martes 30/11/21

Tertulianología

tertuliano

Dicen los que saben de estas cosas que una tertulia es una reunión de personas que se juntan habitualmente para conversar o recrearse.

Habida cuenta de que en tiempos prehistóricos no habría otras cosas que hacer, hay que pensar que las tertulias debieron constituir una de las primeras actividades humanas. Lógicamente, la falta de un vocabulario complejo sería compensado con el uso de signos más elocuentes. Me da también por pensar que si el pertenecer a una tertulia hubiera estado remunerado, ser tertuliano (las tertulianas llegaron mucho después) podría ser, junto con el de cazador y algún otro, el oficio más viejo del mundo.

Ya en tiempos históricos, las tertulias adoptaron distintas formas dependiendo del tema predominante en las mismas. Así, en los concilios se hablaba de religión, en las cortes, de política y en las comidas con cuñados, de todo, como ahora. Cuando los libros adquirieron cierta importancia se hicieron muy famosas las tertulias literarias. Estas se celebraban, fundamentalmente, en tabernas, luego llamadas cafés y discurrían alrededor de una o varias mesas dependiendo del número de tertulianos. Aunque no era muy frecuente, ya empezaron a aparecer las primeras tertulianas.

Cuando las tertulias pasaron de las mesas a las barras de los establecimientos hosteleros descendió la densidad de tertulianos por tertulia pero aumentó el temario de las mismas pasando de lo literario y lo político a asuntos más complejos como el futbol.

En la actualidad, se celebran tertulias de todas las formas, colores y, sobre todo, temas. Tertulias del corazón, y de otras diversas vísceras, tertulias políticas, deportivas, de sanidad, educación, etc, incluso tertulias sobre tertulias. Se dice, posiblemente con algún fundamento, que las tertulias de barra de bar son menos nobles que las que se producen en las cabinas de radio o en los platós de televisión porque, ello, ha llevado a una especialización de los participantes en las mismas. Ya hay tertulianos, y tertulianas, profesionales y  todos somos oyentes, espectadores o comentaristas de múltiples tertulias al cabo del día. El que no tiene el tiempo suficiente para disfrutar de la radio o la televisión, suele ser receptor de algún WhatsApp donde le hagan conocedor de alguna tertulia.

Pero eso exige alguna cosa que habría que hacer. Sabido es que hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, a lo que hay quien añade que es una brutalidad e, incluso, una bestialidad. Y ello hace que todo lo que pasa en el mundo, y más allá, esté sometido al estudio científico dando, cada vez, explicaciones más pormenorizadas de los aspectos más aparentemente insignificantes. Las ciencias sociales están afectadas por el mismo proceso.

Viene esto a cuento de que somos muchas las personas que hablamos, comentamos e, incluso, criticamos a los tertulianos, pero lo hacemos sin un conocimiento específico, y mucho menos reglado, de cómo debería hacerse.

Y, así como hay tertuliamos, cada vez más expertos y titulados en politología, yo abogo por la creación de cátedras de tertulianología para estudiar el trabajo de estos profesionales. Me avala la propuesta el mismo hecho de la observación de cualquier tertulia que se precie. Así como suele ser una práctica habitual el que los participantes en una tertulia se interrumpan unos a otros, es fácil observar cómo, cuando alguno de ellos con título de politólogo (no suele haber más de uno por tertulia) habla, los demás no le interrumpen, en aparente señal de respeto por lo que está diciendo.

En la misma forma, imagino que participando en una conversación sobre tertulianos, si uno de los que hablan puede exhibir un título de tertulianólogo podrá ganarse el respeto para, por lo menos no ser interrumpido mientras habla.

Y que nadie piense que una cosa tan banal como hablar de tertulianos puede no ser clasificado como una rama más del saber. En primer lugar porque hay muchas otras actividades humanas básicas, al alcance de casi todas las personas, como el comer o reproducirse, que han dado lugar a profesiones a veces muy bien pagadas. Y, en segundo, y definitivo, lugar, si hay politólogos, ¿por qué no va a haber tertulianólogos?

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