sábado 04.04.2020

Quiero volver a las trincheras de siempre

Estoy deseando que venzamos al virus y volvamos cuanto antes a los tiempos en los que lo más importante de nuestras vidas era la política. Para volver a las viejas trincheras.

Hay una opinión, expresada por el Presidente del Gobierno español, que dice haber ahora un enemigo común para todos los españoles y, no solo para ellos si no para, posiblemente todos los habitantes de la tierra. Se trata, naturalmente, del llamado Covid-19 o coronavirus.

Yo creo que es verdad y que es una opinión compartida por la mayoría de la gente. Pero, a partir de ahí, conviene hacer una distinción entre lo que unos y otros pensamos de este enemigo.

Para unos, entre los que me encuentro, el Covid-19, ese enemigo común, requiere de todos los esfuerzos y todos los aliados posibles para vencerlo. Por eso, los adversarios cotidianos, políticos, sociales o económicos, deben pasar a ser, al menos coyunturalmente, aliados para que no nos consuman el menor esfuerzo en la lucha principal que, además, pasa a ser lucha común.

Porque, esa lucha es, para la mayoría de nosotros, una lucha de resistencia en la que no podemos hacer otra cosa que evitar ser infectados para, no solo, eliminar la posibilidad de que podamos morir, si no tratar de no infectar a otras personas colaborando con ello a la victoria del virus. Y esa lucha de resistencia requiere mantener la moral alta para soportar las calamidades que, obviamente unos más que otros, viven en estos días. Por ello, hay que colaborar en mantener esa moral alta.

Pero hay muchas otras personas que no comparten esa opinión de amnistiar, temporalmente, a sus adversarios. Y no voy a calificarlo aquí, por intrascendente, si no a señalarlo. Aunque no son los únicos, destacan en estas filas los enemigos de Pedro Sánchez (aunque muchos de ellos se califican solo de adversarios). Según esas personas, el Presidente del Gobierno no solo no ha dejado de ser el enemigo a batir, incluso en estas circunstancias, si no que su supuesta ineficacia, cuando no su maldad intrínseca, le han hecho colaborador necesario para la rápida extensión del virus en España y, posiblemente, en otros países.

En esa labor, agregan, le ha ayudado el Ministro de Sanidad, al que se le tilda de "filósofo" por no haber tomado mucho antes (¿quizás desde noviembre pasado?) las medidas oportunas para convertir España en una isla sin Covid-19 en un mundo infectado por ese virus. Hablamos de España, ese país que acoge cada año a una población foránea mayor que la propia. La ucronía juega a su favor porque, dicen, que nos hubiera ido mucho mejor si en lugar de un gobierno presidido por Sánchez, hubiera uno presidido por Casado, por ejemplo.

Yo me confieso lego en esta materia de la epidemiología y no sé si las medidas que se han tomado, las que se toman y las que se tomarán, son las adecuadas en cada momento o se debieran haber tomado una semana o un mes antes. A lo mejor es verdad aunque, nunca, más que en el terreno de las suposiciones, lo sepamos.

Pero, de lo que estoy seguro es de la conveniencia de que las personas a las que me estoy refiriendo, los pertinaces en el mantenimiento de sus inquinas, lo sigan haciendo. Ya sea para aporrear una cacerola en contra del Gobierno, del Jefe del Estado o de su padre, incluso para aplaudir a los sanitarios o a las fuerzas de seguridad, todo ayuda a resistir. Pasar el día esperando la hora del aplauso, o de la cacerolada, es una terapia como otra cualquiera para pasar este tiempo. Y, mientras tanto a leer los periódicos o seguir las tertulias donde nos regalen los oídos con lo que nos gusta escuchar.

Aunque, yo estoy deseando que venzamos al virus y volvamos cuanto antes a los tiempos en los que lo más importante de nuestras vidas era la política. Para volver a las viejas trincheras.

Quiero volver a las trincheras de siempre