lunes 01.06.2020

El embrollo

Lo del embrollo 62-63 catalán puede acabar resultando un juego de niños a lado de lo que pueda ocurrir en el Reino estas Navidades, es decir a partir del 21D.

En anterior artículo (“El Bodrio constitucional”) se puso de manifiesto la perentoria necesidad de colocar en el centro del debate político la falsificación del “principio de igualdad” en el sufragio. Desde las primeras elecciones formalmente democráticas de 1977, sobre esa “desviación calculada” [Pérez Royo] se ha venido produciendo la sistemática desfiguración de la voluntad popular. La misma que inevitablemente se producirá una vez más en las elecciones que tendrán lugar el próximo 20-D.

“Transcurridos tantos años de democracia parlamentaria como de dictadura, el poder representativo está atravesando su crisis más profunda y la España institucional del siglo XX se ha hundido en el desprestigio más absoluto…

La Historia funciona muchas veces así: produce acontecimientos que son imposibles de imaginar por las personas y que no están en las agendas de los políticos, sucesos que inmediatamente adquieren lógica y explicación dentro del proceso histórico”.

LA PERESTROIKA DE FELIPE VI”. Jaime Miquel

Una vez más,- y aún con mayor ímpetu esta vez- el debate inexistente sobre la falsificación del principio de igualdad se sustituye por esa periódica ceremonia de la confusión orquestada por la publicación día sí, día también, de Encuestas y elucubraciones predictivas sin fundamento.

¿Nadie ha reparado -por lo que se ve- que en lugar de acometer costosos sondeos de manifiesta inutilidad predictiva- habida cuenta del diseño y del tamaño de las muestras( ¡1.000 encuestas telefónicas para 52 distritos electorales, con pretensión de “adivinar “la asignación de escaños!)- los datos están disponibles y además gratis?

Pues sí, ahí están como primer y más fiable acercamiento–por su escala 1:1 y por la proximidad de la “toma de datos”-, los resultados de las elecciones locales y autonómicas del pasado mes de mayo, complementados con los de las catalanas del 9N que cubrieron casi un sexto del electorado.

¿No será esa, al día de hoy, la más precisa aproximación a la ‘intención de voto’?

Claro está, tales resultados son únicamente eso, una aproximación, no solo -y sobre todo no tanto- por el distinto comportamiento del electorado ante comicios de tan distinta naturaleza, como principalmente por el previsiblemente distinto grado de participación (o de abstención); y además, por todas las particularidades que rodean la navideña fecha de la convocatoria- por poco coincidente con la lotería- con lo que ello sugiere como mordaz alegoría.

Ateniéndonos pues a esos resultados y únicamente sustituyendo y dando validez en Cataluña a los registrados el 9-N, en vez de hacerlo con  los alcanzados en las municipales el 24-M, el oportuno ejercicio de asignación de escaños a las distintas listas (partidos), provincia a provincia, daría el siguiente resultado:

Ganador al PP (131 escaños), pero a una distancia de 45 de la mayoría absoluta, en un Parlamento que aún con predominio de la derecha (183 escaños frente a 167) haría prácticamente imposible la obtención de una mayoría suficiente para gobernar. Ello claro está, una vez más, con superioridad del número de votos de los partidos de izquierda o si acaso en empate técnico.

Imposibilidad debida sobre todo a la presencia de fuerzas que, por encima de su posición en ese simplista eje ideológico izquierda-derecha, responderían políticamente más a su identidad nacionalista (con una suma entre todos esos partidos próxima a los 50 escaños), contando con que hoy por hoy, resulta inimaginable pacto alguno de dichas fuerzas con la derecha de raigambre ‘nacional’ (PP+C’s+ UPN).

Por otro lado, la a pesar de todo “modesta” aportación de C’s a la gobernabilidad (18 escaños a partir de los datos manejados, incluidos los obtenidos en las autonómicas catalanas), aun suponiendo que en diciembre diese un importante “salto” en muchos lugares, a partir de su indiscutible ‘éxito’ en las catalanas, difícilmente conseguirá aproximarse a los escaños (más allá de los votos) que el PP necesitaría para goberna: 45 escaños de apoyo ‘externo’ además de los propios que ahora tendría.

Y eso sin contar que buena parte de ese potencial crecimiento de C’s no sería sumable sin más, es decir sin al tiempo restar de los 131 aquí estimados para el PP, por cuanto se haría sobre todo a expensas de éste, parte de cuya antigua clientela ha sido y seguramente seguirá siendo el principal contribuyente del nuevo partido naranja de la derecha española.

Todo lo cual, hace que no le salga las cuentas a nadie, menos aún al PSOE con 114 escaños ahora en nuestro ejercicio.

Así pues, salvo una verdadera debacle del PSOE- que no se atisba en el horizonte-, con importante sangría de votos rosas por fuga hacia el naranja, no se muestra visible ninguna otra hipótesis verosímil para conseguir formar ni una mayoría parlamentaria estable, ni tan siquiera un gobierno en precario.

Así que, lo del embrollo 62-63 catalán puede acabar resultando un juego de niños a lado de lo que pueda ocurrir en el Reino estas Navidades, es decir a partir del 21 D.

Claro está, con la particularidad aquí de que, pase lo que pase, ahí quedará varado el Senado, que, gracias al radical “desconocimento” en la formación de éste del principio de igualdad en el sufragio, seguirá siendo inequívocamente PoPular.

O en ‘última ratio’, queda la reedición de la “Gran Coalición” que tanto añoraba apenas hace nada el viejo felipismo (el de F.González et altr.).

Esperar para ver.

El embrollo