lunes 18/1/21

Pecados originales

No se puede dudar de la legalidad de todos y cada uno de los diputados/as del Congreso ni, por supuesto, de los senadores/as. El hecho de que la Junta Electoral, en su momento, diera por buenos los resultados de las últimas elecciones y ningún tribunal haya tenido que intervenir para ilegalizar a nadie, así lo demuestra.

Ahora bien, la legitimidad moral es otra cosa.

Bildu es un grupo heredero de Herri Batasuna y este, a su vez, de ETA. Y, eso, en opinión de muchos, ilegitima cualquier decisión parlamentaria que pueda apoyarse en los votos de esa formación. En un país de tan larga tradición cristiana, como el nuestro, el pecado original marca y solo puede ser perdonado con el sacramento del bautismo que, a Bildu, no se le reconoce.

Pero es que el PNV fue firmante del Pacto de Estella-Lizarra donde, abrazando los postulados de Herri Batasuna, se contaminó al morder la manzana prohibida de la profundización en la construcción de una Euskadi independiente. Aunque fuera a costa de que ETA dejara de matar, temporalmente, y aunque aquello durara lo que duró. El pecado original deja impronta.

Y, ¿Qué decir de Esquerra Republicana y del JxCAT? Pues que, sin tener en su hoja de servicios nada que ver con episodios sangrientos como los ocurridos en el País Vasco (o las Vascongadas, como prefieran), su interés en ser españoles parece tan entusiasta como el de los gibraltareños. Por ello, su apoyo a un acuerdo del parlamento español va a estar siempre bajo sospecha de, vete a saber, que aviesas intenciones.

Pasando a las formaciones no nacionalistas, nos encontramos primero con los comunistas y populistas de Unidas Podemos. Sus referencias, ya lo sabemos, van desde la Rusia soviética a la Venezuela bolivariana, pasando por la Cuba castrista o el Vietnam de Ho Chi Minh. No haría falta añadir más para hacerse cargo de que una decisión del Congreso, fuera cual fuera, estaría deslegitimada solo por contar con el voto favorable de esta gente.

Pero es que, en el otro lado están los herederos legítimos del famoso testamento de Franco, aquel que nos leyó, con voz trémula y mano temblorosa, Arias Navarro. Me refiero al Partido Popular y Vox, esas dos formaciones que se disputan con nostalgia, bien es verdad que con diferencias ya expresadas, el terreno social donde el franquismo tuvo el soporte más estable para sus cuarenta años de vida. ¿Alguien duda de que es posible ver en ello causa de ilegitimidad para que puedan desenvolverse en una democracia de pata negra?.

Claro que hay que entender a quienes, también, quieran poner en cuestión a los herederos de los inductores del fracasado golpe de estado de 1934 o de quienes no pasaron de la tibieza en su comportamiento durante la dictadura de Primo de Rivera. El PSOE, en ese caso, tendría también un pecado original descalificador cuyos sucesivos bautismos posteriores podrían no haber hecho perdonar.

No quisiera seguir hurgando en la historia para no descubrir pecados originales de algún partido del grupo mixto que dejarían a Ciudadanos, por su corta vida, como la única formación que podría dar lustre y esplendor a las decisiones parlamentarias de nuestras cortes. Pero, en todo caso, deberíamos poner algún nombre a una democracia cuyo funcionamiento estuviera legitimado solo por los votos de un cinco por ciento del Congreso y, algo similar, del Senado.

¿Podríamos hablar de una Democracia Estulta?

Pecados originales