jueves 09.04.2020

Encuesta sin cocineros

“¡Qué época la nuestra! ¡Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio!”

Albert Einstein, físico alemán de origen judío (1879-1955)

“El modo en que la figura y significación de España están presentes en españoles y no españoles depende más de prejuicios que de juicios fundados en hechos y documentos, más de actitudes ingenuas que de una teoría de la vida y de la historia”

“Los españoles: cómo llegaron a serlo”. Américo Castro, intelectual español de origen brasileño (1885-1972)


No pasa un día sin que algún tertuliano de esos que pasean sus ‘saberes-cuñado’ por platós y emisoras, no invoque el mantra de “las encuestas nunca aciertan”.

Por su parte, los líderes políticos, sobre todo cuando su perspectiva más verosímil es el fracaso o la debacle electoral, tienden a responder al entrevistador de turno, cual autómatas, aquello tan socorrido de “yo, respecto a los pronósticos de las encuestas, prefiero quedarme con el veredicto de las urnas”. Se trata con ello de eludir el razonamiento sobre los frecuentes errores o incongruencias de táctica electoral respecto a futuras alianzas u oposiciones de alcance más estratégico.

En su Encuesta preelectoral sobre las elecciones celebradas en Catalunya (Estudio nº 3198 publicado a principios de diciembre con toma de datos entre el 23 y el 27 de noviembre), el CIS en su tabla de estimación de voto adjudicaba a C’s un porcentaje del 22,5% sobre voto válido, concediéndole 31-32 escaños. Al Partido Popular ese instituto de opinión le relegaba en esa misma tabla al 5´8% de los votos, con 7 escaños.

Sin embargo, al examinar los resultados de la Encuesta en su cruce con el recuerdo de voto (tanto de las “plebiscitarias”(...) de 2015 como de las generales de junio de 2016), podían apreciarse varios sesgos en la muestra que, en lo referente al Partido Naranja, eran de particular intensidad, con la correspondiente infraestimación, en ese caso, en los porcentajes de la intención directa de voto.

Mediante la simple operación mecánica de corregir la muestra ajustándola a los resultados reales de los precedentes comicios autonómicos, para así poder transformar con mayor fiabilidad la intención directa de voto en “estimación del mismo”, aquél porcentaje cifrado por el CIS en su tabla en el 22,5 %, quedaba convertido en un 25% para C’s, lo cual en una hipótesis de participación equivalente a la de quienes en la Encuesta ya se habían decantado por dar su voto a alguna de las listas concurrentes (70,5%) equivaldría a 930.841 votos. Por simple proporcionalidad esa cifra para una participación como la realmente verificada el día 21 (82%) quedaría transformada en 1.082.680 votos

Según los resultados provisionales (aunque oficiales) de las elecciones celebradas, los votos obtenidos por C’s han ascendido a 1.102.099 (25,37 %), cifra como se ve muy próxima a la resultante de la Encuesta del CIS.

Hasta aquí pues, lo que tanto ha sorprendido no ha resultado ser sino predecible. Nada más sorprendente por tanto que la muy sobresaliente aproximación de los resultados de la Encuesta con respecto a los realmente verificados.

Haciendo idéntica corrección en la infraestimación de la muestra relativa a PP, la Encuesta del CIS determinaba para ese partido 189.837 votos igualmente en ese hipotético 70,5% de participación. La elevación simplemente proporcional de ese resultado con un 82% de participación real, hubiera arrojado un total de 220.083 votos, cifra algo superior a la efectivamente cosechada: una menguada cantidad de 184.108 votantes que representan tan solo el 4,24% de los votos válidos, frente al 5,1% que representaban quienes en noviembre, en la Encuesta, se decantaron por este mismo partido.

Así pues al agrupar a esas dos fuerzas netamente derechistas y colindantes en el eje izquierda –derecha, la desviación del CIS en su estimación respecto a los resultados efectivos se acorta extraordinariamente: 1.286.207 votos obtenidos para ese conjunto, frente a los 15 mil más que podían deducirse de la Encuesta (1.301.595). Notable aumento en todo caso respecto a los anteriores resultados de 2015 (con 945.544 votos entre los dos partidos, obtenidos con un porcentaje de participación solo algo inferior).

En lo que respecta a los resultados del conjunto de los dos partidos independentistas (ERC y JxCat) que en las elecciones de 2015 concurrieron agrupados en una sola lista (Juntos x Sí), la estimación del CIS a partir de su Encuesta y una vez corregida la muestra, se cifra en 1.413.638 votos siempre sobre esa hipótesis de participación del 70,5%. El ajuste proporcional llevaría esa cifra en este caso hasta 1.644.231 votos algo alejados de los realmente obtenidos (1.870.009 votos), con la antedicha mayor participación (82%)

Por el contrario la CUP –“tercera pata” del independentismo- consigue 70.000 votos menos que lo estimado a partir de la Encuesta, reduciendo su porcentaje desde el 6,9% al 4,45%.

