lunes 01.06.2020

Cretinismo demoscópico: Secretos y embustes

A tenor de la contestación de los entrevistados por el CIS a principios de septiembre, algo más de 2 millones de catalanes hubieran votado por las lista de Junts pel Sí o de la CUP.

Siset, que no veus l'estaca
on estem tots lligats?
Si no podem desfer-nos-en
mai no podrem caminar!

L’estac. Canción de Lluis Llach.1968


La publicación, en vísperas del inicio de la campaña, de los resultados de la Encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre las elecciones catalanas del 27 S, ha significado la irrupción de un destacado actor en esa batalla electoral. En sendos artículos de los cuales éste es el primero, además de analizar dichos resultados, se examinan las consecuencias que su presentación está teniendo en la creación de estados de opinión.


A tenor de la contestación de los entrevistados por el CIS a principios de este mes de septiembre, algo más de 2 millones de catalanes hubieran votado por las lista de Junts pel Sí o de la CUP, que preconizan explícitamente la independencia de Cataluña.

Representan casi el 54% de quienes expresaron una opción de voto válido. Hasta casi 1 millón y medio sumarían los que dicen no saber aún a quien votar, los que piensan no votar o los que simplemente no contestan. Entre todos estos últimos representan casi el 30% de los entrevistados, porcentaje algo inferior al de quienes se abstuvieron en las anteriores elecciones autonómicas de 2012.

En la provincia de Gerona la proporción de los partidarios de la independencia se eleva al 71,6%. En las demás provincias excepto en la de Barcelona las preferencias hacia esas listas independentistas superan también ampliamente la mitad, quedando en aquella a tan solo cuatro décimas por debajo (49,6%).

Ahora hace casi un año (9N) en esa especie de macroencuesta organizada por la Generalitat a modo de consulta, las papeletas del SÍ-SÍ (por la independencia) alcanzaron una suma algo inferior a los 1,9 millones (equivalentes aproximadamente a 1,6 una vez descontados los que de haberse celebrado un referéndum no hubieran tenido derecho a voto). Por tanto la Encuesta revela una elevación de lo que para muchos era el techo del independentismo

La cifra de asistentes a la Diada de este año, de marcado signo independentista, parece haber superado también la de años precedentes.

Hasta aquí los datos

Reiterando lo que he señalado en más de una ocasión, uno de los secretos más celosamente guardados por los institutos de opinión (CIS incluido, pese a su condición de ente público) es la receta utilizada en la “cocina” que se practica para estimar los futuros votos a partir de diferentes respuestas al cuestionario, principalmente la correspondiente a la pregunta 9 del mismo denominada “respuesta espontánea” o “voto directo en la encuesta”.

Tal y como advierte el CIS al presentar sus estimacioneseste procedimiento conlleva … la aplicación de modelos que relacionan la intención de voto con otras variables. Obviamente, la aplicación a los mismos datos de otros modelos podría dar lugar a estimaciones diferentes“.

Por lo demás el propio CIS en la explicación de la metodología de sus Barómetros advierte: “la estimación de voto no es un indicador comparable al resto de los que se presentan, en la medida en que su método de cálculo nunca se ha hecho público y ha cambiado con los distintos equipos de dirección del CIS”.

El motivo principal para construir un indicador del voto más fiable que el expresado directa y espontáneamente por los entrevistados obedece sobre todo a la necesidad de “predecir” de algún modo el comportamiento de los “indecisos”, que en algunas ocasiones- aunque no siempre- puede distanciarse notablemente del que muestran quienes sí expresan su concreta intención de voto.

Ese sesgo se hace visible en el diferente grado de seguridad de acudir finalmente a las urnas y de tener decidido ya por quién hacerlo que expresan los entrevistados (preguntas 6 y 6A ).Al agrupar su recuerdo de voto de 2012 entre independentistas por un lado y todos lo demás por otro se comprueba que tal seguridad es sensiblemente mayor entre los primeros. Ello vendría a indicar un peso relativo mayor de los segundos dentro del grupo de “indecisos” y por tanto de quienes dentro de estos finalmente opten por votar en vez de seguir absteniéndose.

En cualquier caso el aspecto más determinante para llegar a la estimación más próxima al veredicto de las urnas es la hipótesis sobre el porcentaje final de participación (o de abstención, que a los efectos viene a ser prácticamente lo mismo). Cuál haya sido la hipótesis adoptada por el CIS en su estimación es algo tan secreto y desconocido como el resto de los condimentos de su receta culinaria.

Lo que sí en cambio es perfectamente deducible son los diferentes “coeficientes de paso” que relacionan el “voto directo en la encuesta” con el voto (válido) finalmente estimado por el CIS, a partir del cual éste efectúa además la correspondiente asignación de escaños.

