación de aquélla? ¿No reside en esa justificación de los medios en aras de fines más excelsos el que entonces se hurtaran a la ciudadanía soberana aspectos tales como los que quedaron petrificados en los dos primeros artículos de esa Constitución, a cambio de trasladar al texto de la misma -en la sección primera de su capítulo 2- el amplio espectro de derechos ya conquistados en precedentes declaraciones universales?

10.“Una obra jurídica necesaria para satisfacer al “pueblo verdadero” (el que vote “sí” en el referéndum)”.

Tanto la expresión (“pueblo verdadero”), como la identificación (solo “el que vote sí”) que en el artículo se atribuye implícitamente a la mayoría parlamentaria que promueve y apoya ese Referéndum que hoy se convocará, son por sí solas elocuentes muestras de una mala fe intelectual que procediendo de una pluma como la de quien lo ha escrito produce necesariamente sonrojo.

11. “Anular esa ley, caso de que se apruebe, sería curiosamente no una suspensión de la autonomía de Cataluña, sino justamente lo contrario: restablecer la legalidad autonómica”.

¿Qué legalidad autonómica? Desde luego no la previamente dinamitada, en 2010, por un obsecuente TC en lo que vino a ser una especie de golpe de Estado diferido, como acertadamente lo ha caracterizado un reputado constitucionalista (Javier Pérez Royo) ¿No se ha percatado aun la articulista, de que tras ese ‘golpe’, como ese mismo experto señala, el ‘bloque de constitucionalidad’ ha sido anulado de facto en Catalunya y de que, al menos en el plano psicosociológico, tal bloque resulta completamente estéril?

12. “El Gobierno de la Generalitat está recorriendo a marchas forzadas el camino de la devaluación de las normas democráticas”.

¿Esa precipitación no será consecuencia o expresión de una pura reacción defensiva frente a los múltiples y variados intentos de impedir por todos los medios que la gente exprese sus deseos mediante un Referéndum, involucrando temerariamente para ello, en las amenazas, a todo tipo de Instituciones del Estado?

¿Ha hecho algo el Gobierno del Reino de España -y quienes en esto sumisamente le acompañan- para que pudiera celebrarse alguna vez un Referéndum con todas las garantías, como los acordados en Escocia y en Quebec?

¿Hay algún indicio de que ese mismo Gobierno o similar o el que pudieran formar sus circunstanciales acompañantes vaya a hacerlo algún día? ¿Harán algo distinto a invocar, para impedirlo, norma tan obsoleta y ‘tramposa’ como la que en 1978 quedó grabada para siempre como artículo 2 en las pétreas tablas constitucionales?

13. “Pero en realidad lo que sucede es que se abandonan normas democráticas que parecían inamovibles y que empiezan a estar más desdibujadas en Cataluña que en cualquier otra parte del Estado”.

¿Tan inamovibles como la propia CE78, particularmente en su artículo 2, que al día de hoy hay una muy amplia mayoría –al menos en Catalunya- que la considera desfasada e inservible?

14. “Muchos catalanes convalidan la idea de que hay que celebrar un referéndum de independencia porque existe un mandato popular, cuando realmente no existe, ni ha existido nunca”.

Constatación afirmativa de inexistencia que es todo un monumento al cinismo político más descarnado. ¿Cómo va a existir ese mandato si el Estado pone todos los medios habidos y por haber para que no se produzca? ¿Cómo va a existir cuando al propio CIS se le prohíbe – o se prohíbe a sí mismo- formularlo aunque solo sea como mera pregunta a sus encuestados?

15 “Por mucho que les digan lo contrario, en las últimas elecciones autonómicas, los partidos que defendían la independencia no obtuvieron una mayoría de votos”.

Tan cierto es eso –que por lo demás nadie que yo sepa ha puesto en duda- como lo es que en esas mismas elecciones los partidarios de la celebración de un Referéndum sumaban y siguen sumando una muy holgada mayoría; y en cambio quienes a ello se oponen –en cualquier caso y por encima de todo- representan en Catalunya una exigua -aunque no por ello menos respetable- minoría, bastante inferior por cierto a la de los partidarios de la independencia.

16 “Los responsables de la Generalitat buscan plantear un problema de legitimidades”.

Como ya se ha señalado al principio -en las notas 3 y 4-, no es que unos “busquen plantear” un conflicto (inventado o previamente inexistente), sino que tal conflicto está ya planteado de forma abierta (o ha vuelto de nuevo a hacerlo) desde principios de este siglo, y de manera muy acusada al menos desde 2011. ¿O es que una articulista tan avezada en el análisis político hasta ahora no lo había percibido?

17. “Ese procedimiento (el de la puesta en marcha de unas nuevas instituciones derivadas de esa ley de transitoriedad) ya se ha utilizado en otras partes del mundo (sin ir más lejos, el presidente Maduro acaba de ponerlo en marcha en la muy mencionada Venezuela) y que casi siempre ha sido suicida”.

¿Cómo entender que persona tan conocedora de la política internacional, a juzgar por la mayor parte de sus artículos, no haya encontrado a mano “en otras partes del mundo” ningún otro ejemplo analógico de mayor cercanía y haya tenido que acudir al que a diario vocean Rafael Hernando y sus muchachos?

18. “El conflicto de legitimidades se crearía no solo con las instituciones españolas, sino, sin duda, dentro de la propia Cataluña”.

Una vez más se insiste en el conflicto de legitimidades como un ‘invento’ de una de las partes del mismo. Pero lo sorprendente es la más que rotunda afirmación (“sin duda”, remacha el artículo) referida al interior de Catalunya, donde no puede caber otra legitimidad que la que proviene de las decisiones adoptadas conforme a la regla de la mayoría, eso sí con los debidos respetos a las minorías, que no por serlo ostentan ningún género de legitimidad distinta a las del conjunto, formado por la mayoría y por la minoría.

19. “Está claro que una parte importante de la ciudadanía no acudirá a votar, no porque no tenga opinión respecto a la eventual independencia, sino porque considera que se trata de un referéndum privatizado y niega, precisamente, su legitimidad”.

Desconozco a partir de qué dato la articulista ha percibido con envidiable ‘claridad’ la importancia numérica -que no se detiene en cuantificar- de quienes no acudirán a votar en esta consulta, en cuya no celebración el Gobierno está poniendo tanto empeño ( ¡y lo que queda por ver!). Quizás una lectura atenta del más reciente sondeo (julio) del CEO podría haber puesto en tela de juicio dicha claridad.

En cualquier caso lo que parece un tanto excesivo es atribuir idéntica motivación a todos y cada uno de los que finalmente no acudan a votar: la de no querer hacerlo en “un Referéndum PRIVATIZADO (¡! ) al que niegan legitimidad”.

20. “La única manera de salvar el conflicto será celebrar, con la máxima urgencia, nuevas elecciones autonómicas”.

¿Quién debería convocarlas o quién las convocaría? Nos quedamos de momento sin saber si para la articulista ello es indiferente.

Lo más descorazonador del consejo con el que Soledad Gallego Díaz pone broche final  a su especiosa columna es que en una tal sugestión el copyright lo tiene ya Albert Rivera.

Las trampas de Soledad