Así pues, la suma total del bloque independentista estimada a partir de la Encuesta en 1.949.844 votos, ascendió finalmente por encima de los 2 millones (2.063.361) al acabar subiendo también la participación hasta el 82% (frente a los 1.928.773 de hace dos años).

Dos millones que por lo demás coinciden casi al milímetro con la cifra de quienes votaron Sí (2.040.038) en aquel Referéndum del 1-O que según Rajoy&Santamaría “nunca existió”. Coincidencia igualmente muy apreciable cuando la comparación se efectúa con los datos desagregados por demarcación o incluso por municipio. Así, en la provincia de Barcelona por ejemplo, los 1.438.682 votos obtenidos ahora por los independentistas han venido a coincidir, para asombro de tantos, con los 1.434.133 papeletas marcadas con el SÍ en el Referéndum inexistente.

En cuanto a los dos partidos restantes, los de la ‘izquierda convencional’ (socialistas del PSC Y Comunes con PD’s), sus pobres resultados han empeorado aún más los malos que ya  se auguraban a partir de las respuestas en la Encuesta. El conjunto de ambos ha reunido tan solo 926.664 votos frente a los 1.083.587 que se desprendían de los datos de aquella. El PSC con sus 602.969 votos de ahora queda por debajo de los que añadidos a los de Unió -a cuyo líder (Espalder) ha incluido en su lista para la ocasión- ambos consiguieron reunir en las anteriores de 2015 con inferior nivel de participación (622.616 votos, de los cuales 102.594 fueron entonces a parar a Unió).

Muy lejos quedan los Comunes con sus 323 mil votos de los más de 800.000 conseguidos en las generales de hace año y medio (26-J), con X.Domenech en primera posición. Sino que incluso el pésimo resultado de 2015 por la precedente coalición CsQPot (319.550 votos) ha empeorado relativamente como consecuencia de la mayor participación de ahora, traducida en una pérdida neta de 3 escaños.

Sin duda el mayor interés de las Encuestas -tanto preelectorales como postelectorales- reside en un tamaño de muestra que permite calibrar con apreciable fiabilidad los flujos de votos entre partidos a partir de la “memoria del voto”.

Tal interés, de por sí ya muy por encima de su “utilidad predictiva”, debería permitir, además, afinar finalmente los resultados obtenidos a partir de la “intención directa” de voto, hasta  llegar a la “estimación” del mismo.

Y es ahí, en esa ‘transformación’, donde interviene necesariamente la famosa “cocina” que más que un término despectivo debería ser apreciada como operación en la que, como sucede en la de los fogones, interviene la “creatividad”, es decir la formulación de hipótesis dentro de los acotados márgenes de movimiento que señalan o determinan los datos obtenidos en la Encuesta.

Pero tales hipótesis son por decirlo así “externas” a dichos datos, no se extraen de ellos sino de las circunstancias en que se habrá de producir la conversión de indecisos y silenciosos  en votantes efectivos. Ese flujo final de votos, sujeto a hipótesis también en cuanto a su magnitud, es el que cerrará finalmente la incertidumbre consustancial a cualquier encuesta o sondeo previo

El comportamiento de ese millón largo de votantes al que los líderes de los partidos en liza se aferraban invariablemente en vísperas del 21-D al ser entrevistados, constituido por quienes aún no habían decidido su voto (850 mil en la Encuesta del CIS) y por quienes no contestaron (NC) a la pregunta sobre intención de voto (más de medio millón adicional), es verdaderamente lo que puede y debe ser objeto de ‘predicción’, (es decir, de ‘cocina’).

Pero sabiendo sin embargo que solo una parte de ese grupo- y no precisamente la más cuantiosa- acabará entregando su voto a alguien en vez trasladar su indecisión a la abstinencia, para sumarse a aquellos pocos que ya en la Encuesta confesaron su firme vocación abstencionista, y que en aquella ascendían a poco más de 95 mil frente al millón (926.461) que a la postre han acabado absteniéndose el pasado día 21. Quiere ello decir que los verdaderos indecisos, es decir los que dejaron de serlo, yendo a las urnas ese día 21, finalmente no llegaron a 600 mil.

El modo de reparto de ese medio millón largo de votos entre las diferentes opciones, con las correspondientes hipótesis al respecto, más rectificaciones de última hora- de mayor o menor entidad pero en todo caso ligeras-, en quienes previamente dijeron tener ya decidido su voto, es lo que explica la proximidad o lejanía de las estimaciones derivadas exclusivamente de la “intención directa” respecto a lo resultante de los votos finalmente depositados en las urnas.

Pero sorprendentemente en esta ocasión no ha resultado indispensable la intervención del “cocinero”: la Encuesta por sí sola contenía los datos que permitían una extraordinaria aproximación a lo finalmente acaecido.

El análisis político -y ya no meramente estadístico- de los resultados de estas elecciones, que es lo realmente interesante, tendrá que ser objeto de un posterior artículo.

Encuesta sin cocineros