Tal coeficiente que como media presenta un valor de 1,4 (correspondiente a una hipótesis de equiparación entre voto directo y voto estimado) se eleva a 2,4 en quienes optaron por el PP en sus respuestas y se reduce a tan solo 1,2 para quienes lo hicieron por Junts pel Sí (o a 1,1  para la CUP).Así pues, los resultados de la estimación del CIS han de ser contemplados teniendo muy presente el valor de los “coeficiente de paso” de cada una de las opciones en liza.

Es más, al desagregar los resultados por provincias tales diferencias son aún más llamativas. En Gerona por ejemplo donde el valor del coeficiente medio es de 1,3 (menor número de indecisos), el del PP asciende a más del doble (2,7) mientras que en la CUP se sitúa por debajo de 1 (0,65) lo que significa que los “votos” estimados por el CIS son incluso muy inferiores a los ya expresados en las respuestas a su Encuesta. Y ello a pesar de que precisamente es esa formación la que presenta un grado más alto de seguridad en ir a votar : el 99,5% de quienes recuerdan haber votado lo mismo en 2012 ( pregunta 6) ; y que igualmente representa dentro de ellos el porcentaje más alto (85,2%) de quienes ya saben por quién votar ( pregunta 6A).

Pero volvamos de nuevo ahora al asunto de la participación / abstención que como antes se ha indicado resulta ser la clave. No en vano lo que pretendidamente se dirime en la campaña es precisamente la captación del voto entre quienes no teniendo decidido o claro su voto en la fecha de la Encuesta pueden terminar siendo votantes (o por el contrario acabarán  manteniéndose en su indefinición). En cualquier caso tal intención parece que lo es en mucho mayor medida que la de alterar el voto ya decidido o previamente fidelizado.

Y en esto, frente a lo que se ha venido afirmando por doquier, el margen real no parece ser tan amplio. En las anteriores autonómicas de 2012, que registraron el mayor índice de participación de toda la serie de elecciones desde las primeras del 20 de marzo de 1980, el porcentaje de participación (67,8%) fue inferior al que se atribuye en la Encuesta al “voto directo” (el 70,2 % expresado en las respuestas para el conjunto de las opciones válidas a efectos de voto). Ateniéndose a la fiabilidad de la misma, este último podría considerarse con vistas al 27 S el “suelo” de participación (o su contrario el ‘techo‘ de la abstención).

Razonablemente por más que sea grande el interés suscitado en esta ocasión (probablemente menor en todo caso que si de un Referéndum se tratase), el techo de participación difícilmente alcanzará el 80% (el valor más alto de toda la serie de elecciones celebradas desde la restauración de la democracia, correspondiente a las elecciones generales de 1982)

Así pues el margen real de indecisión en una estimación razonable  estaría entre 0 y 10 puntos del censo electoral: es decir hasta medio millón de votos a repartir de una forma u otra entre las diferentes opciones para incrementar el voto que a tenor de las respuestas da la Encuesta podría considerarse ya consolidado ( voto directo).

Un reparto de los votos de los indecisos estrictamente proporcional a los ya consolidados daría como resultado, como ya se indicó al principio, una victoria a las opciones independentistas por el 53,4%, que es lógicamente el mismo porcentaje que resulta al considerar los votos ya consolidados (“voto directo en la encuesta”).

Pero repartiendo ese margen de “indecisos” incluso con los mismos criterios no proporcionales que lo hace el CIS en su estimación de voto, en una hipótesis de participación del 79,2% el porcentaje de votos de las opciones independentistas seguiría siendo superior (50,1%).

Solo a partir de ese nivel de participación hacia arriba, el porcentaje independentista en voto popular empezaría a situarse por debajo de la mitad hasta llegar -en un supuesto de nula abstención (100% participación)- al porcentaje del 44% estimado por el CIS y universalmente manejado en los media como mantra expresivo de la insuficiente representación del voto independentista.

En torno a esa mágica cifra que por lo visto a nadie se le ha ocurrido poner en solfa, los comentaristas han logrado centrar el foco en el carácter plebiscitario o no de estas elecciones y en la supuesta ilegitimidad de una posterior decisión que estaría sustentada en una mayoría parlamentaria (incluso absoluta) en vez de estarlo en el voto popular.

Entre tanto, el debate de lo que está en juego –es decir, la viabilidad real de la independencia- se ha distorsionado así, desplazando la atención hacia una discusión bastante insulsa y de menguado recorrido; sobre todo, si como parece probable a la vista de la Encuesta del CIS, las opciones independentistas consiguen sobrepasar el umbral del 50% de los votos válidos.

Cretinismo demoscópico: Secretos y embustes