viernes 10.07.2020

La bolsa o la vida

“Vivir es estar permanentemente a punto de morir “
(Juan Luis Arsuaga, paleontólogo. Entrevista en BBC News)


En la actual pandemia ha hecho fortuna la dicotomía -economía o salud- para significar si han de primar las medidas sanitarias (las dirigidas a proteger la salud y la vida en tiempos de pandemia) o por el contrario, las económicas (las dirigidas a preservar la actividad, es decir el trabajo y por tanto las ganancias del capital y su acumulación).

Esa disyuntiva pese al sesgo o falsedad con que se expresa, denota un conflicto real que al igual que sucede con otros tantos (conflictos sociales y por tanto políticos) se intentan eludir, negándolos o camuflándolos.

En el fondo esa disyuntiva no es sino la forma en que se pretende reflejar- encubriéndola- una permanente contradicción, la del Capital y el Trabajo, o sea la que inexorablemente existe entre el primero, que no es sino trabajo ‘muerto’, y el segundo en tanto trabajo ‘vivo. Es decir, la perpetua contraposición entre vida y muerte que el capitalismo (o la religión) convierte en irresoluble o misteriosa.

El confinamiento impuesto tras sentir los primeros efectos de la pandemia, trajo consigo la paralización absoluta -y de golpe- de toda otra actividad que no fuese la dirigida a la reproducción de la fuerza de trabajo, o sea la de todo aquello no considerado esencial (en la jerga burocrática del BOE).

Es decir, el confinamiento supuso, en definitiva, un ‘shock’ del Capital, una especie de lock-out y huelga general simultáneos, de carácter indefinido y sin el bálsamo -o el truco- de los 'servicios mínimos’.

La pandemia -y el consecuente confinamiento- ha puesto así de relieve de modo incontrovertible algo que la ’teoría’ se ha mostrado prácticamente incapaz de hacer fácilmente comprensible más allá de un restringido círculo académico en incesante repliegue: todo el capital, toda la riqueza acumulada (ingentes cantidades de trabajo ‘muerto’, de sudor acumulado (1)) es incapaz de crear ni un solo átomo de nuevo valor cuando no se le incorpora trabajo vivo. En cambio, este por sí solo, sobre todo en su dimensión social o de cooperación, y también en la esfera doméstica del cuidado y la manutención, es capaz al menos de producir lo necesario (valores de uso) para la supervivencia.

La comprensible “unidad”-unanimidad- en los momentos de pánico institucional que llevaron a imponer el confinamiento mediante la declaración del estado de alarma, se ha ido resquebrajando paulatinamente para llegar a una abierta contraposición en la última de las prórrogas decretadas, hasta el extremo de haber estado a punto de comprometer seriamente su necesaria aprobación parlamentaria.

La brecha que inicialmente quiso abrir en solitario la extremísima derecha -VOX- con su siniestra fantasía de convertir el golpe al gobierno en un golpe de Estado al que debería suceder la declaración del estado de excepción -o hasta de sitio si aconsejable fuese-, se ha ido profundizando con el PP como su principal protagonista y moldeador, logrando así incorporar un ingrediente más (la política y la institucional) a la multidimensionalidad (o multiformismo) de la crisis pandémica en su concreción local, hispánica.

La operativa diseñada para implementar la llamada desescalada (la última muestra de la inevitable alternancia de la metáfora deportiva y la bélica en la fabricación del lenguaje del Poder) y su consecutiva competición por colocarse en las ‘Fases’ ideadas, ha colocado el dilema de marras en el centro de la política, en el de sus quehaceres y en el de sus disputas (unos y otras casi indistinguibles).

Un gigantesco manto de hipocresía cubre y sobrevuela el debate (¿?) -o la cháchara- que acompaña los diferentes ‘posicionamientos’ respecto al primado de lo sanitario sobre lo económico o viceversa. Salvar vidas o salvar empresas (empleo, se nos dice). La bolsa o la vida, cabría decir.

La verdadera cuestión sin embargo no está ahí; no lo ha estado nunca (ni siquiera inicialmente al confinarnos); ni lo va a estar en adelante, con rebrotes o sin ellos.

La cuestión -el dilema- consiste en evitar un colapso sanitario -políticamente ingobernable- o eludir un colapso no ya en la economía sino sobre todo en las bases materiales e institucionales del sistema de poder (capitalista) sobre el que ella reposa. El reto de la Política reside ahí: encontrar el sendero por el que puedan sortearse ambos colapsos.

Y en esto una vez más, se hace camino al andar.


(1) Tomo en préstamo esta expresión de mi admirado amigo Eduardo Mangada

La bolsa o la vida