lunes 01.06.2020

Cretinismo demoscópico: A modo de epílogo (III)

Los apoyos “externos” a cada una de las posiciones hoy enfrentadas -unionismo e independentismo- comienzan a hacerse por fin visibles como elemento clave para el desenlace del conflicto.

Si jo l'estiro fort per aquí
i tu l'estires fort per allà,
segur que tomba, tomba, tomba,
i ens podrem alliberar

L’estac. Canción de Lluis Llach.1968


Como continuación y final de dos artículos anteriores -“Cretinismo Demoscópico (I) y (II)- en éste último se examinan algunos factores que a partir dl próximo 27 S podrán determinar el curso de los acontecimientos: en Cataluña en primer lugar, pero no solo.

Los apoyos “externos” a cada una de las posiciones hoy enfrentadas -unionismo e independentismo-, ya sea en el campo internacional, ya sea en el resto de España, comienzan a hacerse por fin visibles como elemento clave para el desenlace del conflicto. Hasta ahora la ausencia de avance de los partidarios de la independencia en ese frente resulta ser clamorosa.

Inversamente y no por casualidad, en el bando contrario el antagonista ha intensificado–sobre todo en los últimos días- sus acciones de movilización de apoyos externos, cosechando éxitos de no poca importancia, sobre todo en el ámbito diplomático, en cuanto a declaraciones y pronunciamientos no por escuetos menos explícitos y significativos. Aparte de su evidente propósito electoral, esos apoyos seguramente tendrán ocasión de mostrar otros efectos en adelante.

Más difícil resulta orientarse en los movimientos que puedan ya haberse producido o vayan a teneer lugar en breve en la esfera propiamente comercial, en sus diferentes negocios y espacios, fuera de los escarceos que se han manifestado también aquí con notoria voluntad electoral.

Por el contrario en el tablero exclusivamente español por ahora no se ha conseguido sobrepasar los límites de la estricta publicidad en un enésimo llamamiento a la unidad para acometer una reforma constitucional cuya finalidad , a la vista de sus patrocinadores, no puede ir más allá de una renovación del compromiso para impedir el “derecho a decidir” ( autodeterminación, en términos más precisos ).

En el interior de Cataluña en cambio, perdida resignada e irremediablemente la partida en el ámbito ideológico por parte de las diferentes variantes del unionismo y prescindiendo del importante préstamo o transvase de votos del PP a C’s, más significativo en clave española que no catalana, estas elecciones y su campaña han pasado a concebirse como una inversión para fortalecer posiciones con vistas a las muy próximas elecciones generales.

Ahí las llamadas a la unidad (gobierno de concentración) por parte del líder de un partido ya casi marginal en Cataluña, no es ya que pertenezcan al universo de la ensoñación sino que bordean un patetismo que evoca el del líder de un PCE casi agonizante reiterando análogo llamamiento en las vísperas del gran triunfo del PSOE en 1982.

Expresivos son al respecto no solo el casi seguro descalabro del PSC, pasando de los casi 1,2 millones (38%) de la era Maragall (1999) al de apenas poco más del tercio (400 mil) que probablemente no superará el partido de Iceta; sino también el del PP de Albiol que, en comparación con el de Piqué de 2003 (con más de casi 400 mil votos), puede ver reducido su resultado a poco más de la mitad, situándose posiblemente en la cola de las formaciones que logren tener escaños.

Con ello en estas elecciones, los votos catalanes del conjunto de estos dos partidos dinásticos, genuina representación durante tantos años del bipartidismo de la Segunda Restauración borbónica, ha quedado prácticamente pulverizado al caer desde representar casi la mitad del voto en Cataluña (47,8%), a reunir tras el 27 S menos de la quinta parte de los votos en estas últimas elecciones autonómicas. Ese mismo bipartidismo que hace tan solo 6 años llegó a contar en España con el 80% de los votos,  en las próximas generales llegaría a un resultado en torno al 50%., a tenor del último barómetro del CIS del pasado mes de julio

Y por último y no por ello menos importante no cabe dejar de dedicar una reflexión final a otro de los comparecientes en estas elecciones autonómicas, los agrupados en la lista ‘Catalunya Si que es Pot’ como plataforma de confluencia entre ICV-EIUA, EQUO y la nueva formación PODEMOS que actúa por primera vez en esta plaza.

Lo primero a destacar de ese proyecto unitario, a la vista de lo que de la Encuesta del CIS cabe deducir, es que el esperado efecto sinérgico no va a tener lugar o que incluso la suma en esta ocasión quizás acabe resultando en resta debido a cierta fuga de antiguos votantes de ICV.

Poco más de 100 mil serían aproximadamente los votos que PODEMOS terminaría aportando a los casi 360 mil que la otra formación más antigua del nuevo tándem consiguió alcanzar en 2012. Ahora, el muy posible ‘sorpasso’ del PSC no será suficiente para sustituirle en el segundo puesto de la lista que probablemente conquistará el partido naranja (C’s).

Los resultados de la Encuesta parecen ratificar las que, desde el punto de vista meramente electoral, vienen reiterándose como principales debilidades de la nueva formación : la menor atracción del electorado femenino; la alta concentración del voto en los quintiles más jóvenes junto con la simétrica dificultad en atraer el voto de los de mayor edad; y por último la dificultad de penetración fuera de las grandes ciudades, con la práctica irrelevancia en los territorios rurales, lo que podría llevar incluso a quedarse sin ningún escaño por la circunscripción de Gerona (el bastión del independentismo).

Pero de mayor gravedad que su más que modesta aportación electoral es que lejos de haber perfilado con nitidez su posición y perfil, contrarrestando la relativa ambigüedad o ambivalencia de su socio (ICV-EUIA), la ha profundizado quizás por el temor a tener que apechar con adversas consecuencias en las próximas elecciones generales.

En llamativa discrepancia con su acertada obstinación en desplazar 90º la orientación del eje político de referencia, ahora y allí, donde precisamente es más verificable y oportuno tal desplazamiento, PODEMOS se ha guarecido en la posición tradicional de ese eje, sin otra idea que no sea la simplista equiparación entre los presidentes de allá y de acá, que su líder predica  de modo obsesivo sin querer reparar que, en tanto antagonistas, es preciso identificar cuál de aquellos constituye el adversario principal.

Con todo ello, enmarañado en lo que a Cataluña se refiere en una variante más de esa amalgama denominada ‘tercera vía’, PODEMOS quizás haya perdido la oportunidad de influir decisivamente, pese a su relativamente modesto peso electoral, en una realista reorientación del Procès, a modo de  Cuarta Vía.

Menos mal que aún queda en reserva el discreto y elegante silencio institucional de Ada Colau y del movimiento que con ella se puso en marcha.

Cretinismo demoscópico: A modo de epílogo (III)